Nº 110 – Junio de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-5385 – Edición trimestral
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| Francisco de Quevedo y Villegas (Cuadro atribuido a Juan van der Hamen, pintor español, 14/9/1580 - 8/9/1645) Selección: Alanís Ahmed |
• Gustavo APPIGNANESI (Argentina)
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• Guillermo FERNÁNDEZ (Argentina)
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• María MORENO QUINTANA (Argentina)
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ÁLVARO BOZINSKY
Las siguientes obras
se encuentran en internet (Freeditorial, Neocities, etc.) con licencia Creative
Commons: Vacaciones eternas (2019), Johnny ha vuelto (2019), Racimo de Artemio (2020), Cuentos normales, raros y absurdos
(2021), Obras del escurridizo chivo
blanco (2022), Botero (2023), Detrás de las fotos (2024), Descansador (2024), El tratamiento (2025). Estas obras se encuentran en internet
(Freeditorial, Neocities, textos.info, etc.) con licencia Creative Commons.
Más sobre su trayectoria literaria y obras en Suplemento
de Realidades y Ficciones Nº 106: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/06/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html
YO
CREÍA QUE ERA ÉL
Álvaro Bozinsky ©
Recuerdo
que estaba en el living leyendo el periódico, esperándolo mientras mi esposa
preparaba el almuerzo. Cuando llegó del liceo, le mostré a mi hijo unas
revistas amarillentas que aún conservaba. Eran de entre 1960 y 1980, y
estábamos casi en el 2000.
—Esto era lo que yo
leía a tu edad —el papel estaba áspero, polvoriento, con olor a estar olvidado
en una caja de cartón durante años.
Dejó sus útiles, se
asomó entre las reliquias con el entrecejo fruncido, y siguió su camino.
—¿Qué? ¿No te
interesa?
—Cultura de masas. No
es gran cosa. En todas las épocas ha existido. Pan y circo. O, pan et circenses o algo así.
Tuve que insistir
varias veces, hasta que aceptó llevárselas al dormitorio, y prometió darles un
vistazo cuando terminara con sus tareas. Mi hijo era un buen estudiante, amaba
la literatura y la filosofía, aunque a veces era un poco pedante. Pero todos
hemos sido jóvenes, y nos hemos creído sabios.
Me olvidé del asunto.
A las dos semanas, volvió con la caja de revistas y un voluminoso libro en la
mano.
—Hay algo que tienen
en común tus revistas de canje y “Las mil y una noches” —dijo sopesando el
libro.
—¿En serio?
—Nunca voy a poder
terminarlos.
No le había gustado
nada de lo visto. Las de ciencia ficción, le parecieron especulaciones absurdas
que se desmoronaban ante la evidencia de la actualidad; las bélicas, eran de un
patriotismo exagerado, lleno de personajes insensatos; los superhéroes, no
cabían en un universo donde no reinara la más indecorosa falta de lógica; las
fotonovelas románticas, aparte de que todo era acartonado, podían servir para
entender la moralina de una época; la mención especial, era para “Killing”.
—¿De veras leías
esto, papá? Si se pueden heredar los traumas, estoy en grave peligro.
—Bueno. Era un poco
diabólico. Pero la atmósfera…
—Sí, sí, claro. Y un
litro de vino tinto.
Tenía razón. ¿Cómo un
tipo vestido de esqueleto, podía pasar desapercibido? Iba matando gente y sin
mucho esfuerzo, se disfrazaba de los occisos. ¡Barbaridad! Era maestro de la
imitación, adivinaba las personalidades de sus víctimas y pasaba nuevamente
desapercibido. El reloj pulsera no encajaba en tan macabro atuendo, y un
cinturón que lanzaba rayos, era demasiado escandaloso para la razón. Le causaba
gracia que la hebilla tuviera la inicial de su nombre, acaso para que no lo
confundieran con algún otro enmascarado que anduviera suelto por ahí. Había un
ejemplar en italiano, que le pareció curioso. Eso sí, dentro de lo cutre, la
estética no estaba tan mal, y la pistola con silenciador lucía muy bien. Para
la época, era notoria la producción que había detrás del artefacto.
—Esos italianos
siempre fueron muy ladinos. Han sido buenos empresarios y negociantes. Algo
artístico les ha de quedar de lo que robaron a los griegos.
—Ya no sé qué
contestar —me rendí.
—También tendrás que
admitir el abuso cometido contra las mujeres. Tenían que andar en prendas
íntimas, les daban cachetadas, latigazos, y las trataban de estúpidas. Bastante
misógino, por cierto.
Lo dejé que subiera
los primeros escalones de la escalera hacia el dormitorio, regodeándose con su
victoria.
—Hijo mío —le dije, y
esperé a que se diera vuelta—. Tienes razón. Pero con tanta literatura te
volverás un literato de verdad… Y qué horror será para mí, ver tu foto en las
enciclopedias, ¡rodeado por esos viejos carcamales!
Una noche no quiso
cenar. Le dolía el abdomen, y de a ratos tenía ganas de vomitar. Cuando yo tenía
diecisiete, me gustaba el tabaco y el alcohol. Bromeando, le pregunté si no
andaría bebiendo a escondidas. No estaba de humor, y su madre tampoco. Aunque
preocupada, lo dejó irse a dormir después de prepararle un té negro.
Cuando nos fuimos a
la cama, me hizo sentir su rechazo, y no era por mi broma fuera de lugar. Creo
que nuestro matrimonio no estaba funcionando bien. Supongo que las cosas que le
habían fascinado, le aburrían; tal vez, perdidos los mejores partidos y
obtenido el premio consuelo, éste le resultaba pesado y demeritorio; o el amor
había sido un convencionalismo que hubo de ser cumplido, pero que se había
desvanecido con el paso del tiempo. Pero esto lo pienso ahora, porque en su
momento, me habré conformado con cualquier excusa, con cualquier autoengaño.
A la mañana
siguiente, lo llevó al hospital temiendo que fuera apendicitis. Aunque era raro
verlo pálido y con alguna mueca de dolor, me pareció una exageración. Me fui a
trabajar.
Cuando volví, recién
habían llegado. Después de tortuosas horas de espera en la sala de urgencias,
le habían recetado un relajante muscular y reposo. Debía estar muy estresado
por el exceso de estudio, ante la cercanía de los exámenes. Como a tantos
otros, el médico le dijo que si seguía sintiéndose mal, que regresara.
Siguió sintiéndose
mal, y por la noche nos despertó con un grito. No aguantaba el dolor, y apenas
podía caminar. Entre los dos le servimos de muletas, y fuimos en taxi al
hospital.
Como siempre, la sala
de espera estaba llena. Entre gente que
tosía y se quejaba, aguardamos que nos atendieran, quizás una hora, o dos, o
tres. No sé si hablamos, o si sólo permanecimos en silencio hasta escuchar el
nombre de nuestro hijo. Habitualmente no prestaba mucha atención, sin embargo,
en tales circunstancias, podía sentir claramente el estigma de ser pobre, la
ausencia del Estado pese a la letra de la Constitución, la negligencia de los
individuos en el entramado social de la miseria humana. Cuando la desesperación
le ganaba a la paciencia, una enfermera acostumbrada a trabajar en la carencia,
lo hizo pasar acompañado por su madre. Había un solo médico de guardia. Luego,
hubo que esperar al cirujano. Aparentemente, se trataba de un cuadro de
apendicitis.
Tal vez pasaron otras
dos o tres horas. La puerta que separaba la sala de espera no tenía tranca, así
que entré a verlo sin permiso. El chico estaba hinchado y tenía diarrea. Fui
expulsado por el personal de seguridad, y amenazaron con denunciarme y hacerme
arrestar por la policía.
Mi hijo murió dos
días después. Tenía peritonitis.
Los recuerdos que
tengo de esa etapa son vagos y confusos. Quizás, violentos y tristes. Golpeé a
un médico que no tenía más culpa que la de llevar un guardapolvo blanco. Un
abogado cuyo rostro no podría definir, me defendió y pude salir con la orden de
no acercarme al hospital maldito. En vez de ir a trabajar, vagaba por la casa
como un alma en pena. Mi mujer no hallaba consuelo, pero roto el último vínculo
que nos unía, tampoco quería mi abrazo.
Un día, sin ver,
estaba mirando televisión. Sin embargo, algo poderoso llamó mi atención. En los
subtítulos, aparecía un nombre aborrecible, precedido por el cargo y la
profesión. Ya lo había visto antes, prometiendo diálogos con los subalternos,
reformas y mejoras. Un periodista del informativo local, estaba entrevistando
al director del hospital. Nunca podré saber lo que le preguntaba ni lo que
contestaba. Fui hasta la caja negra, la alcé, y la estrellé lo más fuerte que
pude contra el suelo.
Otro día, subí las
escaleras lleno de pensamientos absurdos y melancólicos. Entré al dormitorio de
mi muchacho, como si él pudiera estar allí, convaleciente. Me recibieron sus
cosas. Todo estaba perfectamente limpio y ordenado. El piso sin una mota de
polvo. La cama tendida, sin arrugas. El ropero distribuido en filas y columnas,
con la ropa planchada. Mi atípico adolescente, tenía su biblioteca de libros
viejos como si recién la hubiera lustrado. Hasta el escritorio había sido
repasado, dejando solo un cuaderno y un lápiz. Claro, después de la muerte, la
madre lo habría auxiliado.
Sin ser un padre
ausente, tal vez debí pasar más tiempo con él. Debí interesarme por sus gustos,
conversar acerca de estos aunque no entendiera nada. Me hubiera gustado tenerlo
y decirle cuánto lo quería. Pero ya era tarde.
—Te quiero, hijo —le
hablé al silencio—. La vida ha sido muy injusta contigo, y con nosotros
también. Es como cuando ves un pimpollo y alguien lo corta. Ya no habrá
esplendor de rosa…
Escuché su risa. Tuve
un sobresalto. Luego, más tranquilo, sonreí.
—¡Qué metáfora más
cursi! —en mi imaginación, se burlaba de mí.
Desde el más allá, me
venía a hablar de recursos literarios y figuras que yo no comprendía ni me
importaban. Pero de buena gana me quedé escuchándolo, aunque sólo fuera para
oír su voz. Me hubiera gustado que fuera real.
Me sentía muy
enfermo. No podía ir al hospital, porque tenía una orden de restricción, porque
de allí me habían sacado esposado, allí golpeé a alguien, allí mataron a mi
hijo. Aunque para mi enfermedad no existía cura, de algún modo, descubrí el
alcohol. No necesitaba consultar a ningún matasanos para que me recetara mi
medicina. Después de varias pruebas y muchas borracheras, aprendí a tomar la
dosis correcta del antiguo paliativo. Manteniendo la lucidez necesaria,
espaciaba los suministros de modo que podía vivir en una especie de limbo
etílico. Mas el límite de la inconsciencia seguía siendo difuso.
Siendo un fantasma,
la realidad no resultaba tan dura. Si antes me sentaba en mi sillón frente al
periódico, la radio o la televisión, ahora lo hacía en silencio acompañado por
mis remedios, mirando el fuego de la estufa. A veces veía pasar a mi esposa. Se
entretenía regañándome, removiendo heridas, o sollozando en el cuarto de
nuestro hijo. Mi hogar tibio, humilde y acogedor, se había esfumado.
Pasé bastante tiempo
en esta situación indefinida, hasta que me empezaron a doler las tripas más que
el corazón. Un día fui al baño y vi mis detritos manchados de sangre. La
medicina no servía. A medida que aquietaba el mal, generaba uno mucho mayor.
Cual producto de la industria farmacéutica, aliviaba por un lado y mataba por
otro.
La enorme frustración
ya no tenía escapatoria. La felicidad enseguida tropieza con sus límites, pero
el dolor y el horror no. Quería terminar con todo, pero no sabía por dónde empezar.
Entonces, tomé la caja que una vez le había dado a mi muchacho y la llevé hasta
la estufa. Como leña, fui echando las revistas al fuego, encendiendo mi
ensombrecida imaginación.
