sábado, 1 de diciembre de 2018

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 79 – Diciembre de 2018 – Año IX
ISSN 2250-5385 – Edición trimestral

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si escribe a  zab_he@hotmail.com
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral).

“Flying Fish” (Pez volador)
Mónica Villarreal (2018)
(Acrílico sobre papel, 11" x 14")
Serie “Flying Fishes” (Peces voladores)

Sumario:

• Ángel BALZARINO (Argentina) †
• Jaime B. ROSA (España)
• Carlos PENELAS (Argentina)
• Adriano CORRALES ARIAS (Costa Rica)
• Haidé DAIBAN (Argentina)
• Washington Daniel GOROSITO PÉREZ (Uruguay-México)
• Gabriel AZIZ LOUTAIF (Argentina)
• Diana DECUNTO (Argentina)
• Adán ECHEVERRÍA (México)
• Óscar FERNÁNDEZ GALÍNDEZ (Venezuela)
• Maximiliano REIMONDI (Argentina)
• André ANLUB (Brasil)


ÁNGEL BALZARINO †

Narrador argentino nacido el 4/8/1943 en Villa Trinidad (Santa Fe) y fallecido el 9/6/2018 en Rafaela (Santa Fe), donde residía desde 1956.
Poseía estudios contables e impositivos.
Varios de sus trabajos literarios figuran en antologías editadas en Argentina y en Estados Unidos, México, Reino Unido, entre otros países. Escribió también algunas biografías y reseñas institucionales.
Obtuvo numerosas distinciones, entre otras: premio Mateo Booz (1968), premio Jorge Luis Borges (1976), Premio Anual por el Bienio 1976-77 de la Asociación Santafesina de Escritores, Mención Especial en el género narrativa Premio Alcides Greca (1984) de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe, Fondo Editorial años 1986-1995-1996 de la Municipalidad de Rafaela, Faja de Honor 1996 y 1998 de la Asociación Santafesina de Escritores, Premio Provincial Alcides Greca 2014 del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe.
Fue el primer presidente de ERA - Escritores Rafaelinos Agrupados (fundada en 1971). Sus esfuerzos de veintiocho años al frente de esa institución fueron reconocidos al ser nombrado presidente honorario.
Lamentablemente, no solo perdimos un notable escritor, también perdimos una persona de gran calidad humana.  

Obras:
Colecciones de cuentos y relatos:
• El hombre que tenía miedo (Rafaela, ERA, 1974).
Albertina lo llama, señor Proust (Rafaela, edición de autor, 1979).
La visita del general (Rafaela, ERA, 1981).
Las otras manos (Rafaela, Fondo Editorial Municipal, 1987).
La casa y el exilio (Santa Fe, Sudamérica, 1994).
Hombres y hazañas (Rafaela, Fondo Editorial Municipal, 1995).
Mariel entre nosotros (Buenos Aires, El francotirador, 1998).
Antes del primer grito (Rafaela, edición de autor, 2003).
La sangre para ellos son medallas (La Plata, Ediciones Al Margen, 2011).
L'epopea storica ed i 35 anni dell' Associazione Piemontese / La gesta histórica y los 35 años de la Asociación Piamontesa (en colaboración con Norma Brarda De Bruno; Rafaela, 2011).
Timbre a la hora de almorzar (Santa Fe, Editorial Palabrava, 2013).
Todos amábamos a Virginia Crespi (Santa Fe, Editorial d’laire - Colección Calidoscopio, 2015).
Historias de proezas y derrotas (La Plata, Ediciones Al Margen, 2016).

Novelas:
• Cenizas del roble (Rafaela, ERA, 1985).
• Horizontes en el viento (Rafaela, edición de autor, 1989).
• Territorio de sombras y esplendor (Rafaela, Fondo Editorial Municipal, 1997). • Con las manos atadas (Rafaela, La Opinión, 2004).

Más sobre este autor en:
Suplemento de Realidades y Ficciones:

También en:


EL ORDENANZA
Ángel Balzarino ©

Cuidadosamente abrió el pequeño paquete y dejó caer el polvo blanco dentro de la cafetera. Luego revolvió con una cuchara el café hasta que desaparecieron los puntos blancos; el líquido quedó otra vez de un color oscuro, definido e intenso. Como el de todos los días. No se darán cuenta hasta que sea demasiado tarde. Después, con una rapidez que relegaba el habitual desgano con que realizaba ese trabajo diariamente, desde hacía casi un año, sacó del armario seis tazas y seis platillos y los puso junto a la cafetera, en la bandeja.
Ya está. Todo listo. Creyó disfrutar ya el placer que le brindaría la concreción de su plan. Aparentemente todo estaba como de costumbre, sin embargo, hoy su tarea culminaría de una forma muy distinta a la de tantos otros días. Hoy, por fin, poseía el modo —que consideraba poderoso e infalible— de destruir la exasperante rutina y, sobre todo, de vengarse de esas seis personas que en el curso de muchos meses habían estado hostigándole con sus bromas, sus órdenes imperiosas, sus risas descaradas.
Pero ahora se liberaría definitivamente. Hoy se rebelaría contra el pertinaz asedio de los demás —no solo de esas seis personas junto a las que trabajaba, sino también de todas las que conoció desde su niñez— a causa del defecto físico provocado por una profunda herida en su pierna izquierda al caerse sobre una lata, ese que lo obligó a caminar siempre con una torpe y cómica oscilación. Tenía cinco años cuando ocurrió eso, desde entonces su nombre verdadero fue reemplazado por el del Rengo, apodo que los demás usaron en un tono despectivo, acentuando más aún la certeza de su incapacidad. Y no pudo evitar ser llamado así; primero fueron sus compañeros del colegio, luego los que tuvo en los diversos lugares donde trabajó. Los otros habían encontrado a través de su renguera un medio para bromear y entretenerse, y ello resultaba fácil porque él, como un cobarde o un sonámbulo, siempre lo aceptó todo: la ofensa y el sarcasmo, la burla y el desprecio. Vivió mecánica e insensiblemente, solo invadido por un odio cada vez más profundo, exacerbado hacia quienes lo rodeaban, que lo impulsó a esperar, con una conformidad inaudita, el momento de vengarse. Únicamente eso quiso: vengarse. Y ese deseo lo obsesionó durante días, meses, años... Pero como el tan anhelado instante siempre era postergado por su indecisión o temor o falta de oportunidad, comenzó a creer que eternamente sería un objeto frío e inanimado para satisfacer el capricho de todos.
Ya desde que abandonó el colegio (a los nueve años, cuando murió su padre, la precaria situación económica en que quedaron él y su madre, lo obligó a trabajar), pareció internarse en un laberinto sin salida; en el primer lugar donde trabajó se había repetido lo que sucedió en el colegio; su caminar dificultoso provocó burlas procaces, despiadadas. Entonces, para liberarse, dejó esa ocupación y buscó otra; pero volvió a ocurrir lo mismo, y así, cambiando incesantemente de trabajo —siendo cadete o repartidor de almacén o aprendiz de mecánico— se fue hundiendo cada vez más en una existencia sórdida y miserable.
Y durante años vegetó sin alegría, ni sosiego, ni esperanza, realizando cualquier tarea, considerando a cualquier ser que se le acercaba como un terrible y alevoso enemigo. No me tratarán siempre como a un perro. Haré algo para impedirlo. Pero el momento de plasmar su deseo parecía siempre inalcanzable.
Hasta hoy, porque al fin tenía el valor y la ocasión de la revancha, que descargaría sobre seis personas, brutalmente. Ya no volverán a burlarse de mí. Apartando los recuerdos que lo mantuvieron un rato absorto e inmóvil, observó su reloj: ya hacía cinco minutos que debía haber servido el café.
Lentamente levantó la bandeja. Bueno, hoy será la última vez... Inició la marcha con cierto embarazo. El peso de la bandeja lo obligaba a mantener un equilibrio que nunca tuvo. Esa mañana, más que otras, temió trastabillar —lo que era muy frecuente— y caerse, porque derramando el café quedaría frustrada, o postergada de nuevo, su venganza. Debo tener marcho cuidado. Aquí llevo una bomba.
Mientras caminaba pensó que realmente ningún empleo le había resultado más penoso y desagradable que el de ordenanza en esa empresa; y, como en otras partes, solo obedecía a la actitud de los demás. Allí creyó enfrentarse a los seres más perversos que había conocido, los que hallaron en él —como el juguete nuevo en poder de un chico— la fuente que los proveía de una diversión incesante. Todos los días la conseguían de modo distinto: tirando papeles en el piso que él acababa de limpiar, o haciéndole realizar inútiles diligencias solo para reírse de sus pasos irregulares, o lo que era peor y él más temía, causando su caída con una zancadilla cuando llevaba la bandeja con la cafetera y las tazas.
Quiso también abandonar ese trabajo, como había hecho con otros; pero se negó a continuar su fuga constante, disparatada. Permaneció allí, dispuesto a concluir de una vez con la horrenda situación que sobrellevaba desde la niñez.
E inesperadamente supo cómo obtenerlo.
Fue el día anterior, cuando observó a su madre depositar veneno sobre las flores para resguardarlas de los insectos que había en el jardín. Sí. Por fin sabrán todos de lo que soy capaz. Por eso había sacado un poco del veneno que su madre guardaba en un aparador y esa mañana lo echó en el café.
Lentamente cruzó el corredor que desembocaba en una reducida sala; allí se detuvo, frente a las tres puertas de las oficinas. ¿Cuánto tardarán en morir? Era la primera vez que se formulaba esa pregunta, comprendió en seguida que no le interesaba el tiempo que tardaría en surtir efecto el veneno —minutos, horas o quizá días—, sino más bien que coronase totalmente su propósito.
Por un momento no supo en cuál de las tres oficinas entrar primero; pero, como queriendo seguir la rutina ya establecida, se decidió por la del gerente. Sostuvo la bandeja en una mano, con la otra dio dos golpes en la puerta; y oyendo una voz familiar, la abrió.
Quedó algo desconcertado. Allí no estaba solo el gerente, como todas las mañanas cuando servía el café, sino también los empleados. Todos: los seis. Apenas entró, dejaron de hablar y clavaron los ojos en él, casi con una repentina curiosidad, igual que si lo vieran por primera vez; esa fijeza inusitada hizo vacilar un poco la seguridad que tenía hasta entonces.
No obstante, se esforzó por mantenerse sereno, observando atentamente los seis rostros, casi se asombró de no descubrir en ellos ningún gesto que revelase la habitual mordacidad, pues aparecían serios, graves, como si ocurriera algo muy importante. Pero, ¿qué pasa? Casi presintió el fracaso de su plan, porque el hecho de estar todos allí, reunidos a esa hora, confería un carácter desusado a la monotonía de las otras mañanas.
—Puede servir el café, Aurelio —le dijo el gerente, en un tono suave y amable que no era el de costumbre—. Lo tomaremos aquí.
La voz lo sorprendió. Entonces trató de realizar naturalmente lo poco que faltaba para concluir su obra. Tal vez morirán los seis al mismo tiempo.
Depositó la bandeja sobre el escritorio. Luego, con cierto aturdimiento provocado por el silencio y las miradas de ellos —en ese momento atentas, fijas en él—, tomó la cafetera con mano temblorosa y sirvió el café. No se darán cuenta. Casi rogó que fuese así, pues aún no se sentía absolutamente seguro y temió que algo —su nerviosidad, que sin duda era evidente, o el color del café, un poco más claro que otras veces— develara lo que sucedía.
Pero, en seguida, ellos tomaron las tazas y, a rápidos sorbos, bebieron el café. Mientras lo hacían, él deslizó la mirada por sus rostros, ya tranquilo, con un placer morboso y desconocido. Ya está. Ahora dormirán para siempre. Tuvo el súbito impulso de gritarles su odio, de expresarles abiertamente que había conseguido aplacar un poco la carga de angustia y sufrimiento, porque ellos —solo ellos seis de los tantos seres que desplegaron un tenaz asalto sobre él— acababan de convertirse en los destinatarios de la venganza que había estado gestando y esperando a lo largo de muchos años, y hacerles comprender, finalmente, que por primera vez era más fuerte y poderoso que todos.
Pero no expresó de ninguna manera lo que experimentaba, Solo le pareció que sus labios pretendían esbozar una sonrisa, instintivamente, al imaginar que esos semblantes, ahora serenos y despejados, muy pronto, a causa del veneno, se tornarían lívidos, congestionados, duros, fríos. Como las hormigas. Recordó las diminutas figuras negras e inertes que cubrían el jardín luego de que su madre rociaba las plantas con veneno. Aunque él no podría contemplar esas caras descompuestas por el dolor y la agonía.
Despaciosamente se dio vuelta y caminó unos pasos, pero antes de llegar a la puerta, la voz del gerente lo detuvo:
—No se vaya, Aurelio.
Quedó paralizado, como si un golpe brutal aplastara su cuerpo. ¿Qué pasaba ahora? ¿Acaso había sido descubierto? Un sudor frío lo estremeció, sintió las piernas débiles. Estoy perdido. De pronto creyó que esas seis personas se convertirían en indignados acusadores. Pero cuando su mirada aterrorizada abarcó sus rostros y los vio sonrientes, amistosos, cordiales, todo su miedo se transformó solo en sorpresa, que se acentuó más aún al oír la voz del gerente diciéndole, como en un sueño absurdo e increíble:
—Hoy hace un año que usted trabaja aquí. Por eso, para premiar su eficacia y dedicación, todos nosotros queremos hacerle un obsequio —y tomando un pequeño paquete que había sobre el escritorio, se lo alcanzó—. Sírvase. Esperamos que sea de su agrado.


