martes, 26 de abril de 2011

JORGE LUIS DARCY

Monterrey, México, 30 de marzo de 1969. Su nombre completo es Jorge Luis Hernández Saldaña. Autor de tres libros: “Éste es el sitio”,1998; “El fruto y la espada”, 2005; “Después vendrá el silencio”, 2009. Algunos de sus poemas han sido publicados en revistas y antologías de Cuba, Venezuela, Colombia y México. Recientemente la revista Cathalyst de Nueva Zelanda tradujo al inglés e incluyó en sus páginas algunos de sus textos. Así también la Universidad de Colombia, en noviembre de 2010, seleccionó y editó una antología de poemas de su autoría bajo el título: “Al igual que tú y otros poemas”.




PRELUDIO
de Jorge Luis Darcy ©

Por fin decides que esta noche suceda
y llegas desde una vena principal
con ojos que no se extinguen
a reír de modo siniestro
entre castigos y paredes
            a devorar el pánico
            a levantar la casa de la envidia
cruzada por una tozudez que bien conozco

y como si de tus manos dependiera
que todo un reino no fuese derrotado
y pidieras perdón
            aún con la espada ensangrentada
así has decidido que esta noche suceda
como si te urgiera convertirte en cenizas
así vas forjando la noche
cuando la piel desconoce límites
y navega y se acumula ojos cerrados
y comenta sus secretos cuerpo a la deriva
extraviada en sus propios gozos

por fin te reconoces
            en el espejo que te obsequio
desde esta noche lo único real
será este vicio que nos arrodilla
empujándonos
odiándonos más cerca toda vez
como apretando la tierra en la tierra
para que todo brote y todo termine.


LEITMOTIV
de Jorge Luis Darcy ©

Eso que llora es el amor niña
acumulado por el polvo del rencor
y de los hombres
como un prisionero enfermo
ocupa el rincón que le asignamos
sin explicaciones sin rodeos
sin entender tanto frío
míralo aceptar toda la culpa
parece un loco
un viejo sabio que duda de su propia vida

es el amor del que tanto te hablaron
el que colmaba las historias
el que siempre tenía tiempo
el amor que abordaba los trenes
y salía al paso cuando el héroe se desvanecía
es el mismo amor que te arrulló niña

convirtiéndose en pan en gestos
alardeando frente a sus espejos
el que hacía chorros y reía
mira qué indefenso es ahora
qué insignificante
como un rey humillado en su balcón
y pensar que no sabía de pretextos
y ahora ellos le ocultan el rostro
el amor que abrigaba el que disponía
míralo allí abrazando el miedo
para no sentirse solo

tómalo en tus manos niña
que sea testigo de cómo te reconoces en mí
mientras yo comienzo a padecer tu muerte
desde lo más sencillo
dale a probar de tus necedades
que se alimente de tu avidez
déjalo recargarse en tus rodillas
deja que él toque también tus labios húmedos
que mire tu rostro a contraluz
para que se convenza para que se reivindique
haz que conozca el valor del vértigo
la humanidad que habita en un capricho
y que escupa dichas ajenas y pasadas
y se arrepienta de lo que nunca sucedió

y llévalo lejos
hacía la principal desnudez
a finiquitar con la esperanza
lejos sometido sin consideraciones
a que invente otras palabras
a que observe nuevas maneras
y que se restituya y profetice
menospreciando el cálculo y la ceremonia
muy lejos niña llévalo lejos
a tocar la puerta de los excesos
a lo que no pide perdón
a lo que nunca se vacía.


EPIFANÍA
de Jorge Luis Darcy ©

En aquel entonces
yo era un profeta perdido y condenado
con los bolsillos llenos de falsos diamantes
ofreciendo lugares distintos sin saberlo
un imaginario que vive de otros testimonios
que intenta convencer con el mismo ruego

y tú eras quien todo lo justifica
eras la sonrisa que aniquila irracional
insolente como encarar al abismo
la imperturbable criatura dormida
entre ejércitos enemigos

entonces como una luz purísima llegaste
            y auténtica siempre te repetías
            como sangre en mi costado
como el arrepentimiento apareciste
y así como la barca rompió sus amarras
con el anhelo del primer suicida
así soltaste ante mí tus cabellos
para que todo desapareciera
y formara mi propio génesis

entonces fuimos tu yo y la nada
el triángulo primario
por quien todo se volvió carne y sentido

en ti multipliqué el pan y la angustia
el vino y la sospecha
y me sentí en el mundo de los hombres
y me aferré al sabor de la tierra y el meteoro
en tu talle de compacta alegría
comenzó a la vez el muro y el trayecto
y adoré al tiempo y sus culpas
y amé la realidad y sus formas

entonces me llené de fe
y para salvaguardar el odio original
para que nada me torturara
memoricé tu cuerpo
como una letanía vigorosa y doliente
y tú como una madre me diste el mandamiento y la espina
como una madre procuraste para mí
el otro alimento el que lleva a buen morir

entonces como un vientre te abriste
como un océano para que yo caminara
y advertí la gracia de lo intangible
se reveló el abecedario
gocé el inaudito segundo
donde la vida y la muerte
se confunden y me esperan

fue tu cuerpo
            un incesante brotar de misericordia
en sus oscuridades mordí
                        la fruta de la obsesión
y pude entender al fin
lo que es dar una vida en sacrificio
            olvidé mi destierro
                        clarifiqué los caminos
                                   otorgué el perdón
y hasta en las resurrecciones creí
una vez que cerré los ojos
            y me besaste de nuevo.



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Nº 43 – Abril de 2011 – Año II


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