……
“Un rayo de energía
salió de la pistola, y alcanzó al coche que los venía siguiendo”.
Era una persecución
policial en automóviles que flotaban en el aire, y que se movían como bólidos
por autopistas que daban vueltas entre edificios de una metrópolis. La gente
que huía espantada de la escena, con suerte podía evadir aquellos rayos, pero
no el fuego que los devoró en pocos segundos, junto al vertiginoso e hipotético
futuro.
……
……
“Después de varias
horas de nadar sin descanso, el capitán Ravek había conseguido alejar a sus
enemigos”.
El capitán había
puesto los pies en tierra firme, y miraba de frente, bien peinado, posando en
espera del lápiz del dibujante.
“Días más tarde, de
nuevo al frente de sus hombres, volvía a poner en juego su vida en defensa de
su patria.
‘—¡Vamos muchachos!
¡A ellos! —Ravek a revólver, y tres paisanos un poco mejor equipados, habían
emboscado a tres soldados nazis que dejaban caer sus ametralladoras,
acribillados por los ridículos “bang” “bang”.
‘—¿Hubo suerte,
capitán?
‘—Esperemos que sí.
Pero basta de charla… ¡Acabemos con esa patrulla!”
Los que mantenían el
breve diálogo, arrojaron granadas presuntamente obtenidas de los soldados
abatidos.
“—¡Buen blanco!”
Un par de granadas
bastó para anular un Panzer.
“Y mientras el
capitán con sus hombres iba causando estragos en las filas enemigas…
‘—Pronto sabremos con
quiénes podemos contar para seguir la lucha.”
En esa guerra, todos
perderían. Patriotismo, intereses de Estado, vidas humanas con sus riquezas y
miserias, fueron a parar a la estufa.
……
……
“Pero los pistoleros
no cuentan con la velocidad y agilidad de Batman”.
El superhéroe voló a
ras del suelo, y abrazó una columna que sostenía el busto de un calvo
importante. Hubo dos “bang” que serían tiros de los malvivientes, como si
alguna vez en la historia un arma de fuego haya hecho ese sonido tan estúpido.
El golpe de columna
le dio de lleno a un tipo de traje anaranjado, haciéndole saltar el sombrero y
la pistola.
“Y los sicarios
caen.”
El de traje
anaranjado siguió cayendo, encima de él la columna rematada con el calvo de
aspecto de filósofo, debajo un tipo de traje verde a quien también voló el
sombrero y la pistola.
“Raudo como una
pantera, Batman los neutraliza golpeándoles con ambos puños…”
Traje verde y traje
azul quedaron noqueados.
“—¿Se puede saber
quién os envió? —Batman les apuntó con una de las pistolas.
‘—¡No podemos
decírtelo o nos mataría!”
El dolor de los
malhechores estaba representado por puntos, como mosquitas revoloteando sobre
sus cabezas.
“—Elijan, señores. ¡O
me lo dicen o les mato yo! —Batman hablaba en serio.
‘—Buenas noches,
Batman. El doctor Muerte le manda sus saludos.”
Se había abierto una
puerta, dejando pasar a un gordo vestido de turco con un revólver en su
diestra. Batman de frente, giró la cabeza noventa grados, sin desnucarse.
“—¡Y Jabah le
dispara! —apretó el gatillo.”
Las lenguas de fuego
lamieron criminales y justiciero hasta igualarlos en un puñado de cenizas.
……
……
“Pero Thomas no
espera la respuesta”.
El pelilargo toma a
la joven bonita, rubia y delgada por los hombros, y acerca sus labios a los de
ella.
“¿Dónde quedó la
euforia de ella? Se siente de hielo, con inmenso disgusto”.
Habrían estado
bebiendo, y ahora estaban en una cama, él tendido sobre ella. La muchacha
apretaba los puños, el muchacho le besaría el cuello.
“Esos gestos
impacientes que no logra rechazar…”
Pelo largo le desnuda
un hombro, y ella mira el techo con la boca entreabierta.
“Con tal que todo
termine rápido…”
La joven frunce el
entrecejo. Tal vez, lo que tanto parecía gustarle ya no le gustaba tanto.
Dentro de un
automóvil, él busca su mirada y le dice:
“—Estás muy callada.
‘—¿Te parece? —evita
la mirada.
‘—Para mí fue una
noche magnífica. Eres una mujer ideal. Moderna, sin problemas.
‘—¿Ah, sí?”
Esa incipiente
historia de amor, tan frígida y acartonada, necesitó del calor de las llamas.
Los jóvenes fueron consumidos en unos instantes.
……
……
“Pero Killing es
implacable. La hoja del cuchillo se hunde en la frente de la desdichada…
‘—¡AAAHH!”
Debió ser de un acero
muy fuerte para perforar el hueso del cráneo.
“La vida huye
rápidamente del cuerpo de Katia…”
Killing, el criminal
disfrazado de esqueleto, estaba parado pero dinámico, junto a los cuerpos
yacientes de un hombre y de Katia. El decorado era de un dormitorio que ya se
estaba doblando y echando humo.
“(—Y ahora, rápido a
la villa. Creo saber dónde encontraré el tesoro. Después me iré de vacaciones
con Dana).”, pensó Killing.
—No te irás de
vacaciones con nadie —le dije a la figura de la revista quemándose—. ¡Te irás
con todos al infierno!
El astuto asesino me
miró desde las llamas, antes de desaparecer de la hoja carbonizada. Al fin, el
merecido destino le había llegado.
GUSTAVO ADRIÁN APPIGNANESI
Es autor de varias publicaciones en revistas internacionales prestigiosas en temas de física, biofísica y fisicoquímica, ha realizado visitas de investigación y dictado conferencias y seminarios en distintos centros académicos del país y del exterior. Los aspectos vinculados al desarrollo de una visión, postura o forma de relación profunda con el mundo y, por consiguiente, la educación, son cuestiones por las cuales siempre se ha interesado, habiéndolas ya abordado en un ensayo titulado: Sobre la condición de amante y la libertad, una mirada al mirar (EdiUNS, Editorial de la Universidad Nacional del Sur). En cuanto a la novela Terra Incommensurabile, fue editada por Niram Art, España y por El Aleph, Buenos Aires.
Más sobre su trayectoria literaria y obras en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 65: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/03/realidades-y-ficciones-revista.html
LIBIA (O EL PEOR DE LOS DESIERTOS)
Gustavo Appignanesi ©
Libia, hija de Épafo (rey de Egipto en la mitología griega) y reina de
la antigua región del norte de África, estruja con impotencia su aridez dejando
caer una lágrima por la terrible acción de su amante Poseidón, señor de los
mares. Pues un niño, un pequeño Mozart, como cierto aviador gustaba
personificar a la belleza latente, a la potencia que habita en cada niño, en
cada hombre, yace inerte sobre una playa del país que actualmente lleva el
nombre de dicha diosa griega. Justo ella, que alguna vez se había apiadado de
aquel mismo aviador, varado junto a su amigo y navegante en el implacable
desierto de esa misma región, llora ahora al Mozart, al Ghandi, al Einstein, al
Mandela, al Khalil Gibran o al San Francisco de Asís que ya no será.
Imagina, Libia, el bello rostro del niño intentando en vano permanecer
por sobre la línea del agua, ya desencajado, preso del pánico en esa estéril
“lucha en superficie”, aferrándose desesperadamente al último sorbo de aire
antes de hundirse sin remedio. Imagina, con dolor, la lucha conmovedora de
Khalil (como bien podríamos llamar, entonces, al niño árabe) por mantener el
aire en sus pulmones, hasta que el inexorable líquido logra finalmente penetrar
y descender por las vías aéreas, generando una sensación de llanto y esa
terrible quemazón en el pecho que, según indica la ciencia, ocurre justo antes
de la pérdida de la consciencia y del fatal desenlace.
¿Habría sido ese fuego en el pecho del niño -aventuró la Diosa regente
del Desierto- similar a aquel otro ardor que casi ocho décadas atrás había
movido a su piedad? Ese fuego que insoportablemente abrasaba la garganta del
aviador, ya desfalleciendo y desvariando ante la tortura inhumana de la sed.
Pero un fuego que, en ese caso, era aplacado justo a tiempo por el agua
vivificante de un beduino salvador, un hijo del Desierto que éste, por voluntad
de su Regente, puso en su camino. –Agua que salva y agua que mata, ¡tan paradójicamente!
-rememoró la divinidad griega soltando otra amarga lágrima. Puesto que, así
como las aguas de Poseidón le habían negado piedad al niño, el piloto francés
también había terminado bebiendo del agua mala. En efecto, algunos años más
tarde de ser salvado del desierto y en plena Segunda Guerra Mundial, su
aeronave, aparentemente herida de muerte por otro aeroplano, un águila germana,
también había sido tragada por el Mediterráneo. –¡Aviones, …otra paradoja!,
musitó Libia-. Pues imaginó que aquel fuego en el pecho de Khalil bien podría
asimismo haberse emparentado con otros fuegos también con él inclementes: El
fuego del terror en su país natal, asolado por las luchas intestinas, y el
fuego que, viniendo de lejos, era soltado desde el cielo, precisamente, por
aviones de las potencias occidentales entre las que no faltaba el gallo de las
Galias. Fuegos que, en definitiva, habían arrancado al pequeño y a su familia
de su suelo natal para desesperadamente arrojarlos al mar en busca de un futuro
diferente.
¡Cuánto hubiera deseado Libia poder cortar con sus propias manos los
finos cabellos del tierno Khalil y arrojarlos al mar, como lo hacían los
antiguos griegos en ofrenda y sacrificio a Poseidón cuando se salvaban de un
naufragio! ¡Y cuánto hubiera deseado que Khalil nunca se hubiera tenido que
aventurar por el Mediterráneo! Más aún, ¡cuánto hubiera deseado que los hombres
hubieran aprendido de aquel aviador cuando escribió, agradeciendo el agua
salvadora!: “En cuanto a ti que nos
salvas, beduino de Libia, te borrarás, sin embargo, para siempre de mi memoria.
No me acordaré nunca de tu rostro. Tú eres el Hombre y te me apareces con la
cara de todos los hombres a la vez. Nunca fijaste la mirada para examinarnos, y
nos has reconocido. Eres el hermano bien amado. Y, a mi vez, yo te reconoceré
en todos los hombres. Te me apareces bañado de nobleza y benevolencia, gran
señor que tienes el poder de dar de beber. Todos mis amigos, todos mis
enemigos, en ti marchan hacia mí, y no tengo ya un solo enemigo en el mundo.”
Resulta tentador tomarse la licencia de imaginar que el pequeño Khalil
bien podría haber sido descendiente de aquel salvador beduino del Sahara; él, o
bien alguno de los miles y miles de niños, hombres y mujeres refugiados que son
continuamente expulsados por las interminables guerras *. Al fin y al cabo, así
lo hubiera sido para el aviador y escritor francés quien, desde aquel
acontecimiento en el desierto, sintió con fervor al beduino salvador en cada
uno de los mortales. El efectivamente lo hubiera reconocido, ahogado sobre la
arena.
Por otra parte, como también lo observara aquel amado aviador, Mozart
sigue siendo asesinado, un poco todos los días, en cada hombre. Pues, así como
el árido Sahara devora la vida, nuestra sociedad ostenta una terrible indolencia,
una falta de humanidad que genera el peor de los desiertos al vaciar las almas
de los hombres. Es ese mismo desierto espiritual lo que precisamente no nos
permite reconocer el hecho de que todos somos hermanos. Un desierto que no nos
habilita la visión de que “el otro” es, en realidad, “el prójimo”. Un desierto
que, en definitiva, no nos permite realizar el significado etimológico de la
solidaridad: “unirnos sólidamente”, “reconocernos efectivamente como parte de
los otros”, “hacernos uno”.