EVANGELINA
Ángel Balzarino ©

Se detuvo. Jadeante. Tal vez no tanto por el presuroso recorrido de varias cuadras, sino por el hecho de encontrarse allí, frente a la casa de él.
Estremecida por una aguja que perforaba cada poro de su piel, haciendo surgir de inmediato el recuerdo de otro tiempo en que se había debatido entre el horror y la desesperanza, el miedo y la soledad. Como si no hubieran pasado diez años. Como si aún me encontrara allá. Incrédula todavía de haber concluido por fin la espera que no le permitió un segundo de tregua. Voraz. Arrebatadora. Transformada en el objetivo fundamental de su vida, que solo iba a concluir cuando concretara la anhelada venganza. Sí. Ahora. Al deslizar la mirada por el amplio salón, donde las mesas presentaban una abundante gama de comidas y bebidas, despertando una golosa satisfacción en los hombres y mujeres sentados alrededor, ávidos y sonrientes y sumidos en una charla fresca y bulliciosa, lo embargó un sentimiento de paz y felicidad. Especialmente cuando detuvo los ojos en ella. Evangelina. La leve sonrisa parecía otorgarle mayor belleza y atractivo al rostro. Lo más querido. Lo único verdaderamente importante. Por algunos minutos quiso paladear con fruición el privilegio de observarla, de tenerla cerca, de saber que era el pilar donde encontraba siempre la cuota de amor, ternura, comprensión, para sentirse fortalecido, para desechar cualquier duda o dificultad. Por eso la fiesta que había preparado para celebrar sus resplandecientes quince años tenía el carácter de un cálido, profundo agradecimiento. Al apoyarse contra una pared en un intento por recuperar la calma, observó la propiedad: alta e imponente, con puertas y ventanas profusamente iluminadas, bordeada por una verja que le daba un aspecto inexpugnable. Por fin reparó en las figuras que estaban al frente, en actitud alerta y vigilante. Como siempre. Necesita tener cerca un ejército de guardias para sentirse fuerte y seguro. Bruscamente un escalofrío la estremeció al ser asaltada de nuevo por el recuerdo de una noche lejana, en la que el desconcierto, la impotencia pero sobre todo el miedo surgieron incontrolables cuando figuras casi espectrales penetraron en el cuarto donde Mario y ella dormían abrazados. Golpes, gritos desaforados, armas exhibidas con orgullosa ostentación de fuerza, no les dieron margen para moverse o proferir cualquier palabra de protesta mientras eran aferrados con rudeza e introducidos en un coche y por fin arrojados a una celda húmeda y oscura. Después, la separación de Mario, la soledad, el horror, creciendo día tras día al comprobar lo que le ocurría a sus compañeros de encierro y, sobre todo, sufrir en carne propia las presiones, los interrogatorios, las extensas sesiones de tortura. Entonces una sola persona llegó a tener la potestad de hacer y decidir sobre su vida con entera libertad: el coronel Bermúdez. La música irrumpió con cierta violencia, casi como una manera de poner término a la inmovilidad y darle un carácter más vivaz, más divertido a la fiesta. Ella se levantó rápidamente, se unió a los primeros que comenzaron a bailar. Al observarla reír y moverse con soltura, sin ninguna sujeción, comprendió una vez más que a lo largo de los años solo había querido que viviera así, despreocupada, feliz, ajena a cualquier peligro. Como una rosa que debía mantener siempre fresca. Destinada a otorgarle los mejores momentos de recreo. Intensos. Regocijantes. Una vía de reposo o evasión para el trabajo que durante años le había tocado desempeñar. Duro, muchas veces ingrato, plagado de riesgos. Pero siempre lo había gratificado merecer el respeto y estima de los compañeros del ejército, lograr cargos cada vez más destacados, recibir el elogioso reconocimiento de sus superiores. Esta es una misión muy delicada y riesgosa. Usted es la persona adecuada para llevarla a cabo, Bermúdez. Quizá una de las cosas más añoradas era cumplir esas tareas en las que prevalecían la violencia, el pánico, la acechante presencia de la muerte, donde ponía de manifiesto su capacidad, su actitud de mando. Firme. Sin vacilación. Tal vez ha llegado la hora de gozar de un merecido descanso. Y aunque no podía sustraerse de una dosis de cierta amargura y desolación por haber dejado la actividad que durante años desarrolló intensamente, con la certeza de ser la única que le otorgaba sentido a su vida, se vio aliviado por el hecho de tener cerca a Evangelina, de poder disfrutar su compañía en forma exclusiva. Vamos. Llegó tu turno. Sacado de improviso del asiento, mientras crecían las voces de aliento, fue conducido hacia el centro de la sala donde estaba ella esperándolo, sonriente, con los brazos abiertos en clara invitación para bailar. Sobrevivir. La única meta, el excluyente propósito que le concedió el vigor, la calma, el coraje para soportar primero la brusca soledad, lejos de Mario y de las cosas más queridas, después el hacinamiento junto a otros seres tan desesperados como ella, por último, las interminables sesiones de atropello y vejámenes. Sí. Vivir únicamente para cobrarme todo eso. Llegó a resultarle casi increíble su capacidad para soportar el dolor, para no dar ningún nombre, ni domicilio, ni actividad de sus amigos, para mantenerse impasible ante las presiones y amenazas. Te gusta hacerte la valiente. Pero andá sabiendo que todavía nadie ha quebrado la voluntad del coronel Bermúdez. El tono de la voz, entre persuasivo y ferozmente autoritario, la figura corpulenta, las órdenes impartidas con el rigor de un latigazo, fueron caracterizando al hombre sobre el cual concentró todo su rencor, todo anhelo destructivo. No solo durante el tiempo que había pasado en celdas siniestras —sin llegar nunca a definir la cantidad de días, semanas o meses—, sino más aún después, cuando el estado de libertad le pareció tan frágil y casi el producto de un milagro que le costaba admitir, sin proporcionarle ningún síntoma de paz o siquiera consuelo, pues de inmediato se vio lacerada por la realidad de encontrarse sola, destrozada por la pérdida definitiva de Mario, sin saber qué rumbo seguir. Como si me hubieran cortado en cien pedazos y ya nunca volvería a estar completa. Solo permaneció incólume el ansia vindicativa. Recóndita. Cada vez más voraz. A la espera del momento de manifestarse. Abiertamente. Por fin. Ahora. Al observar de improviso que desde la casa, entre gritos y risas, comenzaba a salir la gente. Detenidos junto a la puerta, se dedicaron a despedir a cada uno de los participantes de la fiesta. Sonrientes, intercambiando besos y abrazos, con la promesa de nuevos encuentros. Sí. Una de las fiestas más hermosas. Mientras mantenía fuertemente abrazada a Evangelina, en un intento por expresarle cuánto la quería y representaba para él, acompañaron hasta la vereda a los últimos invitados. Fue entonces cuando sonó el llamado. Coronel Bermúdez. Estalló el grito en su boca reseca, sosteniendo la pistola en la mano derecha, parada en el medio de la calle, a escasos metros de ellos. Donde más pueda dolerle. Donde ya no tenga consuelo mientras viva. Obsedida por un solo pensamiento aceleró la acción. Temerosa de perder esa oportunidad. Arrebatada, apretó el gatillo. Una y otra vez. Incontenible. Guardias. Pronto. El tono tuvo el carácter perentorio con que siempre había impartido las órdenes. Pero muy pronto comprendió que era inútil. Bruscamente todo perdió sentido, ya no le importó la sorpresiva presencia de la mujer en la calle, ni el rápido movimiento de los guardias, ni el fragor de los disparos, sino que, paralizado por el chillido desgarrador de Evangelina, se limitó a observarla, hipnotizado, mientras una mancha oscura le teñía el vestido y se desplomaba sobre la vereda.



JAIME B. ROSA

Nació en Bellreguard (Valencia), España en 1949. Tras licenciarse en filosofía por la Universidad de Valencia, comenzó sus estudios en la Universidad de París-Sorbona (París IV), donde en 1982 se doctoró con una tesis titulada Matérialité et spiritualité dans les personnges du Pére Goriot de Balzac. Previos a esto, obtuvo la licenciatura en filología francesa, con el trabajo Création et destruction dans la vie et l´oeuvre de Rimbaud / Creación y destrucción en la vida y obra de Rimbaud, y una maîtrise con la memoria Méthodes descriptives balzaciennes.
• Poemarios: Nubes digitales, Océano claxon, La estación azul, Yo leopardo /I Leopard, De rizo soplo, Lugar de polen / The passage of polen, Mar textil fragmentado / Sea of fragmentary textile, Pan de musa.
• Novelas: Arlequín en el laberinto / Arlequin dans le labyrinthe, Las cuatro caras de la pirámide negra  / Les quatre faces de la pyramide noire, Hilo de seda / Fil de soie, Maremagnum o de las siete piedras / Maremagnum du les sept pierret, El embalsamador.
• Antologías: Separad-92, poesía contemporánea en lengua maya / Tumben ik´tanil ich maya t´an, Antología de poesía chicana / Anthology of chicano poetry, Los vasos comunicantes: antología de poesía chicana, Separad-2000, Reencuentro en Sefarad-al-andalus-2000 y Lo último de Filipinas, además de un alegato poético trilingüe (español, árabe y hebreo) a favor de la paz en Palestina titulado Reencuentro en Sefarad al-Andalus, y la publicación de las actas del congreso de escritores y académicos sefardíes de lengua castellana y portuguesa (Miami noviembre 1992) bajo el título de 500 años después: Separad, las américas y la nueva cultura israelí, Antología de poesía brasileña, Antología de poesía coreana actual, Antología de poesía española actual, Antología poética del imperio Inka (con Leo Zelada), Homenaje a Abelardo "Lalo" Delgado y Rodolfo "Corky" González, In pákat yétel júntul t'el... / Mirarla con un gallo, Las tribulaciones de Nemod, Manzanas cuadradas de sabor numérico / Savoured numerically squared apples, Nueva poesía española, Palestina nueva poesía, Poesía contemporánea de la República de Turquía (con Mwetin Cengiz), Poetas, testigos de una guerra, Tierra sin mal: Antología de poesía guaraní.

