viernes, 1 de abril de 2011

LUIS WEINSTEIN 


Chileno, Santiago 1931. Poeta y ensayista, médico psiquiatra y especialista en salud pública, educador comunitario. Escribe desde los catorce años. Es facilitador de grupos de desarrollo personal orientados hacia la dimensión poética de la vida. Director del Centro de Desarrollo Humano Las Coincidencias de Isla Negra, inserto, junto con la Casa Museo Pablo Neruda, en el Proyecto del Litoral de la Poesía. Pertenece al Grupo Sueños de Médicos Poetas y a Poetas del Mundo. La Federación Mundial de Médicos lo distinguió en el 2005 como uno de los médicos que mejor representaban los ideales humanistas de la profesión. 

Libros publicados: 
El Niño, la Mirada y el Otro, Ed. Orbe, Santiago de Chile 1965. Fábulas Familiares, Ed. Mimbre, Santiago-Antofagasta 1966. Año Nuevo del Dos Mil, Ed. Mimbre, Santiago-Antofagasta 1970. Salud Mental y Proceso de Cambio, Ed. Ecro, Buenos Aires 1975. Salud y Democratización, Ed Villalar, Madrid 1976. Salud y Autogestión, Ed Dosbe, Madrid 1977. Fábulas Abiertas, Ed. Nascimento, Santiago 1977. La Pregunta es Libertad, Plastigraf, Santiago. 1979. Militancia en la Vida, auto edición, Santiago. 1980. Autoritarismo o Creatividad Social, Minga, Santiago 1982. La Racionalidad Integradora, Ed. Minga, Santiago 1985. Alamedas para la Renovación, Ed. Minga, Santiago 1986. Alta Marea de Preguntas y Regalos, Ed. Alta Marea, El Tabo 1990. Saludar la Vida, Ed. Brujas, Santiago 1994. El Desarrollo de la Salud y la Salud del Desarrollo, Ed. Norden, Montevideo 1996. Personas Saludables en un Desarrollo Saludable, Ed. Lom, Santiago 2003. El Jardín del Asombro y el Color Azul, Ed. Cuatro Vientos, Santiago 2003. Hacia el Homo Sapiens, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago 2006. Viviendo la Poesía, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago 2006. Palabras Amigas, Ed. Caballo de Mar, Santiago 2007. Manual de autoayuda para la promoción de la salud integral, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago 2007. La Poesía del Guiar y el Guiar de la Poesía, Ed. Caballo de Mar, Santiago 2008. Poesía en Nacimiento, Ed. Caballo de mar, Santiago 2008. Multiversidad, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago 2009. Manual de Autoayuda para el Desarrollo Humano, Ed. Caballo de Mar 2009. Algunas y Algunos, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago 2009. Preguntando por la Poesía, Ed. Caballo de Mar 2009. Veinte Poemas de Asombro y una Imaginería Esperanzada, auto edición 2009. Juró ser Poeta, Manual Ediciones 2009. Desarrollo Personal y Poesía, Ed. Caballo de Mar 2009. El Asombro como puente entre la Salud y la Poesía, Ed. Manual Ediciones 2009. Multiversidad Antiguo Hospital San José, Ed. Caballo de Mar 2010. El Derecho a ser Humano, Ed. Manual Ediciones 2010. La Ética como eje de la Calidad de Vida, Ed. Manual Ediciones 2010. El Séptimo Asombro y Aldonza y Miguel, Ed. Tralcamahuida 2010. La Hipnosis de la Familiaridad, Ed. Tralcamahuida 2010. El Nacimiento de la Poesía, Ed. Caballo de Mar 2010. Fabulillas Inconclusas, Primeros Pasos Ediciones 2010.




EL PARTO DE ELLA MISMA 
de Luis Weinstein @ 
(del libro “Fábulas Abiertas”

La montaña empezó a sentir contracciones íntimas. Al principio, distanciadas, confusas, opacas. Luego, cada vez más cercanas, más nítidas, más brillantes hasta tomar en ritmo encantador…. Uno, dos, tres y la pausa amable, entera, comprensiva. 
¿Recuerdas? La querían ayudar, palpándole la nieve, aquellos valles, las mesetas conocidas. Era tiempo de parto, aunque el sol se distraía y las amapolas enrojecían como siempre. 
Urgencia en el respirar. Aquel sonido anhelante. El llamado de las entrañas se hacia presente creciendo, tibio, vivo. 
Entonces, el tiempo se ensanchó y, relajándose, la montaña nació de nuevo, mientras, como un ratoncillo gris, se alejaban los años gastados. 


MATERNIDAD Y AMOR DE LA ETERNIDAD 
de Luis Weinstein @ 
(del libro “Fabulillas Inconclusas”

Como una gran madre, la eternidad contempla a los hijos que tiene con el tiempo. 
La pareja es complementaria. 
Ella inspira, elije, contempla y, suavemente, da de mamar la realidad, manteniendo, amorosamente, ciertas constantes, entre ellas la tibieza y la hipnosis propias de la familiaridad. 
Él es cercano al existir, al obrar de sus hijos, la materia, las cosas, los minerales, los vegetales, los animales, los humanos, los brotes post humanos. 
En la complicidad de la pareja está hacer el amor sin mayor remilgo, sin falsos pudores, diversa y creativamente, contando para ello con todo el universo, con los multiversos. Los existentes y los posibles. 
Al parecer, la Tierra les pone románticos y ella llega al clímax con la maternidad humana, cuando se asoma al llanto de un niño, cuando éste escucha un cuento como cruzando la frontera de lo sagrado, cuando madre y niño entran, misterio adentro, al asombro de ser. 