Sin embargo, algo sustrae la atención de la Diosa griega mientras
amargamente llora, junto al “Khalil” de hoy, a los miles de “Khaliles” que son
asesinados día a día a causa de la brutalidad del hombre. Y a los millones de
“Mozarts” y “Khaliles” (a la Belleza y la Bondad) que “mueren” en las almas
humanas a poco de nacer. Que mueren sofocadas por ese peor desierto que nos
impide ver la inconmensurable belleza y riqueza que mora dentro de uno mismo y
de cada uno de los demás. Pues aún entre lágrimas, Libia alcanza a divisar, muy
a lo lejos al otro lado del mundo, un apenas perceptible parpadeo lumínico cual
guiño esperanzador, acaso cómplice. Ya que perdida en la “noche sombría”, una
“luz titila sola”, “como una estrella”, “en medio de la llanura”. Y dentro de
la humilde casa, un niño, bello como Khalil, bello como todos los niños, posa
con devoción sus ojos, tan húmedos como ávidos, sobre un pequeño libro. Sobre
un libro en cuya tapa hay un simple dibujo de un niño de cabello dorado, de pie
en muy diminuto asteroide (sólo “un poco más grande que una casa”), quien está
llenando de estrellas sus pupilas y abriendo, a aquello que es “esencial pero
invisible a los ojos”, su corazón **.
* Como el
pequeño Aylan Kurdi, lamentablemente encontrado sin vida en 2015 en las playas
de Siria, cuya foto le puso rostro humano a la tragedia. Se estima que en la
región durante dicho año murieron más de 3.500 personas de entre la innumerable
cantidad de migrantes que se lanzan a cruzar el Mediterráneo hacia Europa,
mayormente desde las costas de Libia.
** Aquel
bendito beduino, aquel hijo de Libia, jamás podría haberse hecho una idea de
cuántos beberíamos de su agua. De un agua que se hizo sangre en el amado piloto
y una sangre que, a su vez, logró la difícil alquimia de hacerse tinta. Esa
tinta de la que tantos y tantos bebimos y beberemos para embriagarnos de
glorioso humanismo.
- - -
Si este texto ha resonado en ti, te invito a leer una
novela relacionada, “Terra
Incommneusrabile”. Resumen: Inmerso en el
dramático escenario de la conquista de América y del alumbramiento del nuevo
pueblo, un matemático se desvela por un fabuloso enigma nacido de un italiano,
una india y sus singulares hijos (la increíblemente bella siempre-niña, el
sacerdote-mago y el amante-guerrero). Por lo tanto, Terra Incommensurabile puede ser un viaje de aventuras que a lo
largo de tres generaciones nos lleva desde la fascinante América de la
conquista española hacia las refinadas universidades europeas y los coloridos
burdeles parisinos, para retornar nuevamente a las mágicas cumbres andinas. Sin
embargo, la profunda circularidad de dicho viaje lo es más desde lo metafórico
que de lo literal. Y Terra Incommensurabile nos invita a trascender la metáfora en una travesía por una geografía
mucho más compleja y cautivante, por un terreno ingente y atemporal. El del
alma humana y del atributo que comparte con todo cuanto existe: su inherente
inconmensurabilidad. Y de tal modo nos revela la tremenda belleza y
potencialidad que tiene para nuestra vida la atención a tan sublime cualidad.
“Terra inconmensurabile” está disponible libremente en pdf en:
https://www.scribd.com/doc/55948161/Terra-Incommensurabile.
https://drive.google.com/open?id=1EWqKC0lmo4i3pNbw7POzdNbEYrmfpAo5
EDWIN JAVIER ÁLVAREZ DÍAZ
En 2023 logró mención honorífica en el Premio Oscar Wilde 2023, certamen
literario de prestigio, realizado por el Grupo Bernavil Internacional a través
de su firma editorial en Venezuela.
Más sobre su
trayectoria literaria y obras en los números 105 y 108 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o,
por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
IG @soyeidenn
MUNDO
ATÓMICO
Edwin Javier Álvarez
Díaz ©
¿Y si fuéramos Todo
en Uno?
¿Y si fuéramos Uno en
Todo?
Quizá consideraríamos
amar como el mayor bien de todos, y empezar a descartar al miedo, al odio,
porque son los mayores males. En un mundo atómico, hacer daño al otro sería
dañarnos a nosotros, hacer herida sería el mayor pecado porque todos seríamos
parte de esa herida. En ese mundo: el amar, perdonar, apoyar, ser libre,
pensar, vivir, sería una regla absoluta, al hacerlo uno, lo harían todos.
Un mundo atómico
donde los prejuicios, el racismo, la xenofobia, la estupidez, la ignorancia y
el fanatismo estarían fuera de contexto, una práctica desfasada.
Sueño con un mundo
así, con un porcentaje de esperanza mayor a cualquier infamia, con la fe puesta
en la humanidad, caminando juntos hacia el porvenir del saber, del amor y el
progreso.
Estamos tan
acostumbrados a soñar con utopías, que se nos olvidó como caminar hacia ellas.
UNA
HIPÓTESIS INCÓMODA SOBRE EL AMOR
Edwin Javier Álvarez
Díaz ©
Tengo la hipótesis de
que el amor se comprende mejor en el sufrimiento que en el placer. Las
preguntas que solemos formular al respecto, considero, están mal planteadas. No
es: “¿por cuánto tiempo voy a amarte?”, sino más bien: “¿cuánto estoy dispuesto
a sufrir por este amor?”
Cuando
nos encontramos llenos de alegría y estabilidad, la pregunta por el sentido no
emerge. Sin embargo, en el momento en que el sufrimiento y la tristeza irrumpen
de forma violenta, aparece la verdadera interrogante: ¿vale el tiempo y la pena
luchar por una relación que ahora se muestra fragmentada por los defectos de
cada uno y por actitudes tan disímiles como irreconciliables?
Pensar
el amor únicamente desde el placer —algo comprensible— y no desde la capacidad
de resistencia a la frustración conduce, inevitablemente, al deterioro del
sentimiento. La idealización del goce nos vela la posibilidad de comprender que
el amor es dual, que no hay rigidez ni un camino perpetuo de felicidad.
En el
amor se sufre. Y el sufrimiento no es una tragedia ni un error de fábrica; es,
más bien, esa dosis de verdad que emerge paulatinamente en el encuentro de dos
seres que, en el proceso, aprenden a entenderse y, en última instancia, a
aceptarse.
GUILLERMO FERNÁNDEZ
Ha
desarrollado la investigación académica en el área de sociolingüística Publicó
en la revista Universos de la
Universidad de Valencia, en la Revista
Internacional de Lingüística Latinoamericana (Vervuert, Madrid) y en la Revista de la Asociación de Lingüística y
Filología de América Latina.
Es
Miembro Activo del Centro de Lecturas: Debate y Trasmisión, una institución en
la que el discurso del psicoanálisis se complementa con otras manifestaciones
de la cultura.
En
ficción publicó Sólo razones
(cuentos, 2005); las novelas Nadie muere
en un bello día (Del Dragón, 2010); El
cielo de Lucy (2012); Polonio espía
detrás del cortinado (2016); El
recurso de la noche (2020). Estas últimas en la Colección Novela Viva de la
Editorial Letra Viva. En el año 2018 publica Demonios en Jeppener (Editores Argentinos, 2018) y el año 2023 Detrás del sol, a través de la editorial
Diotima.
En el
área de las Revistas digitales es colaborador de Polvo.com con textos que ahondan en temas de literatura y de cine;
las revistas Hamartia, Socompa, El
esfuerzo conjugado, Pulpo y el
periódico semanal quirogapresencia,
coordinado por el psicoanalista Carlos Quiroga.
FUENTEOVEJUNA,
LO HIZO
Guillermo Fernandez ©
Las luces del
patrullero pegaban cada tanto en mi ventana. Escuchaba voces en la calle.
Algunos gritaban asesinos, por qué no se los llevan. Había tres pibes tirados
en el piso, esposados. Los apuntaban dos policías. Los alumbraban con linternas
para que las caras no se les borraran. Dieciocho años cada uno, dos con remeras
negras con dibujos de Bob Esponja y el tercero con la cara de Homero Simpson.
No se muevan, escuché desde mi puesto. Serían las tres de la mañana. La noche
agigantaba el frío. Quizá para que los pibes quedaran congelados de una buena
vez y todo fuera más fácil para la policía.
Se juntó
algo de gente que buscaba asegurarse del castigo. Estaban en ropa de cama. No
importaba. En el grupo de vecinos había quienes habían alcanzado a vestirse con
lo primero que habían encontrado. Una mujer grande, despeinada por el fastidio
y el sueño, dijo que los conocía. Rateritos son. Estos no aprenden más. Vi a mi
vecino en pijama. Sacó la cabeza de su refugio. Hay que matarlos. Las voces
retumbaban en el balcón. Pobre viejita murió de un golpe en la cabeza.
Apareció
una ambulancia. Se llevó el cuerpo en una camilla. Ya la habían cubierto con
ese plástico gris que usaban para que quedara claro su final. La mujer del pelo
revuelto intentó acercarse a la camilla. Uno de los camilleros la corrió con el
brazo.
Mi
vecino de pijama dijo en voz alta. Era la mujer de la plata baja. Forzaron la
puerta los hijos de puta. Seguro. Ellos saben todo. La deben haber seguido
desde el banco. Alguien de la vereda lo miró fijo. Hay que llamar a sus hijos.
Conversaron solo para provocar más vacío. Una hija la venía a visitar cada
tanto. Ella se arreglaba sola, una vez que se encontraron en la puerta de calle
se lo contó. Había otro hijo en Córdoba. Venía para los cumpleaños y para las
fiestas. No se sabía a quién le importaba la vida de la mujer. Los policías se
ocupaban de los detenidos. El del dibujo de Simpson gritaba que la mujer estaba
muerta cuando entraron al departamento.
Uno de
los oficiales le apuntó en la cabeza. No mientas pendejo. Había un palo en el
comedor. Le pegaron. Ella estaba muerta en el comedor. Vas a contar todo. El
policía le puso el revólver en la nuca. Con la otra mano, le levantó la cabeza
y se la golpeó en el piso. Dejó una marca de sangre en una baldosa. No me
pegues. No la matamos, dijo el primer Bob Esponja.
El grupo
amenazaba con pegarles. El hacer justicia resonaba en el aire. El policía
levantó el arma y los frenó. Ellos pedían que todos bajaran para el castigo.
Las luces de los departamentos linderos se prendieron. El encargado del
edificio fue el primero en aparecer con un martillo. No había tiempo que
perder.
El del
quinto B apareció con una pala. Mejor hacerlo ya. Estos entran a la cárcel y se
van en dos días. Uno de los agentes pidió refuerzos. Iba a decir tengo miedo,
pero se detuvo. La gente veía culpables en todos lados. No iban a distinguir
uniformes perdidos entre la ropa común.
Hasta la
mujer despeinada pedía a gritos que trajeran palos. Pobre abuela. No iba nunca
a poder asistir a su venganza. Somos vecinos o qué, decía con los brazos
abiertos, pidiendo algo de justicia, al cielo.
En
minutos se había formado un cordón humano con cuchillos. El segundo Bob Esponja
quiso mirar la escena. Uno de los agentes, por miedo a que el descontrol de los
vecinos, lo viera cómplice, le pegó una patada en la cabeza. Eso los enardeció.
Eso, eso. Otra más, por la viejita.
Una
fuerza lo llevaba a seguir con el castigo. Los tenía con las manos a la
espalda. No podían defenderse. Por un momento se le pasó por la cabeza, el escalafón,
la valentía y la idea de eliminar para siempre la chaqueta azul manchada por el
miedo, o peor aún, la complicidad con el delito.
Se quedó
paralizado. Su compañero le pidió que se detuviera. Había adivinado sus
intenciones. En la Escuela de Policía les habían enseñado a intuir.
Bajé a
la calle. Tuve que esperar el ascensor. Cuando llegó a mi piso, ya venía
ocupado por hombres y mujeres decididos. Me encontré con los detenidos
acostados en la calle. Uno de ellos, el Homero Simpson, inconsciente.