Ha colaborado en revistas de renombre internacional como Voices Israel, International poets academy (Madrás, India), The international Poets Yearbook (Universidad Boulder Colorado), es miembro permanente del Research board of advisors del ABI (American Biographical Institute) y ha sido incluido en el Directory of international writers and artists (Boulder Colorado), así como en el Who´s Who in poetry, Who´s who of intelectuals, Men of achievement, y nominado hombre del año por el International Boigraphical centre (Cambridge, Reyno Unido). También ha sido nombrado embajador de la paz (in the framework of the Universal Ambassador Peace Circle, Geneva).
Ha representado a España, en calidad de delegado en múltiples congresos internacionales.
Más sobre sus obras y trayectoria en el Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 54: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2012/09/



POEMAS CUÁNTICOS
Jaime B. Rosa ©

I

La náusea
Un martillo de cobre
Que golpea la unidad
De los seres evanescentes
La impalpable dimensión
De las formas permeables
A toda latitud
A los cascabeles del rocío

En su enfermizo sedimento
Abrasa al fuego
Fluye con la inclinación
Del peso que impulsa
Al mercurio
Que espesa la nada

Su sombra
Redondea las lágrimas del mundo
Augura otros territorios
De inconmensurables espacios
Orlados
De argumentos contundentes
Que difuminan
La existencia


II

Todos los perros ladran
A la misma flor
Orinan a la luz
Y muerden a las rosas
Que nos perfuman

Conocimos la nieve
Cuando era incongruente
Tener frío

En nuestra conciencia
Serpientes de cera
Rompen los tobillos de Dios

En toda manzana sana
Hay golondrinas podridas
Y cabezas de ciervo
Que miran a los muertos
A medrosas sílfides
A escuetos emblemas cifrados

En cada órgano conciso
Hay una nube de pájaros
De acero rotundo
Un eco
Que muestra
Nuestro ángulo
Más oculto


III

La conciencia
Es lo que la luz nos ofrece:
Una cereza en el abismo
Dudosas intuiciones
Eternas medidas traídas
Directamente del sol

Bajo al nivel de la noche
Y me siento un cristal opaco
Una falsa ventana al mundo
Una obra inacabada
Que delira entre los lirios
En una casa curva
Cuyas columnas
Retan a la gravedad

Me aproximo
A la cámara de los números
Descubro un difuso espacio de novicias
Que acarician sus almas con sus nucas
Rumores vagos
Globos de espuma ingrávida
Cráneos de ola
Y hombres siniestros
Que roban la pasión
A los caballos

La conciencia es luz
Vital cadencia
Grito
Dolor


IV

Fluye el mundo
Por la diagonal
Del tiempo
Por los caminos invisibles
Del agua
Desde la primera aurora
Hasta el último umbral

Al otro lado de la noche
Hay brisas
Que siembran en el mar
Increíbles paradojas
Llenan los huecos
El vasto firmamento
De oscuras perlas muertas

El mundo
Es como nunca
Nadie
Dijo que era:
Infinitesimalmente
Idéntico
Al todo
Inconmensurablemente
Igual
A la nada


V

Las causas
Son palomas de alguien
Congruentes péndulos
Que al oscilar
Golpean la nada
En su absoluto perfil

Entonces
Las gatas negras
Sangran por sus bocas
Las larvas
Se prolongan
Y el mar
Bascula categóricamente
En su plenitud

Nada hay en el fuego
Sino pura inercia y conchas
Que guardan
Una intimidad abstracta
En su hueco
Equiparable a la noche

Algo impugna las sombras
Del otro lado del mundo
El mercurio
Tumba los átomos
Y aplasta a los ángeles
Que olfatean a Dios
En su fuente densa



CARLOS PENELAS

Nació el 9 de julio de 1946 en la ciudad de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, y reside en Buenos Aires, capital de la República Argentina. Estudió en el Profesorado en Letras en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura.
Obtuvo primeros premios y menciones especiales en poesía y en ensayo, así como la Faja de Honor (1986) de la Sociedad Argentina de Escritores —de la que fue en 1984 director de los talleres literarios— y otras distinciones. Fue incluido, por ejemplo, en las antologías Poesía política y combativa argentina (Madrid, España, 1978), Sangre española en las letras argentinas (1983), La cultura armenia y los escritores argentinos (1987), Voces do alén-mar (Galicia, España, 1995), A Roberto Santoro (1996), Literatura argentina. Identidad y globalización (2005).
Publicó a partir de 1970, entre otros, los poemarios La noche inconclusa, Los dones furtivos, El jardín de Acracia, El mirador de Espenuca, Antología ácrata, Valses poéticos, Poemas de Trieste, Homenaje a Vermeer, Elogio a la rosa de Berceo, Calle de la flor alta, Poesía reunida, Cánticos paternales, El huésped y el olvido.
A partir de 1977, en prosa, fueron apareciendo los volúmenes Conversaciones con Luis Franco, Os galegos anarquistas na Argentina (Vigo, Galicia, España, 1996), Diario interior de René Favaloro, Ácratas y crotos, Emilio López Arango, identidad y fervor libertario, De Espenuca a Barracas al Sur, Crónicas del desorden, Retratos, El trasno de Espenuca, La luna en el candil de la memoria.


TANGO *
Carlos Penelas ©
a Ricardo Carpani

Usted sabe, Ricardo, cómo llegué al tabaco.
El desamparo, la luna, la comparsa.
Las hembras y Chaplin y la poesía.
La infancia tuvo el sol en los geranios,
la voz del adoquín, el bandoneón del sur.
Adentro era la esquina, el bar del tío Pedro,
el almacén de Osvaldo, la parra de la abuela.
En esos días, la ternura llevaba de la mano
el sombrero del padre.
Descubría Barracas, Palermo, Avellaneda.
La cancha de los rojos, la leche con vainillas.
En el fondo vivían los canarios,
el silbido de Celso, el vermú de los primos.
Y un álbum que mi hermana hilvanaba de lejos.

En esta biografía se organizaban sueños.
Se discutían líderes,
se amaban a los muertos en silencio.
Escuchaba la lengua campesina,
el almohadón gallego, los calderos herejes.
No existían santos ni templos ni patriotas.
Se blasfemaban tumbas, banderas, monumentos.
Sólo era sagrado el pan, el trabajo, la entrega.
La niñez se encontraba en el barquillo.
La starosta, el tinenti, la gomera.

Yo era un marinero de patios y malvones.
Con Sandokán, el invierno y el puchero.
Esa era la casa, hermanos.
La madre incubaba bordados,
hacía crecer hortensias con su canto,
mientras Carlitos
doblaba las hojas del Estrada pensando en el picado.
Raquel y Coca ilustraban los cuentos de Calleja.
Y Roberto, distante, entonaba zarzuelas.
Con timidez, Fernando.
Y don Manuel se reía del mundo
evocando a Betanzos y a un cura putañero.
Esa era la vida, amigos.
La estufa, la pieza, el querosén.
El pantalón corto que no bajaba nunca a tomar agua.
El dinero que siempre nos faltaba.
Y los libros de una biblioteca con huelgas y proclamas.
El cielo un barrilete azul desde el Billiken.
El barrio se llenaba de sextas, de vecinos, de hijos.
La radio remolcaba la vida
los goles de Angelillo, las locuras del Zorro,
la gracia de Niní. Y la hora del Toddy y Poncho Negro.
En la esquina el almacén gardeliano.
La hija de don Juan, el carbonero.
El morocho del cross, la enagua de la prima.
El carnaval, las luces, las minas de los sueños.
Y los guapos buscaban su laburo en La Prensa.
Recuerdo los bigotes del abuelo Tomás
y un botellón de agua para todo el almuerzo.
El oporto, el huevo, las torrejas.
Recuerdo el picaporte, la siesta,
el Smith & Wetson arriba del ropero.
El almidón, la tabla de la ropa, la valija de cuero.
Y el olor de la infancia que se fue para siempre.

Ahora me llevo al hombro los recuerdos.
Los palotes, el llanto, la rabona.
El zaguán de una niña de ojos claros.
La lluvia, el alcanfor, las revistas de cowboys.
El gol que Rugilo pudo atajarle a Grillo.
Ya no hay otarios ni chuenga ni baldío.
Ni corazón grabado en un árbol del parque.
Ya no están Abertondo ni Palacios ni Pascualito Pérez.
Ya no están más el Luna ni los barcos del puerto.
Se fueron en tranvía, con hamacas y ábacos.
Me llevo al hombro las tardes de Frascara,
los Primero de Mayo en Plaza Miserere.
El cine continuado y el himno de Sarmiento.
Los poemas de De Lellis, de Fernández Moreno, de Tuñón.
La brisca, el truco, los estado de sitio.
Me llevo el terror a Burgos, el descuartizador.
Y el carrusel de don Bernardo con sus tigres.

Hoy tengo sobre la mesa una página en blanco.
"Usted sabe, señor. Déjeme paso."

* Las ilustraciones pertenecen a Ricardo Carpani, del libro Tango de Carlos Penelas (Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1994). Plaqueta. Poesía.



LOS TRASTERRADOS
Carlos Penelas ©
a Pedro Penelas y Tomas Abad, mis abuelos

No preguntaron nada.
Vinieron en los barcos del hambre y la tristeza,
traían calderos, baúles, rezos.
Viajaron desde el bosque sobre el mar de la noche.
Campesinos absortos, insurrectos.
Eran hijos de viejos labradores,
de fraguas y neblinas,
de encinas que engendraron los dioses del destierro.
Cantaban en secreto un idioma de lluvias.
Venían con los ojos desplomados del alba,
con los oleos antiguos de los templos,
con las voces desnudas.
Sin capa, sin espada, sin gloria.
Llevaban la ceniza en pobres escudillas,
el luto por herencia, el olor de los huertos.
Y lunas que bordaron mujeres encorvadas
o señales intactas en perdidas aldeas.
Traían chaquetones, mantillas, linos, panas.
Recordaban las piedras de montes con olivos,
la brisa de los aparecidos,
el hechizo de las llamas en la piedad del lecho.
La cripta, el olor del mirto, la madera.
No preguntaron nada.
Abrían las ventanas, lavaban las cocinas,
renovaban coraje en sus fotografías.
No sabían escribir ni leer ni mentir.
Eran de un linaje misterioso, de un perfil delicado.
Ofrendaban soledad, inocencia, belleza.
No conocían museos ni héroes.
No sabían de libros, de patrias, de banderas.
Protegían sus santos con ajos y albahaca.
Se ocupaban de las cosas comunes:
del trabajo, del pan, de los hijos.
No expresaron fatiga ni dolor. Morían en silencio.
Llevaban en la sangre
el honor, la palabra, la brisca.
Bebían vino tinto. No reclamaron nada.
Caminaban el tiempo de otro tiempo.
Supieron comprobar lo efímero en miradas sagradas.
Fueron los reyes de mi infancia.
Sin mármoles ni bronces ni castillos.
Hoy evoco sus nombres, sus memorias, sus sueños.
No preguntaron nada. No pregunto nada. Camino.