UNA MALA PESCA 
de Luis Weinstein @ 
(del libro “El Niño, la Mirada y el Otro”
A la memoria de Fernando Crenovich 

Cayó un aerolito en la laguna. Toda la familia fue a verlo, pero llegaron tarde. La laguna se había hecho dueña del aerolito y no quiso mostrarlo. 
En vista de eso el papá siguió, dele que suene, golpeando con el martillo; la mamá, fregando la olla; la abuelita, haciendo las camas. 
Juan siguió pensando en el aerolito. 
En la laguna había un señor pescando, sin darle importancia al aerolito. 
Juan se acercó a él. ¿Viste el aerolito, tío? No lo había visto antes pero era lógicamente un tío. Estuvo ahí cuando caía el aerolito. 
Estoy pescando, contestó el señor. 
¿Podrías pescar el aerolito? 
El pescador movió la caña y permaneció largo rato sin contestar. Luego dijo: no. 
¿Por qué? 
Porque estoy pescando, respondió el señor, dando un poco más de hilo. 
¿Has pescado algo? 
Largo intervalo durante el cual Juan pudo hacer un sapito con una piedra en la superficie del agua. No, dijo al fin el pescador. 
¿Crees que vas a pescar? 
Pasó un zancudo. Después una abeja. Saludó un tordo. Cacareó una gallina. 
Terminó por decir: no. Las respuestas, no obstante su forma resumida, eran amables. Podían ser las de un tío.
Juan fue a ver a la gallina en su pequeña laguna de paja y regresó con un huevo calentito. ¿Quieres? Está fresco. 
El señor contestó cortésmente, sin hacerse esperar: no, gracias, estoy pescando. 
Juan le abrió un hoyito al huevo en su punta puntiaguda y comenzó a beberlo. 
Tío, ¿dónde estará el aerolito? 
La abeja y el zancudo se cruzaron sin saludarse. Ahora había una bandada de tordos. Juan alcanzó a terminar el huevo. No sé, contestó el pescador; estaba pescando. 
El papá seguía, dele que suene. Vio al niño conversando con el señor y entendió, de lejos, que todo estaba en su lugar. La abuelita, llegando después de Juan a despojar a la gallina de su huevo, admitió complacida que el niño se le había adelantado. La mamá terminaba de limpiar la olla y se preparaba para hacerla, nuevamente, parte y testigo de la sopa. 
A estas alturas, la laguna era dueña, sin contar el aerolito, de dos sapitos tirados por Juan. La cáscara del huevo flotaba medio hundida, ya sin fuerzas; no era claro si le pertenecía o no. 
Tío, ¿usted está seguro de que se puede pescar en esta laguna? 
La laguna se apoderó absolutamente del huevo. Un tordo se hizo añicos en el horizonte. La mamá inició la brega por la nueva sopa. Juan esperó, indiferente al escurrir insistente del tiempo. Al cabo, el tío dijo, simplemente. No. Juan buscó otra pregunta, con una sensación de saciedad, como un golpe de remache a un clavo fijo: un golpe gratuito. 
Tío ¿a usted le gustaría pescar algo? 
No, contestó el señor, tras una pausa un poco dolorosa. (Qué cerca estamos siempre de lo extraño y que raro es encontrarlo). 
Por lo menos no con caña, explicó, hablando por primera vez sin pregunta previa. Desde que estoy aquí he pescado, sin embargo, con una caña que no se ve. 
¿El aerolito? Preguntó el niño, esperando. 
Sí, respondió el señor de inmediato, pero sin darle la importancia esperada. 
¿Por qué no me lo muestras? Preguntó el niño, más curiosos que pedigüeño. 
Lo tengo dentro de la lengua, explicó el señor, apartando un zancudo. 
¿Y tú no lo vas a ver? preguntó el niño, personalmente desinteresado. 
La sopa se puso a humear. La abuela encendió el fogón. El papá lavó sus manos, terminada la faena. Todo eso ocupa un buen rato. Fue cuando estuvo concluido que el señor dijo: No. 
¿Por qué no, tío? Preguntó el niño, suelto, como si recién empezara a preguntar. 
El señor, caña en mano, lo miró con aire de conocerlo desde hacía mucho tiempo. Sería como suponer a tu mamá vaciando la sopa o a tu padre arrancando los clavos, respondió. 
Pero tú ¿qué haces con la laguna? Preguntó el niño, alagado con la mención de su casa. 
El diálogo se encogía sin huecos. El tío respondió como si estuviera esperando la pregunta: le hago compañía con mi caña. A demás, siempre hay novedades- un aerolito, tus preguntas bajando por mi caña. No es difícil tener pescada una laguna. 
Juan contó la conversación a sus padres, omitiendo decir que el señor demoraba tanto en contestar. La abuelita escuchaba soñolienta. Mirando a los tordos, contestó: a lo mejor el señor tenía guardado el aerolito desde antes y lo levantó para que lo viéramos caer. 
Conviene pensar en lo que hablaste mientras esté calentito, dijo el papá. 
Traes clavitos nuevos; no se van a salir, dijo la mamá. 
Antes de retirarse, el pescador hizo un sapito en la laguna. 



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Nº 33 – Abril de 2011 – Año II


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