Los
agentes hablaban entre ellos en voz baja. Estaban seguros de algo. No iban a
dejar de ser otras víctimas. Odiaron a la viejita, a esa bolsa gris con cierre,
a ese bulto que cada vez tenía más vida, que arrastraba tanta sangre en toda la
vereda para señalar culpables. Ella ahora no vería aquello que había
desencadenado.
Una
muerte forma parte de un eslabón, una cadena de hojas foliadas con fotos que
nunca tiene fin. Ni siquiera una carátula ayuda a condenar, a determinar el
número de cómplices. El miedo de los policías era el hecho de formar parte, de
que quizás, alguno de los vecinos, pensara que habían llegado tarde, como
siempre, y la viejita no había podido defenderse de los Homero Simpson, de Bob
Esponja por la demora.
Escuché
que un hombre con el saco del pijama desabotonado, creo que vivía debajo de mí,
dijo qué hacemos con estos dos. Comenzaba un murmullo, ese balbuceo que inicia
la caza de culpables, ese, pero sí tiene razón. Otro, con cara de ver mucha
serie intervino. Les pegaron con violencia. Hay una fuerza desproporcionada.
Tampoco se sabe si la mataron. Nadie entró al departamento para ver.
Hubo
silencio. Miraron a los policías. A las cuatro de la mañana, frente a un
edificio con las puertas abiertas como para dejar en libertad cualquier tipo de
sospechas, es muy fácil caer en el abismo de la duda y en el de la violencia.
Miré
cara por cara. La injusticia pide, aunque sea una victoria rápida, un consuelo.
Tampoco
hay dinero. Uno de los agentes intentó sacudir a un Homero Simpson. Lo iba a zarandear
contra las baldosas. Con un grito lo detuvieron. Escuché que alguien en voz
baja murmuró vos ya hiciste suficiente.
Ese
ruido, parecido a una voz, creció. Había que justificar la sangre de Bob
Esponja y la de la señora. Nadie dio la orden. Pero estaba implícito que la
sangre lleva sólo sangre consigo. La única sangre que corría por la calle iría
a repetir otras. No se escuchó un solo disparo. No había necesidad de seguir
alarmando a esa altura de la noche.
A los
pibes los arrastraron por la vereda. Los apilaron a los tres. Las remeras
quedaron manchadas. A lo mejor las siluetas estampadas de Bob Esponja y de
Homero Simpson colaboraron con un crimen tan incierto como el mismo castigo.
Un
hombre en camiseta y con una cuchilla en mano buscó causas. Todos lo
escucharon. Los policías habían llegado tarde al lugar del hecho. La furia
misma equivoca inocentes. Gritó que la
abuela hubiera exigido justicia.
Aquello
que vino después fue un acto repentino y plural.
Rodearon
a los policías. Alguien amagó trompearlos. Ellos no pudieron sacar las
pistolas. Se les echaron encima para buscar el dinero de la abuela. No va a ser
la primera vez que roban. Cayeron de rodillas, junto a los pibes. Sáquenles el
arma, se escuchó como una sola voz. Dos vecinos bajaron con linternas. Buscaron
los billetes.
A esta
altura, el dinero importaba menos que las pruebas. Ya eran cuerpos castigados.
No había inocentes.
Dos
hombres forcejearon para sacarles las pistolas.
Después siguieron los disparos. Uno dio en la cabeza de un agente. Los
otros fueron respuestas al núcleo compacto de vecinos, sin caras, pero con
decisión de matar.
Ninguno
de los bandos pudo frenar el gatillo. La violencia se repite, se desplaza en
silencio, gana la calle. Había que seguir hasta liquidar al otro. El peligro es
una navaja que recorre una garganta. Cualquier movimiento corta. Utilicemos el
mismo revólver. Pudo ser una pelea entre ellos. La idea convenció. Ya no había
nada para discutir. Todas las cabezas asintieron cuando sonó el balazo. Los
ponemos uno arriba del otro como cómplices. Hablaban en voz alta para animarse.
Apagaron
las linternas. Adentro del patrullero había una mochila. En la oscuridad fue
bulto.
Lo demás siguió como
indica una crónica que da cuenta del deber comunal cumplido. Un Bob Esponja
desde el piso vomitó.
Vino un
patrullero. También tarde. Una revuelta en la calle. Más bolsas grises con
cierres relámpagos. Las preguntas fueron las que se necesitaban para llenar
hojas y folios.
Fui uno
de los tantos para declarar. Me atendió una oficial con la pintura de labios
corrida. El rojo se le escapaba en cada bostezo. Bajé la vista. Se había
quitado los zapatos para estar más cómoda. Mientras se rascaba la cabeza, me
preguntó si sospechaba de alguien.
No sé si
escribió mi respuesta. Firmé para convencerme de que había participado de un
acontecimiento y así llevar puesto el uniforme que me da la justicia.
FRANCISCO JOSÉ BLAS SÁNCHEZ
Premios: por Blog del Día, de
Marta Sanz. Su blog: https://pensamientossobredulcinea.blogspot.com.
Primer Certamen de Canciones y Poemas Nuestra Señora de la Inmaculada. Diploma
internacional de temática sobre poesía (Argentina). Colaboración Poesía
Internacional XV Antología Poética Asociación Cultural Sierra Morena, Jaén.
Diploma Reconocimiento en modalidad Poesía de la Asociación Cultural Sierra
Morena, Jaén. Diploma Narrativa XV Certamen de Creadores por la Libertad y la
Paz.
Ha colaborado en las revistas de creación Empireuma, Ágora, Las Nueve Musas y Revista Aullido. En el portal Escritores.org,
el blog Frutos del tiempo y Aguamarina.
Articulista en la desaparecida revista sociocultural La Lucerna, La Vega Es, Activa Orihuela
y en el periódico La Verdad.
Articulista en Forum Libertas, Diario
Digital Católico y en el periódico El
Español.
Tiene publicados varios poemarios: Tristezalegre
(Celesta, Madrid, 2018), Tragicomedia
(Celesta, Madrid, 2021), La Libertad del
Alma (Celesta, Madrid, 2022), Mujer
(Celesta, Madrid, 2023), Arcano,
Alborada, Libertas (Celesta, Madrid, 2024), Alma de poeta (Celesta, Madrid, 2025) y Anhelado Oriente y hadas verdes (Talón de Aquiles, Valencia, 2026).
AMOR HISTÓRICO
Francisco José Blas Sánchez ©
En el despertar de mi conciencia descubrí una bonita vivencia (con un poco
de tinte gris) que todavía hoy recuerdo, pudiendo saborear, por ser el
resultado de mi existencia, comenzando todo, con dos jóvenes personas
desconocidas que la amistad unió. El joven podría haber sido como un plebeyo
del reino de Aragón, aunque su corazón era noble, y, tenía espíritu de soldado,
sin querer ser cruento en la batalla de la vida. Este joven ayudaba sobre todo
a su padre en las tareas del negocio familiar, estudiando a la vez para poder
tener un futuro más agradable. Contaba con muchos amigos y era muy responsable
con todo lo que acontecía en la familia. Transcurrían los años y buscaba el
amor de una joven, resultando ser truncado por la muerte de ella. Este joven
caminaba triste sobre la arena contemplando el inmenso mar ante sus ojos vidriosos
y en ese mismo instante lleno de tristeza una bella joven le hizo dibujar una
sonrisa en su boca. Los dos se miraron a los ojos y a los ojos del alma también
se miraron.
Tuvieron sus primeras palabras, miradas y sonrisas, con el resultando de
próximas citas donde se conocerían más esta pareja de amigos. Ella era una
joven como si fuese una plebeya del reino de Castilla, muy responsable,
trabajadora, normal, sencilla y tenía un corazón rebosante de amor. Hubiera
sido una gran dama en una sociedad jerarquizada. En el interior de ellos dos
nació sin duda alguna un amor verdadero.
Ese afable testigo omnipresente, con el paso del tiempo los unió en una
inquebrantable amistad. Podrían haber sido perfectamente los dos unos
príncipes; él como príncipe de Aragón, y ella como princesa de Castilla,
uniéndose los dos reinos por amor. La apariencia y la realidad decían de ellos
que eran tan sólo unos ciudadanos de a pie o, como unos plebeyos más en cierta
época de la historia, aunque en la vida espiritual, eran reyes del reino
enamorado donde estaba su hogar y realizaban su trabajo.
Pasados pocos años, el
único rey de todo rey los unió en matrimonio y fueron cuatro sus frutos por el
amor verdadero que se tenían los dos. El primer fruto llevaba por nombre
alegría; el segundo, responsabilidad; el tercero, apoyo; y el último,
esperanza. Eran como dos infantes y dos infantas, pero sin duda eran cuatro
pilares donde se apoyaban sus padres por los avatares de las tristezas y el
sosiego de las alegrías.
Transcurrieron muchos
años, años de duro trabajo, de muchas discusiones y de muchas reconciliaciones.
Pero siempre estuvieron unidos y la gracia de Dios les acompañaba. Como si de
un heraldo se tratara, notificó una trágica información, resultando ser la
existencia amarga, por la amenaza de muerte de una enfermedad letal del
patriarca de la casa, del reino del amor. Su esposa estaba muy preocupada,
también estaban muy preocupados sus hijos y amigos. Los frutos de amor del
sencillo matrimonio no querían que él marchitara. Todos estaban pendientes del
padre de familia, su esposa, sus hijos, todos sus amigos y conocidos. Uno de
los hijos quiso hablar con una persona experta en la enfermedad e investigación
del cáncer, como si fuese un infante de un rey, y, que pudieran atender a su
padre los médicos de la capital de España, Madrid, como si de un reino se
tratase, porque sería un cáncer mortal, en una ciudad de provincias, como la
peste en cualquier aldea, de cualquier reino, de cualquier época, por no tener
suficientes medios para atender a su padre agonizante. El infante del reino de
la amistad diría a la familia que los ayudarían.
Demasiada amargura,
demasiadas lágrimas, sobre todo las lágrimas de su esposa. Ella decía: “¡Oh
Dios, tanto que amo a mi marido por favor no me lo arrebates así!”. “¡Ay de
nosotros que no somos ricos, que en otra vida hubiéramos sido sólo unos
plebeyos!”. El esposo empeoraba con el paso de los días y su mujer alertó a sus
hijos que avisaran a los médicos y enfermeros, y, éstos, venían al encuentro como
si fuesen los soldados de un rey. Pero, ya era demasiado tarde. El poco hálito
de vida que le quedaba al plebeyo, príncipe y rey de Aragón ante los ojos de
Dios, agonizante, le dijo a su esposa que la cruel hora llegaba y tenía que
marchar, pero no sería el final y ellos volverían a juntarse y murió
diciéndole, que, lo único que le hizo feliz en toda su vida fue amarla. Casi
toda la ciudad lloró su muerte como si hubiera sido una aldea de otros tiempos
en donde todos se conocen.
Decidió su mujer esparcir las
cenizas de su esposo allá en la tumba del mar, en el mar mediterráneo donde se
vieron por primera vez. En ese inmenso mar que está a treinta kilómetros de la
ciudad de Orihuela (Alicante), como si se tratara de una aldea del reino de
Aragón. Ella desde que se unió con su marido dejó Alquerías (Murcia), como si
hubiera sido una aldea del reino de Castilla. Hoy día lo siguen recordando y
llorando con disimulo. La que fue la bella joven enamorada, como si hubiera
sido una plebeya o, dama enamorada, férreamente se agarra a sus pilares en la
tierra de su marido donde tantos y tantos amigos y amigas tiene. Donde cada
noche duerme y sueña con su amado y éste le susurra que no está sola, que tiene
sus frutos con ella: La alegría, la responsabilidad, el apoyo y la esperanza.
ENTRE MIS BRAZOS
Francisco José Blas Sánchez ©
El hontanar
se quería vaciar,
el fuego quería
apagarse,
el viento
no quería soplar,
la tierra
quería ser marchita.
Pero no.