POSICIÓN
Carlos Penelas ©

¿Y si solo te hablara
con palabras,
sin comprender el aire
que nos hiere,
cómo ha de ser el puño,
cómo ha de ser el alba
con tus ojos?
¿Y si solo mis manos
afirmaran tus senos,
qué libertad conquistaríamos,
qué desnudez fabricarán las aves
con nosotros?
¿Y si solo mi vientre
copula con tu tiempo,
qué hijo anhelará el silencio,
qué sur bautizará
la rosa en su secreto?
¿Y si solo mi vida con tu vida
coexisten desde el verso,
qué pasión o qué pan
hemos de defender en esta tierra?
(Tomado de Los dones furtivos, 1980)



  
ADRIANO CORRALES ARIAS

Nació en San Carlos, Costa Rica, en 1958. Narrador, poeta, dramaturgo, ensayista, colabora con varias publicaciones costarricences y de otros países latinoamericanos.
Profesor e investigador, es antólogo-editor de poesía y narrativa costarricense y centroamericana. Ha participado en múltiples congresos, festivales, encuentros académicos y de escritores nacionales e internacionales. Colabora con artículos científicos, de opinión y con textos de creación publicados en el país y en Latinoamérica.
Más sobre su biografía y obras en los siguientes números del Suplemento de Realidades y Ficciones:



TRES POEMAS ERÓTICOS
Adriano Corrales Arias ©

Amanecíamos mordisqueados
con arañazos y breves contusiones
en piernas, nalgas, muslos y brazos

El oleaje convulso de los cuerpos
nos sosteníamos con dientes,
uñas y cabellos en amarres desenfrenados

Mi lengua se entretiene en sus pétalos
con un ritmo de olas y aves
en la anochecida de los muslos
hacia el perfume de los pechos
nos hace rodar por la alfombra

La semilla se abre
en flor fragante y tibia
del rosa hasta el azul...

Mi lengua se entretiene en sus pétalos
con un ritmo de olas y aves
en la anochecida de los muslos

El éxtasis más profundo
es cuando asciende
hacia el perfume de los pechos
que danzan y se enervan
en su propia oscilación

Bajan y suben mis labios
con los suyos
de humedad a humedad

hasta que el alucín
nos hace rodar por la alfombra
fundidos en un sólo haz
(Del libro Diario del amante, Producciones BBB, San José 2013)


HOTEL DE PASO
(Hora de almuerzo)
Adriano Corrales Arias ©

Afuera un altavoz anuncia artefactos
de línea blanca
con trasfondo de reggae y reggaetón

Adentro un adagio para violín
de Johan Sebastian Bach
ordena la penumbra de la habitación

Las cortinas doradas de la ventana
sacuden el humillo de hierba
con una danza tenue de peces y dulzor

En la cama los labios de su vulva
besan con ímpetu mi boca

Su clítoris erecto y en éxtasis
salta y regresa enredándose
y enredándose con mi lengua


5. (Kabanga)
Adriano Corrales Arias ©
A Jeannete Amit, Alejandro Cordero,
Mauricio Molina y Alfredo Trejos

Un bar sobrevive del Gran Hotel en el centro de las ruinas de Managua: fotografías de músicos, caricaturas de mujeres, artistas, la antigua ciudad, los edificios de entonces, avenidas deslizadas por autos de los 60: afiches sepia invisibilizando los crímenes de la satrapía.
Y el grupo de poetas alborotando la tarde con las cervezas, o el baile del guiñol alrededor del tiempo perdido en medallas, cenizas de neón, azogue de vitrinas.
Brindan por el zarpazo telúrico, las serpentinas bajo las luces, el relente de la cámara, como si el lago detuviera su fauna de revolución pirateada en la lujuria, el asco de los neocomandantes, su graznido.
Esas imágenes son el pasto del poema. La superficie subterránea por donde fluye la trama de sus espectros. La fusilería de sombras balinesas. Ratas calientes de la madrugada. Corriente alterna del sueño y de la hierba en noches de vela apagándose al borde de la memoria con las estatuillas del primer intento en un parque, una calle, una habitación clausurada por la tinta de los años donde corren perros famélicos y desdentados tras sus aullidos, eco de jaguares relampagueantes en la aurora.



HAIDÉ DAIBAN

Reside en Buenos Aires, Argentina. Farmacéutica, ex docente de la Facultad de Farmacia, UBA. Alumna de la escritora Syria Poletti con la que editó Cuentos desde el taller. Con Lucila Févola fue cofundadora de la revista literaria “Tamaño Oficio”, con la que colabora desde hace veinticinco años.
Más sobre la trayectoria y obras de esta escritora en Suplemento de Realidades y Ficciones:


               
APOLOGÍA DEL LUNFARDO
Haidé Daiban ©

Por mucho que piantó de una viola,
aterrizó en los broli en su chamuyo,
el Lunfa sigue siendo hijo nuestro,
dice lo que siente, sin barullo.

No es chiqué en temas de amores,
ni se amarra con el léxico diquero,
y te canta a la gurda cosas grosas
con espiche que te toca hasta el balero.

En su guiye de amor por las verdades,
a más de uno deja anonadado.
El paso de potiem no lo apronta,
no afloja con el vesre, es bien macho.

Por en su decir de calles y arrabales,
más de un gil cree que es jerigonza,
Cualquier gringo siente las señales
de parolas que mueven su añoranza.


BUENOS AIRES SE VISTE…
Haidé Daiban ©

Buenos Aires se viste de madama bonita
Y se calza los tacos porque tiene una cita,
Ya Corrientes con luces, centellea sus piedras,
Ilumina las noches, esas noches de juerga.

Buenos Aires se abre en esquinas doradas
Y así luce sus pilchas en un día de gala,
Sorprendidos amigos de la noche, la miran
Con flechazos de amante, entre corte y quebrada.

Con su pinta conquista, suspendida en un tango,
Aventura diaria de cantarle a su gente,
A sus calles, sus barrios, con su voz trasnochada,
De su historia mundana de inmigrantes hermanos.

Semillero de taitas y de minas diqueras,
Con su viento aromado de glicina y jazmín,
Suspendida su estrella que titila en las fuentes
Y ese extraño paisaje de damero sin fin.

Un puñal fluorescente y guitarras al viento
Recordando al Morocho, con memoria de ayer,
Y el baldío que espera, soledad de arrabales,
Mientras luce su City, sus ojeras carmín.

Buenos Aires insomne con café y con vino,
Payadora de amores con su nuevo decir,
Ya preñada de tango, sembrará en las plazas
Sus mensajes sublimes con siluetas de ocho,
En las noches de abril.


CARNAVALES EN BOEDO
Haidé Daiban ©

El largo zaguán,
el mármol blanco y
nuestros pequeños pies
ocultando su belleza,
estáticos, en puntillas.
Pasa el corso, pasa otro año
en carros de flores y luces,
con su alegría del momento,
extraño, onírico momento.
Las máscaras asustan,
las serpentinas se enroscan
en nuestros cuerpos
paralizados de éxtasis.
Sobre el adoquín desfila
el barrio, la vida.
Pasa y no vuelve,
se lleva la música,
la luz, el color
nuestras tiernas risas,
las últimas
máscaras…


AQUÍ NACÍ Y AQUÍ SERÉ
(de Todo tango, 1997)
Haidé Daiban ©

Una y otra vez salgo perdiendo,
ya no llevo ni la cuenta
de las veces del fracaso.
Este es mi país con sus declives
y ese aire, Buenos Aires
que te agobia paso a paso.

Sufro con porteños de mi laya
amainando la corriente
del vaivén que nos embarga.
Trago simplemente ese cuento
que es el Tango que te achucha
sin quererlo, toda el alma.

País, no más lejos de vos,
siento que tengo un metejón,
las paradojas del amor
entre querer y no querer,
es mi dolor.

Nací aquí, y aquí seré.
Aunque el camino de adoquín
sea muy duro, lucharé.
Contra tu cara siempre gris.
¡Ay, mi país!


CÚPULAS DE BUENOS AIRES
Haidé Daiban ©

Ven,
ven a nuestra cúpula,
desde allí Buenos Aires
será más nuestra
tocaremos casi
sus altares con verdín,
sus gibas negras.

Desde allí veremos
los hombres —insectos
pululando por sus calles rectas.
y el paisaje reverberará,
soleado y mágico.

Este monstruo,
como cíclope escamado,
es el otero de nuestro pobres sueños.
Y en los días de lluviosa bendición,
un vientre materno,
cálido refugio para
la contemplación y el amor.

Desde la cúpula (invisible para los mundanos ojos),
Viviremos como dioses
que contemplan su obra.

Ven,
sube a nuestra cúpula
aguijoneada de vientos.
Incendiaremos con fuego
el cielo de Buenos Aires.


  
WASHINGTON DANIEL GOROSITO PÉREZ

(Montevideo, Uruguay, 24/6/1961) Radicado en Irapuato, México desde 1991. En 1999 obtuvo la ciudadanía mexicana por naturalización. Catedrático universitario, periodista, conferencista, poeta, ensayista e investigador.
Ha obtenido premios de periodismo, ensayo, cuento y poesía en Uruguay, México, Brasil, Argentina, España, Estados Unidos, Alemania y Francia. Ha integrado dieciocho antologías literarias en Uruguay, México, Argentina, España, Italia y Estados Unidos.
Ha publicado en Brasil, Ecuador, Suiza, Italia, Holanda, México, Argentina, Uruguay, Colombia, Estados Unidos, Chile, Cuba, España, Rusia, Israel y Paraguay. Poesía, haikus, poemínimos y microcuentos.
Más de sus obras y trayectoria literaria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 74:



ODISEA
Washington Daniel Gorosito Pérez ©

El bosque vuelve apocalíptico
el silencio.

Los oyameles están ansiosos
por la espera.

Todo es equilibrio natural,
se apacigua el viento
y conversa con las nubes.

Las Monarcas
mariposas resplandecientes
fluyen del norte al sur.

Inquieta sombra,
mosaicos de vida,
pétalos deshojados caen del cielo.

Naufragas naranja y oro,
embriagadas de sol,
buscando su Ítaca.

Las mariposas Monarca, migran de Canadá a los bosques del centro de México, la mayoría al Estado de Michoacán a pasar el invierno.


PLACERES
Washington Daniel Gorosito Pérez ©

El viento trae melodías lejanas,
abrasa suavemente las espigas
produciendo leves movimientos
desgarbados.

El sol,
se va tornando anaranjado,
lentamente…

Disfruto ese placer arcaico
que me regala la naturaleza
infundiéndome,
paz y sosiego.

Mientras
los pájaros migrantes
humillan el silencio.

Muy cerca de mí
un jazmín
anuncia el comienzo de su reinado
y se dispone
a desplegar lentamente
su velamen
entre los escombros de la tarde.