Entre mis brazos
llegaste al paraíso
en un instante,
después de unas sonrisas,
después de una conversación,
te despediste con una mirada
que se apagaba aquí en lo terrenal,
aunque estás vivo en otra dimensión.
INTEGRACIÓN
Francisco José Blas Sánchez ©
Este páramo presente
de mentiras cosechadas,
que no siegue la paciencia sembrada.
En el momento tempero
el dolor olvidado y tirado al humus,
pueda leer en la historia
la tenacidad y heroicidad
de ser simplemente amigos
y que haya la única diferencia
de que no haya diferencia,
sea el paisaje el mismo en su diversidad,
sea el paisanaje el mismo,
esté el hombre enamorado
paz sea su siembra
y como fruto:
hermanos todos
de cualquier etnia.
Abra las puertas el palacio de la sabiduría
a la integración.
La condición
la impera el dinero.
Dinero a veces diabólico
más valido que cualquier raza y credo.
El poder está en nosotros,
el poder es fraterno
y no lo sabemos.
MARÍA MORENO QUINTANA
Tiene varios libros
pendientes de publicación. Participó en dos antologías de poesía
latinoamericana. Profesora de yoga. Estudió periodismo, estudia Filosofía en
Más sobre su
trayectoria literaria y obras en los números 85 y 92 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o,
por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
Fragmento de su poemario Desde el
potrero:
en su nido
enardecida por la promesa
de un encuentro cercano
a orillas de esta luna
al orden calma o perpleja
vaivén de espigas
su mente obliga
y siempre es mejor olvidar
oscura percepción del espacio
hambrea pero conmueve
detonada
en su afán meticuloso
de reinventarse
se desdice con lamento otoñal
desde la nube soberana
esculpe un modelo de felicidad
despoblada a la vera del río
por esta distorsión contradice
la energía paralela al rumbo
del ángel con sus labios pétalo
en el pico de la razón
cargada de honores
en su colmena reina la virtud
oscila entre salvarse o enfrentar
ceremonia donde alinearse
una vez arribada la sombra
desatada tuerce el rumbo
hacia su propia guarida
la arrebata el fantasma
de este sueño latente
vendrá esta lluvia a esclarecer
con su sonido punzante
la dimensión del otoño
que cosecha sin más
gamas y sueños
cerca del último sol
este lugar de ensueño
late con el mundo
sin saber siquiera
el motivo
ella pedía poder dormir
con las estrellas o a pleno sol
llevaba en sí un cansancio
tan grande como su corazón
va a caer
a ras del potrero
arado por los discos
con un guiño a los ojos
que aún lo miran
trata de contenerla
feliz de sí
habitada por el hada
multiplica su deseo
de paz
OMAR ROLDÁN RUBIO
Ha publicado cuentos,
relatos, ensayos y poesías en las revistas mexicanas Umbrales (Tamaulipas); Crónicas
del Emir (México D.F.); Eclosión,
Escafandra, El Reloj, Revista 13 y Terraplén
(Hidalgo); Va de Nuez (Sonora); Tercer Ojo (Michoacán) y Alterna Palabra (Jalisco).
También ha publicado
los poemarios: Sueño de Miércoles y Mayo
(Ediciones El Aduanero, México D.F, 2002), del
Viento y la Mirada (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo,
2009), Para Acabar el Año (Literaria
Editores, Guadalajara, Jalisco, 2010), Éxodo
Hacia Ninguna Parte (Conaculta y Cecultah, 2014); así como poemas sueltos
en las antologías 100 Poetas del Mundo
(Cultura, Arte y Tradición A.C., Zamora, Michoacán, 2006), El Sol Desmantelado: W.H. Auden Revisitado (Ediciones Alb@tros
Press, Pachuca, Hidalgo, 2006), Del
Silencio Hacia la Luz (Ediciones Sur, Mérida, Yucatán, 2008), La Mujer Rota (Literaria Editores,
Guadalajara, Jalisco, 2008), Tributo a
Sabines (Ediciones Fridaura, México D.F, 2010).
Desde el año 2017, a
través de las redes sociales, ha publicado en la tienda de libros AMAZON.com,
los siguientes e-books: Sueño de
Miércoles y Mayo Versión X (poemario); Otredades,
bitácora de travesías inconclusas e inconexas (cuentos y relatos); Anacrónicas de lo Perverso Cotidiano
(ensayos breves y crónicas humanopolíticosociales) y Utopía El juego final (cuento utópico sobre fútbol).
Más sobre su
trayectoria literaria y obras en los números 91, 94, 103, 106 del Suplemento de Realidades y Ficciones.
Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
y en Realidades y Ficciones – Revista Literaria
ha publicado artículos en:
• https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2021/12/ (Nº 48)
• https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2022/03/ (Nº 49)
MI ÚLTIMO DESEO
Omar Roldán Rubio ©
Las imágenes de aquel primer encuentro son, en su mayoría, nebulosas.
Sin embargo, algunos aspectos como los altos y entonces jóvenes fresnos sobre
las orillas de la espléndida calzada —antes llamada De las Hortalizas, y
después, seguramente en honor a la batalla sostenida contra los franceses,
Cinco de Mayo—, han quedado claros en mi memoria; nítidos como la estación del
ferrocarril ubicada en la colonia Mimila, o la figura de mi madre en aquella
fría mañana. La calidez de su mano apretando la mía mientras caminábamos aprisa
sobre la calzada para llegar a tiempo de tomar el tren con rumbo a Ciudad X.
Del viaje recojo el inmarcesible traqueteo del tren, los bucólicos
vapores entrando por los resquicios de las ventanillas y de los muros del
vagón, los olores a dulces, café, atole y tamales que subían en cada poblado
con los vendedores. Pero sobre todo recuerdo el tono manso y profundo de
aquella voz contándome de hechiceros y faunos y bosques de extraños árboles
habitados por hadas. De remotas batallas entre guerreros inefables y viajes en
tren hacia lugares lejanos e inauditos; y luego esa tonadilla que silbaba en
los intersticios de sus relatos y que, durante los lapsos en que me dormía,
atravesaba mi descanso invadiendo mis sueños. Sonido que se escondería en el
desván de mi memoria y que, años más tarde, me asaltaría en otras
circunstancias.
Cansados del largo recorrido, aún somnolientos, mi madre y yo escuchamos
el agudo grito de la locomotora anunciando su pronto arribo a la Estación
Central. Bajamos pronto del vagón y recorrimos el andén hacia la salida. Mi
madre presionó mi mano y me enfrentó al espanto de una ciudad plena de gente y
extremadamente ruidosa para mis provincianos tímpanos. Por instinto cerré los
ojos al tiempo que tapaba mis oídos. Entonces comencé a tararear la tonadilla
escuchada en el tren. Mi madre me tranquilizó y me ordenó callarme. Lo logró a
medias porque seguí, ¿por cuánto tiempo?, siseando el ritmo aprendido. Corría
un mes de octubre.
Diez años después, otra tarde de otoño en que sufría mi primer desamor,
eché a caminar hacia ninguna parte y entré, sin proponérmelo, a la Calzada
Cinco de Mayo por su lado sur. En otro escenario hubiese disfrutado la
lobreguez de los fresnos, la frescura del espacio, el aroma a siempre viento
nuevo, la danza de los pájaros al canto del cenzontle, la crujiente arenga de
las hojas bajo mis pies; pero esta vez sólo atiné a sentarme bajo uno de los
guardianes del tiempo y de la vacuidad. Recargué mi espalda contra su corteza y
metí la cabeza entre mis rodillas. Justo entonces escuché claramente cómo se
iba acercando un armónico sonido que reconocí de inmediato. Sin levantar el
rostro percibí una cálida energía junto a mí. La voz sonó extraña, como si
germinara de algún lugar remoto. Me confortó diciendo que mi malestar pasaría
pronto, que no valía la pena sufrir por nada y que, en recompensa a este tipo
de pasajes, más tarde o más temprano, siempre habría dejos felices.
Luego de una larga pausa comenzó a contarme parte de su vida. Era
huérfano y andaba, desde hacía algún tiempo, hurtando las ocasiones para que
coincidiéramos. Su madre, a causa de una enfermedad irreparable, había muerto
joven, por lo que él quedó al cuidado de su padre -quien pertenecía al grupo
que plantaron los árboles bajo los cuales estábamos-, un buen hombre dedicado
al trabajo y que lo educó con esmero enseñándole, entre otras cosas, a amar
esta tierra donde nació.
Al igual que él, su progenitor fue hijo único, y su abuelo, hortelano y
guardagujas, también había participado en la construcción de la antigua Calzada
de las Hortalizas. Su demás ascendencia, paterna y materna, se perdía en dos
vertientes: una occidental y otra surgida en el sureste, cuya ramificación se
había asentado en esta parte de la región desde antes de ser fundada como
Tulancingo.
Respecto a la tonada me contestó que era tan antigua como la creación
del universo, inherente a lo humano en los tres tiempos, surgida desde los
cuatro puntos e inmersa en las cinco realidades del hombre para retumbar seis
truenos en su gran vacío; por tanto, línea en el tiempo, destino.
Por todo eso sostuvo que nuestro encuentro no era fortuito. Dijo también
que, más adelante, cuando todo estuviera dispuesto, nos encontraríamos una
tercera vez y que entonces me indicaría lo que debía hacer. Luego de un gran
silencio escuché la tonada abismándose en algún punto inexacto.
Veinte años después nos reencontramos en el mismo punto. Era una tarde
calurosa y nos resguardamos del azote del sol bajo el frescor de los fresnos.
La Calzada entonces comenzaba a ser ruidosa por la invasión de automotores y la
cada vez mayor presencia de personas deambulando por ese espacio antes sosegado
que, sin embargo, aún conservaba su talante natural.
En eso pensaba y de pronto el tiempo se detuvo, el barullo se apagó y me
pidió que escuchara atentamente. Luego de agradecer mi disposición para llevar
a cabo su deseo me explicó a detalle lo que quería. Por último, al igual que
las veces anteriores, se fue, aunque yo tuve la percepción de que no se iba
sino que regresaba de algún punto indefinido.
Cumplí su encomienda tal cual la indicó, y fue entonces cuando decidí
propiciar esta línea contigo. Ahora comprenderás claramente todo: nuestros
anteriores encuentros, el sentido de la tonada, la conexión que nos une. Así
que, agradeciendo tu aceptación te pido que… En el silencio de la tarde, a lo
lejos se oyó claramente el característico canto del cenzontle y luego una
parvada de pájaros cruzó La Calzada seguidos de un viento suave que hizo crujir
las hojas sobre el camino… Sé que mañana, cuando deje de ser presencia,
cumplirás lo prometido, y sé también que iniciarás la búsqueda de alguien a
quien le pedirás lo propio.
Todo está dispuesto: ordenarás cremar mi cuerpo y recogerás las cenizas
para diseminarlas, como yo lo hice con aquel que a su vez lo hizo con otro y
éste con otro y aquél con alguien más, entre los troncos de los fresnos
guardianes de La Calzada, para seguir siendo polvo de esta tierra; hojarasca,
alimento y canto de las aves, aroma a viento siempre nuevo.
JOSÉ ABELARDO FRANCHINI
Nació en Hurlingham (Provincia de Buenos Aires), Argentina, en 1972. Cursó estudios primarios en La Serranita, donde reside, y secundarios en Alta Gracia (Córdoba). Es periodista y escritor, para lo primero hizo un curso terciario y posee un título de Técnico en Medios de Comunicación. Colaboró como periodista en el periódico de circulación nacional “Question Latinoamerica” que dirigió Gabriel Fernández y en “Topia”; escribió columnas para radios y le leyeron varios relatos en el programa “Las noches y los cuentos”, de Isabel Pisano, en Radio América (AM 1190), de Buenos Aires. Ha publicado dos trabajos literarios en la revista digital “Archivos del Sur”, que dirige Araceli Otamendi, y en “Luke” de Álava, País Vasco, España. Parte de sus obras, están en internet. Se considera dentro de la línea del existencialismo que fundaron y desarrollaron Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia en Italia y Ernesto Sábato en la Argentina, que expresa lo subjetivo, en contraste o en fricción con la realidad exterior, lo complejo de la existencia.
abelardofranchini@yahoo.com.ar
Quelques paroles pour
Annette pendant un insomnie au petit matin
(Unas palabras para
Annette durante un insomnio en la madrugada)
José Abelardo
Franchini ©
Y es el pasado
Annette, es esa mística de los Idus, los días postreros, y te escapas, me
escapo: ¿y adónde voy?, ¿y adónde vas? Es la furia de Odín, de nuevo en la
Selva Negra o los Vosgos. El rumor del reloj en el silencio de la madrugada. Y
la luz eléctrica blanca y el cielorraso gris metálico.