VERSOS VERSUS TSUNAMIS
Washington Daniel Gorosito Pérez ©

La poesía,
no está hecha
solo de palabras,
tiene lágrimas de mar
muy saladas.
Hay amargos silencios
que rondan la desgastada,
escalera del olvido.
Se integran luces portuarias
y sus múltiples matices.
Hay mástiles,
proas y popas,
y se sueltan amarras
desde el añejo muelle.
El viento amigo
hincha velas a reventar
que buscan el núcleo
de la tormenta,
naufragantes versos.
Se irán al sacrificio
y calmarán el dolor
de los océanos
que ya no darán
coletazos de furia.



GABRIEL AZIZ LOUTAIF

Nació el 22 de diciembre de 1961 en Córdoba, Argentina, ciudad donde reside. Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional Deán Gregorio Funes. Desde su infancia era ostensible su creatividad. Estudió arte dramático con Miguel Iriarte en La Escuela de los Siete. Desde ese lugar, desde el desconcierto y las turbulencias del azar, descubrió enfáticamente su vocación por la escritura. Concurrió a diversos talleres literarios como, por ejemplo, la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Se sintió avasallado por Machado, Lorca, Marechal, Arlt, Borges, Sabato, Neruda, García Márquez, Stevenson, James, Dostoievski, Tolstói; hasta que descubrió los existencialistas como Nietzsche, Heidegger, Sartre y Camus. Su primer libro es de poemas, Regresando Imágenes, publicado en 1986. Posteriormente escribió una obra que consideró débil, poco significante, por lo cual no fue publicada.
Años más tarde finalizó una novela de amor titulada ¿Alguien vio partir a Elías Massud?, publicada en 2006, la que sin lugar a dudas le remite a ciertas reminiscencias autobiográficas, tales como sus orígenes ancestrales libaneses, el desarraigo, el choque témporo-espacial por la diversidad entre ambas culturas y, la conflictiva adaptación a otra lengua y otras costumbres. En efecto, ha narrado la historia de una familia libanesa que después de experimentar un episodio trágico con el progenitor, decide emigrar a la Argentina y radicarse en una ciudad serrana como la de Alta Gracia a principios de la década infame. Esta novela nos propone un viaje a la época en que un hombre y una mujer solo podían enamorarse si se miraban directo a los ojos, sin que mediase, como hoy, lo virtual; y cuando trabajar era motivo de orgullo además de una necesidad.
Como expresa Gabriel Loutaif, “he conjeturado los rigurosos paralelismos ancestrales que si bien, transfieren sustancialmente del autor hacia el personaje central relevantes confidencias personales, no lo son del todo autobiográficas. En 2010 ganó el primer premio de cuentos, El Meridiano de la Palabra, en Paraná, Entre Ríos; otorgado por la SADE con su obra titulada, Su Pasión por Renoir. En el mismo año participa en la elaboración, compilación y publicación del libro Nosotros (antología poética) en la ciudad de Buenos Aires. Siempre en su línea férrea como autodidacta incursionó con especial interés en el psicoanálisis, la neurosis, el inconsciente, la histeria y la tragedia edípica, como una de sus obsesiones centrales, lo que influyó indiscutidamente sobre la dialéctica de su segunda novela, El Hombre Postergado (2012). De tinte psicológico, donde subyacen traumas categóricamente inherentes al hombre existencial y sus crisis, revela verdaderos fantasmas. El autor reconoce que el hombre se enfrenta a un gran problema ontológico. En efecto, se avizora una dualidad entre la pasión del querer ser y la exigencia que le impone violentamente la educación, el mandato sociocultural. El deber ser estalla en una crisis cuando el sujeto inusitadamente un día despierta y se pregunta: ¿Por qué existo? ¿Acaso esta existencia me subordina y condiciona a ser el hombre que nunca quise ser? ¿Quién soy si no puedo ser el hombre que siempre soñé ser? ¿Debo alienarme neuróticamente a esta abrumadora existencia? Entonces comprende concienzudamente que la vida, a pesar de las reiteradas visitas a la locura, es un largo y endeble aprendizaje.
Actualmente está escribiendo un libro de cuentos.


POEMA
Gabriel Aziz Loutaif ©

Si te parece
Dejame sostener tu mano
Quién sabe de nuestro destino
¿Acaso todo estará escrito?
Caminemos un rato, solo faltan unas cuadras para llegar a tu morada
Pues aún el crepúsculo no se ha escondido
El amor pudo ser un experimento laberíntico
Un retaso exacerbado del minucioso tiempo
El fragor de tu mirada loca, loca, loca
Tu sonrisa perfumando las esquinas
Encantando los rosales
Capitulando cada instante de tu hermoso andar
Pero qué lástima, ¿no te diste cuenta?
Faltan unos metros hasta la puerta de tu casa
Voy mirando las baldosas partidas
Te confieso que me cuesta resignarme a esta incertidumbre
Bueno, ¿sabés qué me pasa?
El amor es eso que siento solo cuando estoy con vos


POEMA
Gabriel Aziz Loutaif ©

Ah, mujer
diáfana en tu inextricable libertad,
qué extraños colores pasan por mi mente cuando pienso en vos
es que en mi sentir,
mi sentir a la espera de verte,
no me estremece tu ausencia,
si no un instante fugas,
aunque eterno, me envuelve en tu magia
y me transporta hasta tu vertiginoso mundo,
hasta tu presencia etérica
donde el sol ya se escondió,
pero las inexorables estrellas dijeron que te iluminarán,
entonces mi alma recorrerá mares,
continentes, guerras, cataclismos,
sangre con olor a muerte,
locura y resignación,
y en el paroxismo del viaje,
mi beso se confundirá en el viento sublime de tu hermosa soledad.



LA ESPERA
Gabriel Aziz Loutaif ©
Tributo a Federico García Lorca
Poeta asesinado por el franquismo
el 16 de agosto de 1936.

Se abrieron las rejas de súbito,
le quitaron los grilletes,
pues la muerte venía a buscarlo,
desde lo más profundo del absurdo,
bribones autoritarios,
entre estrépitos de gloria,
de euforia incontrolada,
y de ahínco indebido,
la muerte vino a buscarlo.

Corolas de fuego azul, iluminaron el camino ominoso,
como molinos de viento ciego avasallando el destino.
Es que acaso, Don Federico,
¿No vio del alcázar alzarse un pájaro negro cruzar el horizonte?
¿No vio la hojarasca dando señales funestas?
¿No vio que la muerte venia a buscarlo?

Pero usted, Don Federico,
que solo pecó con su pluma,
los versos más sublimes,
de su lengua Cervantina,
inspirado en bellas palabras,
las odas más hermosas,
que acariciaron las almas,
en el fragor de la infancia lejana,
del amor a la tragedia,
como nubes de algodón,
presumiendo a las acacias, azucenas,
a los jazmines, los rosales.
Y  el beso inmortal que vibró en el infinito
se confundió con los misteriosos besos de los  enamorados.

Quizá en un futuro lejano,
usted pensó en una muerte serena.
Pero esta vez la muerte vino a buscarlo,
con la bravura disfrazada de inusitado respeto.
Aletargando la sórdida espera,
la muerte, Don Federico,
la muerte vino a buscarlo.

No importa Don Federico, no importa.
La muerte vino a buscarlo, pero no importa, poeta andaluz,
usted quizá cumplió su propósito.
Y eso es lo que vale decir, Señor.
Su dignidad seguirá inmaculada.

¿Pero en qué pensabais, Don Federico?
La vida nunca fue justa.
¡Quién diría!, ¡Pero quién diría!
Que la vida nunca, nunca fue justa.

Entre árboles añejos, pedregales, pastizales,
las piernas temblorosas, sopesaban la dignidad de poeta andaluz,
de mirada profunda y perdida atravesaba el camino,
apuntado por el fusil asesino,
que entre risotadas de puercos bestiales,
abríeronse las puertas del infierno,
que usted nunca quiso, pero siempre intuyó.
Y así fue, Don Federico, la muerte vino a buscarlo.

Tras el terrible fogonazo,
el fusil todavía humeante,
las risotadas no cesaron,
pero qué joder, Don Federico,
verlo tendido y sombrío,
tembloroso y herido.
¿Ahora qué más decir, Don Federico?
La muerte vino a buscarlo.

De lejos alguien gritó: ¡han matado a Lorca!
¡Pero que han matado a Lorca, dije!
¿O no se entiende que ha muerto el poeta granadino?
El grito fue poco a poco,
crispando los ánimos reprimidos,
como chispazos desacertados,
de una bulla intransigente,
que se perdió en el cielo de España todo sembrado de estrellas,
pero que en los ayeres y en el ahora llora porque la muerte vino a buscarlo.

¡Oh, poeta andaluz!
Dejad la pluma.
Vete a torear a otras plazas. 
Busca tu camino. Nunca seréis olvidado.
España te llora, es cierto.
Ahora, vete Don Federico, vete en paz.
Vuela con tu vuelo solemne.
Busca tu camino.



DIANA DECUNTO

Argentina (nacida en Uruguay) y residente en la ciudad de Buenos Aires. Licenciada en sistema por la Universidad Católica de Salta, especializada en sistemas bancarios.
Colabora con diversas páginas literarias en la web. Ha realizado cursos de arte, incluyendo teatro. Conduce programas radiales en los que se difunden  actividades culturales: literatura, cine, teatro, etc.
Tiene publicada una obra teatral en colaboración con Héctor y Alicia Zabala: Diván en crisis (eBook Argentino, ISBN 978-987-648-150-2). Ver: https://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss?url=search-alias%3Ddigital-text&field-keywords=h%C3%A9ctor+zabala
Posee además varias obras literarias propias sin editar.
Actualmente columnista del programa de radio “La Feria Fantasma” en radio Lexia: https://www.facebook.com/LaFeriaFantasma/
2018 (enero): Recitado poesías, invitada por  Bleh Nights, en Dr. Malatesta. https://www.youtube.com/watch?v=gD6z1YMt5nU
2017-2018: Colaboradora del blog La Butaca web, con comentarios de cine y teatro. https://labutacaweb.com/
2017: Conductora del programa de radio “Consignas de radio” en radio Lexia https://www.facebook.com/por.AmoralArteenRadio/
2016-2017: Coconductora del programa de radio “La Feria Fantasma” en radio Lexia https://www.facebook.com/LaFeriaFantasma/
2016 – Columnista junto a Alicia Zabala del programa de radio Literatura y Plus en FM Tribunales https://www.facebook.com/LiteraturayPlus/
Entrevistas culturales:
Publicación en Internet http://www.textale.com/anahidec/

Más sobre sus obras y trayectoria literaria en los números siguientes del Suplemento de Realidades y Ficciones:



RELOJ ANTIGUO
Diana Decunto ©

Ariel se detiene frente al lote Nº 10 del amplio galpón de subasta. Está nervioso, raro en él. Un tipo de unos cuarenta años, bonachón, seguro de sí mismo. Con un pañuelo seca la transpiración. El calor empaña las lentes.
Ariel está serio, mira frecuentemente la hora, en su reloj muñeca o en el celular. Quienes lo conocen creen entender su malestar. Quedan diez minutos para abrirse el telón y dar paso al rematador Ariel Díaz. Quien con un diminuto martillo y mediante una histriónica actuación debe subastar el lote de antigüedades perteneciente a la familia patricia: Ávila.
A sala llena, el público espera ansioso que puntualmente a las diez y media de la mañana se abra la subasta.
Ariel comenzará ofreciendo unas tazas de té, de dudosa procedencia china. El sello de confianza para asegurarse una venta rápida y al mejor postor será cuando Ariel comente que dichas tazas pertenecen a la dinastía Ming.
Ahora quedan cinco minutos. En el galpón de antigüedades, sus pies están clavados al piso. Frente a él, un reloj antiguo.
Ariel intentó convencer a la familia, que desistieran de poner a la venta ese reloj que no estaba a la altura de los requisitos mínimos de calidad, exigidos por la casa de subasta. Las agujas del reloj paralizadas en las ocho y veinte. El lustre de la madera brillaba por su ausencia. Se notaba la pesada carga de haber dado puntualmente la hora por muchos años. La experiencia le decía a Ariel que la suerte en la venta de un reloj antiguo depende si, cuando en el mismo momento que se hace la subasta, tiene a bien salir de su morada el pajarito. Y hasta daría pingües ganancias, si dice cucú. Vender es atacar las debilidades del comprador. Un aburrido público, habituado a ver horas digitales, con puntos y rayas, es inevitable que se maraville y pague por un pájaro, que voluntariamente, cada hora, está dispuesto a decir cucú.
Ariel es un empleado bancario, agobiado por la rutina. Siente aversión por los relojes y sus manecillas que giran sin parar porque son las culpables de haberle robado sus sueños. Se le hace un nudo en la garganta cuando se recuerda de joven, queriéndose llevar el mundo por delante. A veces se enrosca con el tema y termina importándole un bledo, porque siente que la vida lo ha sabido recompensar, está muy feliz y orgulloso de la familia que ha logrado construir.
Hace cinco años que se recibió de rematador público, gracias al apoyo de su esposa Verónica. En esa época, sufría de insomnio. Horas sin pegar un ojo, pensando cómo podría reencontrarse con la pasión, harto de tanta mediocridad. Su esposa lo convenció que volviera a estudiar. Compartieron juntos la carrera de rematador público. Muchas madrugadas, los sorprendió, después de largas horas de estudio.
Para Ariel, volver al aula tuvo el mismo placer que se siente al beber agua fresca cuando se tiene mucha sed. Recuerda la emoción cuando fue el acto de entrega de diplomas y los nervios que pasó. Casi no llega a la ceremonia porque cerca de la facultad, había un corte de calles que le impedía llegar.
Se escucha un grito que proviene del salón. ¡Vamos son las diez y media! Ariel no sabe que la historia terminará dentro de media hora cuando venda un viejo reloj a un solitario postor por un ínfimo precio.
Nunca sabremos si el comprador conoce la historia de ese reloj que dejó de dar la hora a las ocho y veinte hace dos siglos atrás; en el mismo momento que doña Paquita Ávila leía la carta donde le anunciaban que para su único hijo el tiempo ya se habría detenido, y un pájaro había sobrevolado, acobijándolo.
Doña Paquita Avila, al poco tiempo, enfermó de tristeza. Porque su único hijo nunca volvería de una guerra tan injusta como las demás, contra el Paraguay. “¡Llora, llora, urutaú / en la rama del Yatay…” (Guido Spano).


DESPEINADA
Diana Decunto ©

Había una vez… en un país muy lejano, perdido en la noche de los tiempos, una reina con un único deseo: tener un bebé.
Los ruegos fueron escuchados por el hada madre, quien se ocupa de conceder deseos. Siempre está muy atareada, atendiendo pedidos de todas partes del mundo.
Muy pocas veces, se la escuchó quejarse, pero es complicado administrar una fábrica de conceder deseos. Los clientes son muy exigentes.
La ayudaban sus doce hijas, todas hadas adolescentes. Cada una se ocupaba en dar a los deseos un toque de color.
En una semana, habían retratado, un hermoso bebé, de enormes ojos color café, manos pequeñitas, uñas rosa pastel, un lunar color violeta y unos tentadores cachetes, color bermellón.
Pero algo podía fallar. Las hadas eran muy responsables pero el hada Alba, que daba un toque de blanco a los deseos, era muy rebelde. Estaba enojada, se quejaba porque no valoraban el blanco. La gente decía que era un color muy chillón. Alba no le gustaba la rutina y era despeinada.
Como dijimos, la fábrica no podía parar. Y nació para felicidad de sus padres una beba de cabello oscuro, cejas frondosas. Los súbditos del reino, quienes apreciaban mucho a los reyes, recibieron con alegría a la princesa, en una fiesta que duró una semana. Pero no era halagüeño que nuestra princesa naciera, sin su toque de blanco.
Sus padres llamaban a su hija, Despeinada, un apodo cariñoso, porque lucía así, cuando correteaba por los corredores del palacio.
Fue una niña feliz, con una infancia tierna, creciendo entre juegos, cuentos infantiles, corriendo su imaginación por casitas de madera, muñecas de porcelana y títeres.
A los quince años tuvo un accidente, que no olvidaría en su vida. Tal vez, si hubiese tenido la suerte de ser tocada por la varita mágica del hada Alba, tal vez, no hubiese sufrido tanto dolor. El accidente lastimó su espalda, que es el eje natural de nuestras vidas.
Los dolores fueron muchos. Sus padres la acompañaron en ese dolor. Sus súbditos rezaron para que no sufriera. Y el milagro se hizo. Nuestra niña, una mañana, mientras estaba postrada, después de una de las tantas operaciones, encontró el mundo que la llevaría por otros caminos, aunque no volviera a caminar. Doce lápices de colores y una hoja canson número 6. Fue la ventana que abrió Despeinada para que sus cabellos volvieran a jugar con el viento, para que sus piernas corrieran por el jardín tachonado de rosas blancas.
Despeinada en sus quince años había sufrido mucho. El milagro se lo concedió Alba, sentía culpa por faltar el toque de blanco.
Así fue pasando el tiempo, entre medicinas, esperanzas, pinceles, lienzos, impotencias, músculos rígidos. Se transformó en una mujer hermosa cuyos ojos eran pasión, su mirada, dulzura.
Pasó el tiempo. Y se enamoró. De quien otro podía ser, sino también de un pintor. Diego, su hombre. El único que llegaría a su corazón. Cuando se enamoró, la princesa se sentía que podía correr y flotar. Una mañana, la despertó el canto de un gorrión que le decía:
«Mereces un amor que te quiera despeinada, incluso con las razones que te levantan de prisa y con todo y los demonios que no te dejan dormir. Mereces un amor que te haga sentir segura, que pueda comerse al mundo si camina de tu mano, que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel. Mereces un amor que quiera bailar contigo, que visite el paraíso cada vez que ve tus ojos y que no se aburra nunca de leer tus expresiones. Mereces un amor que te escuche cuando cantas, que te apoye en tus ridículos, que respete que eres libre, que te acompañe en tu vuelo, que no le asuste caer. Mereces un amor que se lleve las mentiras, que te traiga la ilusión, el café y la poesía.» Frida Kahlo.


LA GUERRA
Diana Decunto ©
“Los ojos no siempre ven,
hay que buscar con el corazón”
Antoine de Saint-Exupéry

Tenemos la triste noticia de anunciar la muerte de más de cien mil soldados en Buenos Aires, los cuales murieron abatidos alrededor del mediodía de hoy, provocado por el efecto de una intensa ola de calor donde llegó a su pico máximo con una sensación térmica que superó los 70º.
Cuando se divulgó la noticia por las cadenas internacionales de televisión se advirtió al público: “que se mostrarían imágenes que podrían herir su sensibilidad”. Luego de transmitir las horrendas escenas, periodistas entrevistaron a los principales ejecutivos de los canales televisivos para preguntarles si era necesario mostrar con tanta crudeza la guerra y ellos lo sintetizaron diciendo que «una imagen vale más que mil palabras».
Según fuentes fidedignas, los hechos ocurrieron de esta manera: el ejército a la cabeza de diez generales pertenecientes a la guarnición de Alta Resolución venían desfilando por la calle Corrientes junto a soldados de diferentes procedencias: imágenes vectoriales, fotos digitales y video-clips, quienes se desintegraron en segundos, cuando una masa de calor de origen desconocido emergió desde el pavimento y aparentemente por causas que se están investigando hubo fallas en los disipadores de calor que no pudieron responder a tiempo para hacer frente a la agresión.
Al día siguiente, fueron convocados de emergencia los mejores diseñadores quienes trabajaron toda la noche para generar nuevas imágenes que se viralizarán por diferentes medios cibernéticos, a fin de demostrar que la lucha sigue y el movimiento no se va doblegar. En el día de mañana se pasará un film sobre la vida de los caídos para mostrar en imágenes su coraje y el de sus familiares.
En un duro comunicado de prensa, emitido hace pocas horas, el general Pixel Picts los denunció de “asesinos” y dijo que llegará hasta las últimas consecuencias ante los organismos internacionales. “Nuestros servicios de inteligencia descubrieron con sorpresa, que el enemigo, con anticipación, había descubierto el raro fenómeno climático”. Reconoció que lo único que hicieron las Palabras, para tratar de evitar un trágico final, fue pegar carteles en las calles, por donde pasaría el ejército enemigo, con leyendas escritas advirtiendo del peligro. En ningún momento, se emplearon imágenes. Picts denunció esta maniobra del enemigo como indigna, porque es de dominio público, que los soldados de la imagen, tienen muchas dificultades para leer o escribir. Cerró sus declaraciones diciendo: “ese es un punto vulnerable de nuestros partidarios. Estamos en vía de encontrarle una solución”.
Desde el Centro de Operaciones del partido de las Palabras, el coronel Haiku salió inmediatamente al cruce de las declaraciones del general Picts. Haiku lamentó las bajas ocurridas y dijo: “es el precio que hay que pagar como resultado de toda guerra”. Agregó: “Desde que las imágenes le declararon la guerra a las palabras, no se ha podido encontrar un punto de reconciliación”. “No deseamos imponer nuestras ideas por la fuerza, pero queremos demostrar que si bien una imagen vale más que mil palabras, nuestra obligación es evitar que arrasen con el orden constituido en pro de defender las ideas”.