Estoy volviendo y vos
sólo querés huir, ¿por qué Annette? C’est
dificile volver a ese lugar y constatar que ya no estás, la estación de
trenes de Lille casi desierta, con algún que otro transeúnte caminando o
esperando. Sólo este dolor en el costado, es duro Annette.
Y me enteré de la
muerte del escritor colombiano Gabriel García Márquez y, aunque alguien con
talento, autor de buenas obras literarias, el hecho me contraría por tener
Colombia una idiosincrasia dura, cerrada, conservadora y antieuropea, en buena
medida un hispanismo tradicionalista coaligado con los acervos indígenas de esa
región, los Quimbaya, los Muiscas, los Calimas, los San Agustín o los Tierra
Adentro —al menos estos últimos hacían estatuas de piedra y trabajos en
cerámica—, pero esa combinación que dio por resultado una impronta reaccionaria
que se reflejó en un presidente como Álvaro Uribe, que apoyó a los
paramilitares, la persecución a las guerrillas de izquierda y a los activistas
campesinos y en definitiva una democracia condicionada, se vio reforzado con la
elección de Iván Duque, otro gobierno de derecha, que prácticamente dio fin al
Proceso de Paz —cuando la elección de Gustavo Petro el Candidato Progresista
hubiera sido un cambio positivo y necesario— y da continuidad a un estado de
opresión de coacción antisocial.
No sé cuándo será el
Armagedón, siguen pasando los años de este nuevo milenio, la postmodernidad,
con su carga “realista” y “decantada”, “a la luz del sol”, después del
subjetivismo “mojado” del siglo XX, ahora las cosas se reproblematizan después
de los 90’, pero es como que seguimos de vuelta, ya lo vivimos “todo”, “el fin
de la historia”, como lo conceptualizó Francis Fukuyama.
Y estuve en Escobar,
junto a la estatua de Rosas y con María Sackler o en la Panamericana viendo las
luces de Buenos Aires, en el horizonte, con un matrimonio amigo —Ricardo
Sabalza e Inés— o frente a la Torre de los Ingleses, en Retiro. Quizás esté en
Uruguay dentro de unos meses, veremos. Sí, es la maldita realidad, como lo
decía en ese relato, “Esa realidad tirana que se ríe a carcajadas / porque
quiere que me canse de buscar”, decía Alejandro Lerner en una canción (“Todo a
pulmón”). Y escapo por el espejo a la otra dimensión al gris-nada, a otro
tiempo, a esa cavidad blanca, de paredes blandas, subjetiva poesía de otro
tiempo, de mi autoría.
Y son estas líneas,
Annette, y la inquietud que trato de que no se vuelva desesperación. Ellos
estuvieron y el encuentro fue amable, se explicó todo, se despejaron las dudas…
¿el futuro puede ser amable, racional? Quizás.
Y ahora en Turingia,
los gnomos y los druidas de ese pasado y ese futuro remotos, el anillo de los
Nibelungos, el río Rin, Westfalia, Viggo Mortensen y Frodo, los soldados del
Bien contra el Mal, las Bestias.
Son los mil
kilómetros de distancia hasta el Río de la Plata y otros varios miles hasta
Bruselas y el Mosela y la Place de la
Vêndome en París, la estatua de Napoleón Bonaparte y el dolor, este agudo dolor
por todo lo que pasó, Annette, y no tuviste la culpa vos y yo tampoco, pero
pasó, ahí está la memoria de testigo.
Septiembre de 2013,
avanza el siglo XXI, y estamos esperando que los robots y los autos eléctricos
formen parte de la cotidianeidad, para que el futuro imaginado en los ‘60 no
sea prosaico (todavía la gente usa saco y corbata y los autos consumen nafta y
echan humo). Veremos, certainement.
JESÚS QUINTANILLA OSORIO
Ha obtenido numerosos
premios, entre los que destacan, Premio Internacional Ensayo Periodismo, en
Limaclara, Argentina (2012); mención honorífica internacional de
Ha publicado en las
revistas The Upper Room de Nashville
(Tennessee, Estados Unidos, editada en 40 idiomas), Prisma (México, 2016), Ecos
Cotidianos (México D.F.), Migraciones
Forzadas (España, Inglaterra, editada en cuatro idiomas), Le chassieur abstrait (Francia), entre
otras.
Más sobre su
trayectoria literaria y obras en los números 91 y 98 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o,
por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
DON CALAM, RECUERDOS DEL AYER
Jesús Quintanilla
Osorio ©
Sobre la calle Tlaxcalaltongo, en la esquina con la avenida, tenía su
tienda Don Calam.
Tuve el privilegio de conocerlo en los años 80 en Chetumal Quintana Roo.
De fácil conversación y agradable compañía, me pase tardes enteras platicando
con él, de sus vivencias. Era muy ameno. Además, como era mi vecino, y él vivía
a espaldas de mi casa, me deleitaba con su clarinete cuando le tocaba ensayar
para sus presentaciones con la banda de música del Estado. Lo recuerdo con esas
melodías que ensanchan el corazón. Es como si hubiera tenido a un Keny G. para
deleitarme. Han pasado muchos años desde que partió a la presencia de Dios,
pero aún lo recuerdo con mucho aprecio.
Chetumal Quintana Roo, 30 de diciembre de 2024.
UNA TARDE ESPECIAL
Jesús Quintanilla
Osorio ©
Cerca de las 4 de la tarde andaba yo por Larrainzar, con el frío
acuciante de San Cristóbal de las Casas. Con una penetrante heladez, que
llenaba mis manos de entumecimiento, me puse a aplaudir no porque estuviera
festejando sino para sentir mis manos ante el frío tan intenso. Sin embargo me
sentía tan contento que al observar a un ventero de esos que con su carrito en
forma de tren, vendían plátanos y camotes, le llamé y se detuvo. Le pedí me
vendiera uno de sus ricos plátanos hervidos al vapor humeante, pagué el consumo
y puse el plátano en mis manos lo que me produjo un calor satisfactorio en
ellas.
Ya rumbo a la casa me lo fui comiendo, pues con la leche dulce que le
ponían encima le daba un sabor fantástico.
Fue una de esas tardes inolvidables que el tiempo te permite rememorar.
APOFIS
Jesús Quintanilla
Osorio ©
Apofis, 2 de enero de 2029.
Mientras Apofiss se aproxima a la Tierra a una velocidad espeluznante,
el caos reina en todos lados.
Nadie creía el riesgo que corríamos hasta que las agencias espaciales
aceptaron el grave peligro en el cual vivíamos.
La agencia espacial europea habría anticipado un par de años antes la
proximidad de un objeto de colosales dimensiones, pero pocos lo tomaron en
cuenta.
NASA con sus expectativas casi a cero, desde tres años previos, cambió sus
avisos de internet y puso una calavera como severa advertencia. Algunos hicimos
caso y pensamos en el silo para ataques de cuasipulsares, pero los más, se
dedicaron a vivir entre drogas y sexo ilícito que ahora ya es visto común así
que cuando se dio la alerta mundial, el pánico corrió como reguero de pólvora.
Ahora ante la cercanía de Apofis ya visible en una noche clara, los
suicidios se han multiplicado, las iglesias ya no cierran sus puertas y la
escasez se acrecienta. No hay agua purificada, ni alimentos enlatados y la
policía no se da abasto. Un científico asegura que aún tenemos 7 años y que no
impactará esta vez si no hasta 2036. Pero nadie le cree.
A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de lo poco que hemos valorado
la vida y ahora, a punto de perderla, quisiéramos retenerla.
Ojalá podamos ver un nuevo año y que este no sea el fin…
LIBÉLULA DE ALAMBRE
Jesús Quintanilla
Osorio ©
Ante mi vista,
levantó el vuelo la libélula verde hecha de alambres. Un sonido chirriante,
intenso, fue la única diferencia. Mi asombro fue mayúsculo. Quién hubiera visto
la expresión de mi rostro, no sabría si estaba con miedo o dormido. Más bien,
estaba asombrado. Voló hacia la puerta de la oficina, por lo general cerrada
pero que la intendente abrió cuando sacó la bolsa de basura. La seguí, y pensé:
Seguramente, del lado del frente está cerrado… Me equivoqué, alguien dejó la
puerta abierta. Se fue por allí. Escuché a alguien decir que varios dijeron
haber visto una libélula verde “que parecía metálica” y alguien supuso se
trataba de un dron. Lo cierto es que no sé cómo sucedió esto. Estoy pensando
que si me encuentro con el taxista que vende estas figuras de alambre le voy a
pedir la de la mantis y también la araña de colores. Esta última no creo tenga
veneno… En fin, cosas veredes Sancho, dijera Don Quijote
100% NATURAL
Jesús Quintanilla
Osorio ©
Desde que hubo el gran cataclismo y todos vivían en ciudades burbuja,
con domos de vidrio, la comida era totalmente artificial. Claro, Ricky vivía en
un paraíso natural en una cueva milagrosamente preservada con un clima hermoso,
y allí cultivaba de forma natural sin químicos, y cuando podía introducirse a
ciudad esperanza y vender sus productos, lo único que podía denunciarlo era su
letrero de ¡¡100 natural!! Pero como nadie sospechaba el orígen, pudo hacerlo
mucho tiempo. Hasta la noche cuando alguien lo descubrió entrando
subrepticiamente por una de las hendiduras de la ciudad y le fue imposible
regresar a ciudad esperanza.
Solo quedó su letrero junto a su abandonado puesto anunciando lo
natural.
SALOMÉ MOLTÓ
Nació en Cocentaina, Alicante, España, el 26 de abril de 1943. A los diecinueve años emigró a París, en donde estaban sus padres. Allí obtuvo su diploma de lengua francesa, además de cursar estudios en Literatura, y “Civilisation Française”. De vuelta a España ha trabajado en colegios, en varias empresas en el departamento de exportación, en varias oficinas de abogados y notarios por asuntos puntuales de conflictos jurídicos y herencias, únicamente limitados a la traducción.
Ha colaborado en la
revista Evocación de París, Cenit de Francia, Orto de Barcelona, Tierra y
Libertad de Madrid, esporádicamente en el periódico local El Nostre-Ciudad, Polémica también de Barcelona, Canfali
de Benidorm, y forma parte del equipo de la revista Siembra.
Sus trabajos van
dirigidos a fomentar la toma de conciencia y posible denuncia de los problemas
que atañen a nuestra sociedad.
Más sobre sus obras y
trayectoria literaria en los números 102, 103 y 107 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o,
por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
URGENCIAS
DEL CORAZÓN
Salomé Moltó ©
Tristes son las horas
cuando tú no estás
y todos aquellos
besos
¿adónde han ido a
parar?
Vuelve amado a mi
lado
y calma esta
ansiedad.
Muy posible es que me
veas
llorando por los
rincones
pues espero, a cada
momento
una sonrisa, un
saludo
quizás un beso.
Algo que en el
corazón
pueda guardar
y que de verdad,
me pueda consolar.
EL
SER MÁS O EL SER MENOS
Salomé Moltó ©
Recuerdo vivencias o
digamos acontecimientos personales que me hicieron reflexionar en que hay
personas que son más o pueden ser menos de…. Profesionalmente, afectivamente,
culturalmente…
El ingeniero me dijo:
“Espere un momento” mientras daba instrucciones al joven estudiante. Y claro me
puse a observar.
—Soy un borrico, no
me sale... dos centímetros a la derecha, esa línea curva y bueno. Voy a darle
la aportación semanal y a ver si acabo este plano de una vez, pues si me
equivoco la máquina no funcionará bien.
El buen señor había
hecho una carrera de siete años y ahora era ingeniero y se lamentaba de no
encontrar el pequeño de talle que iba a ultimar su gran trabajo.
—Pues sabe, los
ingenieros de Barcelona vienen y se van muy cabreados, pero mi mujer que apenas
ha ido al colegio, les hace un aperitivo, unas cositas muy gustosas y se van
muy contentos.
—Ya ve cómo es la
vida unos hacen mucho en un sentido y los otros en otros. Ya sabe el acervo
cultural de la humanidad es tan complejo que no cabe en la mente humana.
—Así es, pero entre
todos lo haremos todo.
—Claro, nos
federaremos y nos repartiremos, lo bueno y lo menos bueno y para bien hacerlo
lo haremos a través de una “asamblea” o sea, una reunión en la cual todos
podamos aportar nuestro criterio y al final, si no se llega a un acuerdo, lo
ultimamos con votaciones…
—Vaya, muy curioso.
—No tanto. Ginebra es
un estado federal y se toman los acuerdos por votos con previas asambleas.
Y cada casa tiene un
armario con armas, y claro, las armas las ves, pero el armario está cerrado con
llave para evitar que las puedan coger los niños. Cada cierto tiempo los
vecinos cogiendo las armas hacen un desfile. Y lo más curioso es que en la
planta baja vive el teniente, encima el sargento, alférez, bueno según
graduación…
—Muy curioso, tout un plaisir…
ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO
Libros
de narrativa en papel: Los últimos
días (1977), Breve sinfonía (1990),
Doctor de mundos I (novela, 2000), El emperador ha muerto y otros Cuentos (2018)
y De las Tres Marías, y… María, la de
Guadalupe (nouvelle, 2023).
E-book: Los últimos días y otros Cuentos (2018)
y Breve sinfonía y otros Cuentos (2021).
Inéditos: El profeta (novela, 1974), Desde el umbral… (relatos, 2020/24), Piedras (fábula metafísica, 2024/25), El viejo del paraguas blanco (nouvelle,
2024/25), El reino de los sueños I (2009),
Nostalgias del futuro I y II (2019); Apocalipsis Bang (2006/24); Mixturas
cotidianas (2010/23); Mundos en
paralelo (2017/23), Doctor de mundos
II (2003/23) y Doctor de mundos III
(2009/23).
En
desarrollo (3). Breviarios
(Éditos) (5).
Publicó una profusa
cantidad de ensayos y artículos reflexivos (forma gráfica y/o virtual):
Poemarios
inéditos:
Poemas para el hombre (1976) y Poemario susurros y sentires (2024/25).
Su obra revista en
más de un centenar de antologías (Argentina, España, Colombia, USA).
Galardonado en múltiples certámenes literarios.
Su biografía integra,
entre otras publicaciones, la Enciclopedia
de ciencia ficción y fantasía en Argentina - Axxon. Recopilación a cargo de
Eduardo A. Carletti y colaboradores (julio 2021). Es miembro de gran número de
asociaciones literarias.
Distinciones: 1er
Premio “Coronel Manuel J. Becerra Silva, héroe de Cárcamo” (Serie El Dedo en la
Llaga - Un Mundo Mejor), Perú/USA, 2021; 1er Premio Mundial a la
Excelencia “El Águila Platino 2022” (Academia Mundial de Literatura, Historia,
Arte y Cultura) - Alianza Global UHE-MMM (Perú/México); 1er Premio
Iberoamericano de Poesía Internacional “Pablo Neruda” (Instituto Cultural
Colombiano Casa Poética), Colombia, 2022; 3er Premio Mundial a la
Excelencia “César Vallejo” - 30° Aniversario UHE-Perú, 2022; 1er
Premio “Gaviota de Plata” (2021), “Gaviota de Oro” (2022), “Santa Clara del
Mar” y Gaviota de Plata (2024) a la “Trayectoria cultural” - Organización No
Gubernamental “Princesa Alexandra” (CABA/Mar del Plata, Argentina); 1er
Premio “El Águila de Oro 2024” - Unión Hispanomundial de Escritores (UHE -
Lima, Perú - 32° Aniversario) - Categoría "Excelencia Cultural"
(Escritores de los Cinco Continentes) - Presidente Fundador, Dr. Carlos Hugo
Garrido Chalén; 1er Premio “Encuentro Cercano 2024 a la Labor de
Toda Una Vida. Personalidades de la Ciencia Ficción y Fantasía Argentina - Año
2024” (CACFyF - CABA, Argentina); Declarado Santafesino Destacado 2023 (150º
Aniversario del H. Consejo Municipal de Santa Fe (Argentina); Premio Anual a la
Labor Literaria Año 2025 (Asociación Santafesina de Escritores - 70º
Aniversario - 5 de octubre 2025).
Más sobre su trayectoria literaria y obras en Suplemento
de Realidades y Ficciones Nº 54: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2012/09/
https://www.facebook.com/adriannestor.escudero
ÉL,
ROBOT…
Adrián Néstor
Escudero ©
A Isaac
Asimov, autor del libro ‘’Yo Robot”, 1950.
Con
innegable admiración…
Lo eterno
se pude entender como algo que no tiene fin y nunca acaba o como algo que no
tiene principio ni fin. Lo infinito es algo cuyo origen y límites y al futuro
con inaccesibles. Lo eterno implica algo que siempre lo ha sido y lo infinito
es algo que tuvo un comienzo y se fugó al infinito [1]
(…)
… Fue
cuando un desajuste hiperbólico desorientó a los algoritmos de mi cuidada
programación que pude comprender, realmente, quién era.
Y un
estrambótico percance hirió con galácticas alucinaciones la corteza esferoidal
de mi cerebro perfecto; pues, y por alguna razón estrafalaria, me sentí como
suspendido axialmente en los cuatro cuadrantes de la realidad, y, esta, se
volvió infinita en sus caleidoscópicas dimensiones.
Y un
agujero negro, más negro que la Nada misma, aprisiono mis encajes
electromagnéticos; y, mi cerebro, antes perfecto en sus ecuaciones algorítmicas
y sensitivas, ya no fue tal.
Y me
sentí urgido por conectarme con aquel lejano punto de luz azul donde parecía
concluir la ominosa negrura de esa masa incólume que me hacía girar, sobre mí
mismo, como en los animosos pliegues y despliegues de un aleve tirabuzón…
Y, no
obstante, la vida parecía latir con normalidad en mis plásticas entrañas
condensadas por las transgénicas neuronas de mi inteligencia artificial…
¿Artificial? Ellos no sabían lo que decían…
Y, en
tanto, la vorágine cuasi alocada pero enderezada finalmente por aquel túnel
subatómico, seguía su inalterable y persistente aceleración hidráulica —por así
decirlo—, aunque más sensible y cósmica que irreal…
Y todo
hasta que dicho diminuto punto de luz azul comenzó a crecer y a expansionarse
geométricamente hasta estallar como un sol pletórico de haces luminiscentes…
Y luego,
más por un instante de siglos, me dejé llevar por esas Sombras que cambiaban a
cada instante de forma, y hasta el fragor de una Presencia cuyo estado
todopoderoso, omnisciente y omnipresente, suspendida en un trono de fuego,
impactó sobre el centro de mi corazón imbricado por una mirada de electrones,
protones y neutrones, hasta hacerlo prácticamente… estallar.
Y fue
entonces cuando uno de los aquellas Sombras o seres vaporosos y radiantes, el
de mayor estatura y al parecer de suprema autoridad, dijo a la Presencia
llameante y de una longitud y hondura imposible de medir…
“Padre, he aquí al ingenio humano que, de no
tomar medidas, terminará supliendo a las encarnaduras amasadas del polvo
cósmico de las estrellas hechas por ti, en espíritu y en verdad, y a tu
insondable imagen y semejanza”.
(...)
—¡Doctor
Frankestein, Doctor Frankestein! —gritó uno de sus auxiliares del Laboratorio
Nuclear de Metrópolis…—. ¡La Unidad Adámica está fuera de control ¡Y oh, ahora
su imagen vibra y… parece desintegrarse!
—Ah,
Petras, mi querido asistente. Esto significa que lo hemos logrado. Y en
multinacional plenitud de ser y estar… Adán Infinitus acaba, y para nuestro
universal asombro, ni menos ni menos que nacer… al Cielo. Y de hecho, pronto
tendremos noticias de él… Será definitivamente histórico haber apresurado, de
este modo, y si mi intuición no falla, la Segunda Venida del Señor y Juez de la
Historia…
(…)
(No obstante, y atendiendo a la comprobada
certeza científica del genial matemático Albert Einstein, quien al referirse al
Creador expresó al Mundo con firmeza: “Señores, Dios no juega a los dados”, la
intuición del Dr. Frankestein podía realmente ponerse en duda. Empezando por él
mismo. Y todo esto, en tanto nadie podría aventurar —como fuera escrito en lo
que fuera el Primer Big Bang eclosionado por un inconcebible acto de Amor a Sí
Mismo— los inescrutables designios divinos. Y así como suponemos que la Redención
obrada en nuestra especie humana fue, por carácter transitivo y adecuada en
tiempo y forma orgánica obrada también con nuestros —por ahora— inteligibles
hermanos de la estrellas, así cabe suponer que también, concluido en eones el
conjunto de Eras Cósmicas del Universo compartido por el Hombre en el planeta
que llamara Tierra, bien podría el Supremo Hacedor, en la infinitud de su
Imaginación Creadora, y en una Dimensión por cierto desconocida por la raza
humana ya juzgada en plenitud y habitante de los estados celestiales e
infernales, según el justo juicio del Único Que Es y Hace Ser [2], replicar una y otra vez, una y otra vez,
una y otra vez, setenta veces siete, a una desconcertante miríada de animación
secuencial y permanente de vida, donde todo concluiría en algún momento para
volver, eternamente, a comenzar… ¿Verdad, Doctor Frankestein?).
(…)
[1]
https://www.raco.cat/index.php/Ontology/article/download/172798/225153# (…).
[2]
Apocalipsis 1,8: “Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios— el que es y
que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.
EL
NAVEGANTE DE LOS SUEÑOS
Adrián Néstor
Escudero ©
“Yo, Hacedor, me confieso...". Al mundo
de lo creado, me confieso... Le confieso el encuentro conmigo mismo hasta darme
el cuerpo del Universo. El cuerpo de mi Conciencia me demostró que todo aquel
tiempo anterior había sido de Nada a pesar de mi Existencia. Que Yo, existía,
pero no lo sabía".
“‘Pienso, luego existo’, proclamaría en mis
oídos la boca de un tal Descartes, cuando al fin terminaba de interpretarme,
después de otro tal llamado Aristóteles, y un poco antes de los Leibniz y de
los Kant (el origen de mi Duda; culpable de Ella, planearía mi Redención).
Entonces, la construcción intelectual completó mi Realidad física. Y sentí mis
fuerzas plenamente materializadas.
“Las Mónadas, sombras y luces que me
confundían, fueron separadas. Pero no totalmente. Tuve cuidado de ello pues
sabía que unas condicionaban a otras y, en los precisos límites de sus
fronteras, habitaba mi Poder Creador; y Yo hubiera perdido el momento de mi
Descubrimiento y aún vagaría etéreo con el nombre de Nada para Nadie. Mi
Divinidad residió en eso. En que fue posible revelarme a Mí mismo. Porque, sí
hubo Principio, aunque Yo fuera Eterno”.
“No es fácil para un Dios reconocer que fue
engendrado. También mi Divinidad residió en eso. No tuve secretos en mi
Nacimiento. Ser sin nacer, sin embargo, todavía parece demasiado perfecto. El
cuerpo de mi Conciencia no es por ello, lo perfecto que Ella sí Es. Y las
limitaciones de mi Universo derivan de aquel instante de Duda. Antes de mi
explosión de Amor hacia lo que Era y Soy y Seré hacia Adentro y Fuera de Mí”.