ADÁN ECHEVERRÍA

Mérida (Yucatán), México, 1975. Poeta y narrador. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Nacional de Yucatán.
Más de sus obras y trayectoria literaria en:

Realidades y Ficciones – Revista Literaria:

Suplemento de Realidades y Ficciones:



LA IMPOSIBILIDAD DE PERDERTE
Adán Echeverría ©

Cuando dijiste que no éramos amigos entendí que era mejor seguir los planes solo. Decidí no hablar de la realización de mis fantasías. Tuve que agarrarme al recuerdo de Paco. La tarde cuando los agentes llegaron por él y lo sacaron de su oficina, había dicho: “Cuando robes... hazlo solo...” y este recuerdo hizo que me diera cuenta qué debía hacer contigo. Paco intentó expulsar el rencor acumulado hacia sus compañeros que compartieron aquel fraude de computadoras y lo habían dejado solo durante la auditoría; a mi primo le costó la cárcel. Su excesiva confianza en ellos lo perdió. Pagó el resultado de ser tan putañero. En una ocasión le dije (pa que repetírselo): “Me vale que andes con hombres, pero que no te gigoleen, no seas pendejo”. ¿De qué sirvió? Yo era el menos indicado para aconsejarlo. Desde la cárcel me depositó un buen billete, y le cumplí los encargos. Me encantó el rostro de esos mayatitos cuando les quebré la mandíbula. ¿Lo recuerdas?
Quédate sentado, no te me caigas. Mira a Patricia. Calladita como debió estarlo siempre. Mírala por última vez. La remojaré en agua caliente, mientras tú y yo vemos el video, hay que checar las partes que habrá que editar. Igual y esta película también la vendo. No por ti voy a abandonar el negocio. ¿Qué creíste? ¿Qué podías hacerme pendejo? Vamos Jost. La dulce Patricia, su primer y único video. Después de hoy solo será una chica más de una película casera.
Sí, esos mayatitos. Me gustó ver como jalaban aire. Se veían como peces bagre intentando respirar sobre la playa. Paco era mi familia, por eso lo ayudé. Pero no creí tener que hacerlo otra vez, Jost. No estaba en mis planes. Te tuve confianza. Te platiqué la idea de ganarnos una lana utilizando la candidez de los feligreses, y estuviste dispuesto enseguida. ¡Cómo hemos disfrutado los billetes, Jost! El único sacrificio ha sido la faramalla de portarnos ante los demás como destacados líderes juveniles. Pero qué chido es gozar a esas niñas de carita tierna que llegaban al grupo. ¿Acaso no te encantaba igual que a mí? ¿Recuerdas cuando Sofía se desmintió de toda esa basura de: Ni creas que me voy a acostar contigo... se dicen tantas cosas de ti. Fue el inicio del negocio. Y qué películas nos ha regalado la Chofi. ¿Quién podía imaginar el negocio que teníamos con los jovencitos que acudían a la iglesia?
Si algo debo agradecer a Dios, es la inteligencia. Me hace estar atento, para no cometer los errores de Paco, ni los tuyos. ¿De qué te sirvió sentirte culpable? Para este ritmo de vida hay que tener bien puestos los huevos. Me encanta pensar en ese pasaje cuando Salomón pide Sabiduría, me identifico. Es increíble lo fácil que es manipularles el cerebro a los jóvenes.
Tenemos todo controlado ¿por qué salirte? Te enseñé todas las mañas para convencer tanto a las niñas como a los jovencitos. Pa que negarlo, a todos nos mueve el deseo y la sexualidad. Usemos su mente, dije y te enseñé cómo. Para mí, el amor no es más que una utopía. Lo sabes bien. La amistad, Jost, eso es lo que no debe romperse. La confianza en los amigos, ya vez en qué acabó Paco. Cinco años, y al salir se fue de acá, para no toparse con la verdad de haber mandado asesinar a sus amigos. La confianza entre él y yo sigue firme.
Paco no me va a traicionar. Me debe tanto. Nos hemos beneficiado. En el extranjero mueve las películas con agilidad y cuidado. Pero tú, Jost, de verdad te creí más astuto. No pensé que el amor te pegara tan fuerte. Sí, reconozco que Patricia es hermosa. Pero ¿y todo lo qué habíamos compartido? Para que esa noche me salieras con la estupidez de: “No eres mi amigo”.
¿Cómo pudiste dejarte manejar por Patricia? Te conocí tantas mujeres. Las tenías a la mano. El negocio funcionaba a pedir de boca. A la iglesia nunca van a dejar de llegar niñas tiernas, lo sabes. Y siempre ha sido chingón estrenarlas. La Paty te ha cegado y mírate ahora. ¿No respondes?, ¿qué vas a responder?
Por eso te advertí esa noche: “No me importa que estés loco por Patricia, aun así, no le cuentes nada de lo que hacemos. Si no quieres seguir, adelante, deja todo. Pero no me tuerzas. Se supone que eres mi amigo”.
Te olvidaste de esa niña que llegó exigiendo la ayudásemos o nos denunciaba. Sus papás la estaban buscando. Casi se te muere. Tuve que intervenir para limpiar las cosas: encubrir a la niña, hacer que saliera de la ciudad y se fuera a vivir con Paco al extranjero. Ayudé al estudiante de medicina a practicar el aborto. Volví a ver la sangre en mis manos sin sentir asco. Lo recuerdas, imbécil. Casi se nos muere. Una vez pasado el susto, cuando nos reíamos del suceso, me dijiste en la cantina: “No importa qué pase, siempre estaré contigo; si vuelas, volaré a tu lado. Si caes, caeré contigo”. ¿Lo olvidaste? Yo no. Para que por una zorra me digas: “No soy tu amigo, ni lo creas”. Chinga tu madre, Jost.
Por eso apenas tu relación con Patricia patinó, supe que debía actuar. Quizá no lo pensé al instante, porque la amistad que te tenía era gruesa, al menos para mí. Esa mañana cuando me pediste que hablara con ella, que habían terminado, quise actuar a tu favor. Aún me veo escuchando tu voz en el auricular: “Siempre toma en cuenta lo que dices, háblale. Hazlo por mi”. Vaya sorpresa con la chamaca. No pude más que pensar: Todas son iguales.
Tal vez si pueda verte, le dije a Patricia, después que se lanzó con descaro. No importaron los argumentos que le expuse, esos rollos de: “Todo lo que han vivido. No dejen que se vaya al caño”. Y, ah qué chamaca, solo repetía: “Es a ti a quien siempre he querido”. Y tú enamorado de ella, pero qué pendejo fuiste. No te preocupes, Jost, nunca me han interesado las tontas. Casi me vomito por la cursilería. Que ganas de repetir los estúpidos diálogos de las telenovelas: “El hombre de mi vida”.
Cuando colgué el teléfono hice la reconstrucción. Según ella tú habías provocado todo el teatrito con esas mamaditas de querer ser seminarista: no mames. Si estabas hundido en el lodo igual que yo. Seminarista, mis huevos. Y con una hembra tan fogosa.
Si dudé. Lo sospeché todo. Recordé las palabras de Paco: “... hazlo solo... cuando robes... hazlo solo”. Quizá solo fue un momento nada más, pero lo hice. Y esa forma de ajedrecista que tengo al pensar. Me preparé para cualquier movimiento: ¿Y si están de acuerdo para sacarme de la jugada? ¿Qué hay con esta confesión insospechada de Patricia? ¿Por qué hablaste en la mañana pa decirme que tronaste con ella? Patricia jamás ha demostrado una actitud coqueta hacia mí. Por eso vine preparado. ¿Acaso creyeron que soy tonto?
Llegué a su casa a las cinco. La ciudad se inundaba por una lluvia que se dejó caer desde el mediodía. Estaba empapado y me encantó la cortesía que tuvo Patricia al dejar la puerta abierta. Por el interfón me pidió que subiera la escalera de servicio. Caminé con sigilo y al llegar arriba, la vi. Estaba de pie junto al espejo, desnuda, peinándose. Hicimos el amor al menos dos veces. Siempre alerta por si llegabas por la espalda. No fue así. No había plan. Eso dijo Patricia. Repitió que me quería e idioteces como esa, pero el enojo que traía pudo más que sus ñoñerías. Ahora su piel irá quedando suave por el agua de la tina en que la he remojado. No merece ver la película. Esto es entre tú y yo.
Sé que todo debió quedar en haberme cogido a tu novia como venganza. Pero ella insinuó que estaba enterada de “a qué nos dedicamos” y quería ayudarme a continuar. ¡Qué descaro! Así fue, tu zorrita quería meterse al negocio y reclutar otras niñas de la escuela de monjas donde había estudiado la prepa. Quizá era buena idea. Pero no soporté que le contaras todo.
Mira la pantalla, ¡mírala! No cierres los ojos. Cuando entré a su cuarto se cubrió las tetas y se metió al baño. Aproveché para poner la cámara entre las cosas del tocador. Voy a adelantarla. No te quiero aburrir con la parte erótica, ¿para qué? Quiero que veas el momento clímax. Acá... Es ella suplicando. Ese es el momento cuando, ya enojado por sus idioteces, la tomo de los cabellos. Mete las manos para defenderse. Sí, esta parte es chida, cuando la golpeo con la lámpara. Ahora le hago el amor ya muerta. Bueno ¿qué?, uno tiene sus gustos. Hay que explorar de todo. Lo vez. Es la sangre de su rostro embarrada en mi pecho. Ahora te hablo por teléfono. Voy a adelantarla de nuevo por que no pasa nada mientras te espero, y eso será aburrido para los compradores. Lo editaré.
Ah que mi Jost, ni siquiera lo dudaste, ¿eh, puto? No tardaste en llegar. Abres la puerta y miras a Patricia sentada en el colchón. Ve el asombro de tu cara. Ella recargada en la cabecera, no te devuelve el saludo, no contesta. ¿Acaso notaste la rigidez de su rostro? ¿Qué quieres? No soy buen maquillista; se le ve bien, ¿no? Estoy seguro que no te diste cuenta que estaba muerta. ¿Lo hiciste? ¿Qué vas a contestar ahora? Corres hacia ella y ahí voy detrás de ti con el cuchillo en la mano, ni siquiera lo imaginaste: una... dos..., caes de rodillas... cuatro... seis...
Claro que no. Ahora puedes ver que no necesito a nadie.



ÓSCAR JOSÉ FERNÁNDEZ GALÍNDEZ

Nacido el 30/5/1971 en Caracas, Venezuela, es poeta y biofilósofo. Profesor de biología. Sus investigaciones y reflexiones lo llevaron a proponer una teoría que explica la complejidad de la vida desde los paradigmas emergentes en biología, a partir de la “Teoría metacompleja del pensamiento biológico”. Desde allí relaciona ciencia, arte, filosofía y política, para intentar aproximarse recursivamente al pensamiento y hacerlo transdisciplinario, centro de sus búsquedas y creencias.
Más sobre este escritor en los siguientes números del Suplemento de Realidades y Ficciones:



RISA DEL COSMOS
Oscar Fernández Galíndez ©
Las hiperrealidades mediáticas
definen una nueva sensibilidad.

La entropía es tu amiga.

Te siento
difusa
dilatada
distendida.

En medio del charco magnético
que gobierna tu existencia
ondulatoria.

Te escondes
para seguir allí
sin mirarme
o mirándome helicoidalmente.

Risa suprema
mirada pasiva
acaricias al pulso
de la aurora.

Risa callejera
te encuentro
sin buscarte
para casarme en tu aliento.

Risa cómplice
te escucho y no te veo
expandiéndote
universalmente.

Risa cuántica
Te pierdes en horizontes de sucesos
y promueves un encuentro
sideral.

Risa del big bang
originas la luz.

Risa eterna
existes antes de la existencia.

Risa divina
te escondes
silenciosamente
en medio del murmullo
nebuloso de un olvido.

Risa singular
te extiendes
cósmica
nebular e infinita.

Risa
te enfrentas
al agujero negro
que no es negro
ni la maxigravedad
puede contigo.



MAXIMILIANO REIMONDI

Nació en Rosario (Provincia de Santa Fe, Argentina) el 11/11/1969. Vivió dieciocho años en Corral de Bustos, Provincia de Córdoba. Cursó sus estudios terciarios y universitarios en Rosario. Es periodista, narrador, poeta, dramaturgo, profesor de inglés y actor. Trabajó en varios medios gráficos, radiales y televisivos, en los que fue galardonado con diversos premios. Actualmente vive en Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires), Argentina.
Tiene cuatro libros publicados: Identidades (cuentos, Corral de Bustos, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la ciudad); Por siempre Alejandra (Rosario, Editorial Artemisa), novela comprada por una distribuidora de Miami que se encuentra en las bibliotecas más importantes de Estados Unidos; Espectros (poesía, Rosario; Editorial Artemisa); El suicidio del alma (Editorial De Los Cuatro Vientos, Buenos Aires), novela finalista en el Concurso Internacional del Fondo Nacional de las Artes - 2004, entre veinte obras presentadas.
Coautor de la novela Mapas del fin del mundo junto al escritor Federico Andahazi y otros lectores del suplemento Ocio, del diario Clarín de Capital Federal, publicada en dicho suplemento en 2006. Colaboró en la redacción del libro Ciudad puerto de Miguel Ángel De Marco (hijo), publicado en diciembre de 2013, Rosario (Provincia de Santa Fe).
Escribió cuatro obras de teatro: Perfiles, La casa de los sueños rotos, Un aniversario de locos, Pobres corazones y un espectáculo multimedia llamado Breviario de cultura.
Ganador de varios concursos literarios y finalista en otros, participó de diversas antologías literarias de Argentina.
Más sobre de sus obras y trayectoria en Realidades y Ficciones – Revista Literaria:

                                       

LA PROYECCIÓN DEL ESPEJO
Maximiliano Reimondi ©

¿Qué es el tiempo? Estoy frente al espejo y puedo ver a mi otro yo que se ríe. No es sencillo pero descubro la proyección de este espejo. Me doy cuenta que no me acuerdo de nada. La memoria es una parte muy chiquita del alma. El resto hace que no me acuerde de nada.
Tomemos el caso de mi lóbulo izquierdo. Es el que no me funciona. ¿Cuántos lóbulos pueden crecer a través de otros? Ahora veo la proyección de mi otro yo, que se proyecta a través de los vidrios de la ventana. Llevo los ojos hacia el cielo raso que está lleno de sombras. ¿Cuántas sombras vacías van hacia la ventana? Por eso digo que el presente es en gran parte el pasado, que el tiempo se confunde en la luz de la memoria.
¿Quién era yo? A ver, tengo 50 años y… que más… Ahora veo la sombra de mi espejo que se ríe y se agranda sobre el vidrio de la ventana. Éste la pasa al espejo y, por casualidad, corre hacia la puerta de calle.
¿Esta es mi casa, no? Por eso estoy acá. Es difícil cuando funciona solo un hemisferio del cerebro. ¿Estoy solo? Veo esa sombra que se hamaca en la ventana, se acerca, se desnuda y va al baño. Tiene un cuerpo deslumbrante. Sus senos braman de pasión. ¿Tengo 50 años? Otra sombra está a mi lado y se esconde en el espejo. Todo es muy extraño. Me mira, sonríe y se saca el pantalón. Va hacia el baño. Sombra… Sombras… Una sombra… Dos sombras… Se miran en el espejo… No, una… No, dos… Ah, a una la conozco. Pero no me acuerdo el nombre. Ella me dijo que me quería mucho…
La mesa redonda, el living. Allí hay dos libros. Uno de Freud y otro de Sartre. La sombra sale del baño y me provoca. Me muestra su vagina tan delicada. Corre hacia mí y rompe mi camisa. Me lame las orejas y sus formas se agrandan proporcionalmente, sobre los vidrios opacos de la ventana.
En ese momento, otra sombra grita ¡Ahora! y se divide. Pienso que el ahora es una mujer que se está vistiendo y no sé quién es. Mientras tanto, otras sombras se pasean por la habitación. Se miran al espejo al igual que yo. Esto es como si lo hubiera vivido. Es algo muy complejo. No sé si estoy realmente despierto.
Atrás, tengo una imagen borrosa y doy vuelta la cabeza. Veo al chico que fui hace cuarenta años. Además, veo otras dos sombras que se esconden en las cortinas.
El último resplandor de la tarde penetra en la habitación, a través del espejo. Entonces, veo que los sillones están vacíos, abandonados, forrados en azul. Pienso: “¿Qué hago acá?”. No recuerdo mi nombre pero sé que tengo cincuenta años. Pero nada más…
¿Por qué esa mujer tiene los brazos alzados y se toca el cabello? Se lo echa atrás mientras se mira en el espejo. Es terrible pero esas dos sombras la rodean y dicen que es un recuerdo perdido. Ahora, los sillones están llenos de gente y una mujer me sonríe y está cagando en el espejo.
Me miro en el espejo y el espejo me muestra un vacío inquietante. Atrás hay un resplandor opaco que proyecta días terribles de invierno, donde la luz es débil. Ahora, acá adentro, está nublado porque el sol odia a esta casa.
Tengo puesta una remera blanca. Mi pelo es blanco y se confunde con la imagen del espejo. Hay una mano que suelta un arco iris sobre mi piel curtida, llena de heridas. Tengo los brazos apoyados en el lavatorio. No sé qué hora es. No sé si estoy en el presente o en el pasado o en el futuro. No sé cómo me llamo ni dónde estoy. Pero sé que tengo cincuenta años. Hago un movimiento de cabeza y un gesto amargo.
Me veo en el espejo pero no veo nada. Tengo que ponerme de acuerdo porque esa mujer, ¿es una mujer o es una sombra? Si es una mujer, la conozco y recuerdo que la amé. El amor se proyecta sobre el espejo y nace una sombra que amé, de ahí, nace otra sombra y otra sombra y otra sombra…Puedo escuchar el ruido de las sombras. Estoy parado frente al espejo durante horas, hamacándome para recordar.
La cabeza reclinada sobre el hombro. Miro un punto vacío del espejo. Allí se proyecta una habitación llena de libros que caminan sobre el piso de madera, pateando huesos.
¿Cómo me llamo? El espejo me llama y aparece una mujer que me observa cuidadosamente. Me da besos envueltos en chocolate y me escribe cartas que tira al suelo. Se arrodilla y lloramos juntos. Va hacia la ventana, mira el atardecer y la última luz salta en el espejo.
El espejo grita eufórico: ¡Tiempo! Tira una soga y le hace varios nudos. La soga se proyecta sobre la habitación y forma una cruz que reclama vida. Todo está oscuro. ¿Todo? Me parece que afuera es de día y adentro es de noche. Una mano toca el espejo y alcanza un libro. Se desprende una sombra que me susurra al oído: Ella se fue.
Amanece en el espejo. Fluye leche y miel. Inunda mi ser. Una niebla me cubre y me río a carcajadas. Recuerdo que ella iluminaba árboles debajo del agua. Sus ramas eran libros que escupían huesos. Esos huesos eran los de un niño de diez años.
Cierro los ojos y veo una imagen blanca que es la nada. La nada flota en mis ojos. El blanco se refriega en mi cerebro. El cerebro abre la boca y exhala una imagen que se refleja en el espejo. Mis huesos se ríen y bailan con sus manos color negro.
Solo recuerdo que tengo cincuenta años. Esos años que abrazan mis oídos. Los oídos escupen soles y planetas y me preguntan: ¿Qué es el tiempo?
Frunzo el entrecejo y me quedo pensando…



ANDRÉ ANLUB

Seudónimo de André Luiz Barbosa da Silva (Río de Janeiro, Brasil). Entusiasta por las artes con una obra pictórica en el acervo permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía, Brasil. Consultor y marketing en la Editora Becalete (São Paulo).
Poeta. Autor de siete libros y participante en más de ciento treinta antologías poéticas. Su último libro data de 2017 (patrocinado por Darda Editora), tiene en gestación su próxima obra: Absolvido pela Loucura e Absorvido pela Arte (Absuelto por la locura y absorto por el Arte).
Colaborador de diversos grupos, portales y proyectos. Antólogo y miembro del Grupo Editorial Beco dos Poetas, Poemas à Flor da Pele, Movimento Nacional Elos Literários, portales CEN y EisFluências de Portugal, Movimento Por um Rio Capital da Poesia, Poesias nas Árvores, Poste Poesia, entre otros.
Miembro vitalicio de la Academia de Artes Ciências e Letras de Iguaba y miembro de las seccionales de Bahía y Araraquara, de la Academia de Letras de Goiás, Academia Internacional ALPAS 21 y del Núcleo Academico de Letras e Artes de Lisboa (PT).
Premios. Personalidad 2013 (Artpop), Calidad 2014 (Braslider), Maestro Wilson Fonseca 2015 y Destaque en la Cultura 2016 (ambos por la ALuBra). Certificado de Mérito Cultural 2015 y 2017 en la Editora Futurama, Conde de Figueiró 2017 y Plata de la Casa 2017 por la Embajada de la Poesía.


SUBO AL MONTE
André Anlub ©

Escogí el tiempo, lado a lado, carne de cuello, de hecho.
Fui a crear, creé; escribir y ver lo que va a dar.
Círculos tornáronse triángulos; ¿teoría de la conspiración?
Lo viejo siendo nuevo —recreando en la absolución.

Ojos cerrados y déjase llevar por los oídos,
Sentimiento secuestrado —síndrome de Estocolmo.
Estoy como un viejo sabio: abrazando libros.
Y los vivos como al diablo gusta: cien preguntas, sin tener cómo.

Las horas son amigas, son obstinadas y deportivas;
Todos los días corren lentamente y andan corriendo.
Vaya un drama, viene un “dream”, oigo un “drum”;
La dama de la belleza —dama de noche con su perfume al viento.

De rodillas, hago de corazón una oración a lo lejos;
Vienen debates, vienen sonidos ajenos en azul lengua extranjera.
Habrá una maleza que dejaremos a los asnos;
Hay simplicidad suntuosa en el grano de arena del monje.

Hácese maestría, hácese nada, de día o de noche...

El tiempo me escolta, puro y seguro de vuelta al invento;
Sabiendo que las normas están por el mundo, hecho chorume.
Se ve insistente la sonrisa del sol al morir la negrura;
Me libro del manto, miento al lamento y subo al monte.


RUMO AO MONTE
André Anlub ©

Escoltei o tempo, lado a lado, carne de pescoço de fato.
Fui criar, criei; escrever e ver o que vai dar.
Círculos tornaram-se triângulos; teoria da conspiração?
O velho sendo novo —recriando na absolvição.

Olhos fechados e deixa-se levar pelos ouvidos,
Sentimento sequestrado —síndrome de Estocolmo.
Estou como um velho sábio: abraçando livros.
E os vivos como o diabo gosta: cem perguntas, sem ter como.

As horas são amigas, são teimosas e esportivas;
Todos os dias correm lentamente e andam correndo.
Vai um drama vem um ‘dream’ ouço um ‘drum’;
A dama da beleza —dama da noite com seu perfume ao vento.

De joelhos faço de coração uma oração ao longe;
Vem rebates, vem sons alheios em língua estrangeira azul.
Haverá uma asneira rasteira que deixaremos aos asnos;
Há simplicidade suntuosa no grão de areia do monge.

Faz-se maestria, faz-se nada, de dia ou de noite...

O tempo me escolta, puro e seguro de volta ao invento;
Sabendo que normas estão pelo mundo, feito chorume.
Vê-se insistente o sorriso do sol ao morrer do negrume;
Livro-me do manto, minto ao lamento e subo ao monte.



SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 79 – Diciembre de 2018 – Año IX
ISSN 2250-5385 – Edición trimestral
Exp. RL-2018-52427183-APN-DNDA#MJ del 18/10/2018, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.



Propietario y Director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 75:




Colaboradores

Corrección general:
Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina


Ilustración de carátula y emblema:
Mónica Villarreal
Scottsdale (Arizona), Estados Unidos
Monterrey (Nuevo León), México
@mon_villarreal
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:



El listado completo de colaboraciones al Suplemento de REALIDADES Y FICCIONES se encuentra a la derecha del blog bajo el acápite AUTORES.

 @RyFRev Literaria

 @RyF_Supl_Letras

Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.



"Realidades y Ficciones"
Mónica Villarreal (2014)
acrílico y óleo sobre
papel-lienzo, 30 cm x 30 cm