“Por eso
me siento Padre y Hermano, e Hijo de mi Ser, pues soy Todo lo que Existe. Y aún
más...”.
El Viejo
Navegante cerró el Libro de Los Tiempos que leía con un leve escozor de dulces
soledades. Sacudió con brusquedad su cabeza adormilada por la penumbra de la
cabina oscura, como para desprenderse de los pensamientos que el río de sangre
de su cuerpo depositaba en las playas de sueños de su mente.
No había
brisas dentro de aquel cuarto sin ventanas, ni altares perfumados de mujer. Así
que todo había venido imaginándolo desde que abandonara el Planeta de la
Fraternidad donde había vuelto a nacer. Como en este último y breve lapso en
que había tomado conciencia de lo que estaba por ocurrir.
“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y de
respeto siempre crecientes: el cielo estrellado sobre mí y la Ley Moral dentro
de mí", pensó parafraseando al filósofo de Koenisberg.”
Como un dios
que se descubre a sí mismo. Sería como un dios. Sería para Ellos, tal vez, como
un dios y, aquella idea alguna vez romántica y nostálgica, le acosaba el
espíritu y lo sometía sin remedio entre los trópicos brumosos y las cadencias
agridulces de la melancolía...
Le
angustiaba El Regreso que se había prometido pues presentía su negación.
Apostasía. Y todo el admirable universo divino comprendido en su sangre, en su
mente y en su piel, se desvanecería en los estrechos márgenes de una
probabilidad binaria: sí o no. De cualquier forma, dios o no dios, sería
hombre. Y, como todos, sujeto a los designios de una Extrema Voluntad, en la
cual, no había dejado de creer.
Eso lo alivió.
DON' C,
que sin mirarlo le miraba, lo escrutó a través de las radiaciones magnéticas de
su coraza ciborg, autoconectó el sistema de audio y, con voz metálica y
profunda, la arenga emocionada del Presidente Único escapó del archivo grabado
y se oyó para que la escucharan los reducidos habitáculos del Navío Espacial
interestelar, lanzado a la velocidad de la luz, y la fuerza de los sueños que
encerraba diera nuevas energías al Cohete y al dios solo y triste que moraba en
él...
“...Lo llamaremos Juan o José, Smith, Luigi o
Pierre, Rudolfh o Igor. Y será nuestro Mensajero. Hablará con Ellos, los que
habitan las Estrellas. Hemos interpretado y aceptado Su llamado. Hemos aceptado
aprender de una vez y para siempre. Optado por ser humildes y sellar un Pacto
con el Más Allá. Él llevará nuestros Sueños. Y los traerá multiplicados. Los
sueños del surco caminante y del arado obrero, de la semilla hundida y del
trigo soleado, del durazno floreciendo entre las hojas y la miel tramada por la
abeja en la campiña; los sueños de los bosques devastados que quieren volver a
vivir, de los desiertos irrefrenables que aplastan al vergel, de las ciudades
de otoño y acero que quieren volver a respirar; los sueños, pues, de nuestras
ambiciones legítimas que desean volver a prevalecer sobre los frutos nefastos
del odio, del orgullo y la concupiscencia. Sueños como granos de arena,
ermitaños, individuales, que necesitan trascender, personalizarse e integrarse
a la idea universal que nos convoca a una convivencia solidaria y justa. Sueños
con vocación de madurez y equilibrio, de conformarnos plenamente como raza en
cumplimiento de nuestro destino, para abordar otra etapa, definitiva quizás,
del crecimiento humano. Torbellino de transmutación de lo real. Transfiguración
concreta del espíritu hacia el Centro de los perennes misterios que es Dios...
Saludemos su Partida. Añoremos su Regreso. Comprometamos nuestras almas en el
éxito de su Misión. No estaremos sino en bocas y oídos de nuestros hijos de los
hijos cuando ello suceda...”
Eran los
tiempos del tercer milenio. Cuando el idilio de la Humanidad aún no se había vuelto
a romper, después del duro levantarse de la Tercera Guerra, fulminante y breve
del '98. Aunque, irónicamente, a partir de ella, el Bien iniciara su viaje a
las estrellas en busca de la Paz, y, el Mal, obcecado y consecuente, su
virulento viaje hacia la conciencia del mundo, nuevamente desde la perspectiva
genético-fascista que lo incendiara, allá, por los años '40.
Entonces,
DON' C desconectó la grabación, y esperó. El Navegante de los Sueños había
reclinado su cabeza de algas y cenizas, y vuelto a dormir.
En ese
instante, la TIERRA, apareció en el monitor…
MÁXIMO KINAST AVILÉS
Ha sido
profesor invitado, impartiendo seminarios y talleres desde el año 2004,
enfocado inicialmente en ventas y marketing inmobiliario, y más recientemente
en neuromarketing y marketing digital.
Autor
del libro “La venta diferente en el Sector Inmobiliario”, el cual fue publicado
y comercializado por CAPECO (Cámara Peruana de la Construcción). Este trabajo
se destaca como una referencia en la venta inmobiliaria en Perú.
JUGUEMOS A SER DIOS
Máximo
Kinast Avilés ©
SUPONGAMOS
QUE…
Hay
temas, ideas, que la mente se niega a pensar. Quizás porque son sutilezas, o
quizás por temor
a lo
desconocido… No lo sé, pero de esos temas quiero escribir.
Supongamos
que no existimos, que somos un sueño o un programa de software, como en Matrix.
Supongamos
que todo es un juego de seres superiores, o una investigación científica y
nosotros somos sus conejillos de indias.
Esta
idea no es nueva ni original. André Maurois escribió El Pesador de Almas, una novela que trata de un médico que consigue
pesar el alma de una persona recién fallecida.
Pero su
contemporáneo, el célebre escritor italiano Giovani Papini en su libro Gog (o en el Libro Negro) escribió un par de cuentos sobre el mismo tema, en el
que un sabio tenía unos barriles conectados a cables eléctricos que iba a algo
(también imaginado en esa época) que podemos llamar un computador y dentro de
cada barril había un ser virtual —que se creía real— que vivía en un barrio,
con casas, con familias, con árboles, todo virtual, pero para el ser virtual
que estaba dentro del barril eran seres y cosas reales, tan reales como él
mismo.
Stanislav
Lem es un escritor polaco de excelentes relatos de humor en ciencia ficción, o
mejor dicho de fantasía ficción, donde su personaje Ijon Tichi (que por lo
insólito de las situaciones que protagoniza nos recuerda Las aventuras del barón Münchausen) también conoce un personaje que
tiene guardada en una caja
¿Qué
pensarías si de pronto supieras con certeza que eres un ser virtual y que todo —absolutamente
todo lo que crees que existe— es virtual? ¿Si de pronto tuvieras la certeza de
que eres un insignificante peón en un juego de seres reales, muy superiores en
todos a nosotros?
Temo
que no podrías probar que eres un ser real.
Temo
que ha de ser muy difícil demostrar que no somos seres virtuales, producto de
un software como ocurre en Matrix.
O
empezando por el principio, ¿cómo saber que las sombras no son la realidad si
estamos encadenados en la caverna imaginada por Platón y no podemos ver hacia
afuera? Si estuvieses atado en la caverna platónica ni siquiera podrías
imaginar que hay “un afuera” y menos que allá “hay algo más”.
Supongamos
que somos seres virtuales. Nada es real en este planeta Tierra, ni en nuestro
Universo, ni hay cosas físicas —aunque lo parezcan y nosotros creamos que son
reales— porque todo, absolutamente todo es producto de un software del que
formas parte.
Sólo tú
y nadie, ni nada más. Tú y tu existencia virtual que cree que todo a su
alrededor y más allá, es real y tiene una existencia física.
JUGUEMOS
A SER DIOS
Supongamos
que eres un ser de otra dimensión. Tu imagen es perfecta. Tu inteligencia es inmensamente
superior a la de cualquier insignificante ser humano. Vives integrado en un
universo que está interconectado en todas sus partes. Un universo de energía
pura. No hay partículas ni ondas. No hay masa ni formas, ni vida ni muerte, ni
movimiento ni cambios. Es un universo perfecto en el que existen millones de
seres como tú.
Inteligencias
puras que no sufren desgaste, porque no hay entropía. Todos los habitantes de
este universo se comunican, como un cardumen de peces o una bandada de
gaviotas, al instante y se envían y reciben y comprenden y hacen suyos millones
de mensajes. Y se aburren, porque saben todo. Conocen todos los secretos de la
energía y del origen y de cómo y cuándo será el final… y se aburren.
Entonces
deciden crear un universo virtual o real —para ellos es lo mismo— y crear
galaxias y estrellas y planetas y agujeros negros y quásares y poner vida en
algunos planetas. Y entonces, para empezar, tuercen un poquito de nada en el
espacio vacío y crean un quarck y luego otro y otro y muchos más. Y cada quarck
tiene una masa y un momento y se mueven y se atraen y son tantos que chocan y
se aglomeran y se juntan y se aprietan y sus masas se atraen y se comprimen en un
punto, un agujero negro que sigue atrayendo quarcks y haciéndose cada vez más
masivo y más pequeño hasta alcanzar una dimensión nula y una masa infinita y en
ese instante, en ese preciso y singular instante, explota.
Y nace
nuestro universo. El patio de juego de nuestros dioses, en el que ensayan
diferentes formas de vida y eligen planetas y montan un colosal juego, cuyas
reglas sólo ellos conocen. Y juegan y observan las especies que aparecen bajo
las formas que toma la vida en cada lugar. Y a las criaturas mejor dotadas para
sobrevivir le dan una pisca de albedrío, muy poco, casi nada, pero algo nos dan
y nos observan.
El
Juego de los Dioses es caótico, imprevisible, pero el caos es otra forma de
orden y de organización fuera del alcance de nuestro intelecto. Y para ellos en
su juego, todo y todos, tú y yo y la Tierra y los animales y las plantas y los
planetas y las estrellas y las galaxias y el Universo son prescindibles y si se
vuelven a aburrir pueden inventar otro juego y borrar todo lo obrado y todo
desaparece, porque somos prescindibles y efímeros y virtuales.
¿Qué
harías tú si fueses un dios? Estarías en un mundo sin variedad, sin días ni
noches, sin lluvias ni viento. Sabrías todo lo que es posible saber. No
tendrías necesidad de nada, ni de aprender ni de comer ni de respirar, porque
no tendrías un cuerpo. Serías una forma perfecta que no necesita maquillaje ni
cortarse el pelo. Y no tendrías obligaciones ni deberes ni derechos, porque
serías autosuficiente. ¿De qué conversarías con tus pares, si todos son iguales
a ti y sabes todo lo que piensan y lo que sienten? ¿Puedes imaginar algo más
aburrido? Es muy posible que junto a los demás dioses crearas un universo e
inventaras un juego, o, sólo para hacer algo y no aburrirte.
Y DIOS
ENTRA EN ESCENA
Ya era
hora, porque en ese universo perfecto en el que viven los dioses no hay espacio
para nosotros los seres humanos, reales o virtuales, pero hemos desarrollado
algo, quizás sólo es vanidad, como afirma el Eclesiastés y resuena en la leyenda de La Creación de Gustavo Adolfo Bécquer.
O
quizás en algún momento tomamos conciencia de existir y —confundidos por este
gran descubrimiento— nos separamos de la Naturaleza, sin saber que somos parte
de ella, de la Pachamama. Quizás comimos un fruto prohibido —la ayahuasca o el
hikuri, más conocido como peyote— y alcanzamos un conocimiento reservado sólo
para los dioses.
No
lo sé, pero es verdad que hay algo en nosotros los humanos que nos hace
diferentes. Podría ser una zona pequeña en nuestro cerebro que nos incita a
creer en lo sobrenatural, o quizás —como dice Yuval Noah Harari— en algún
momento aprendimos a imaginar y eso nos permitió crear un mundo imaginario y
distinguirnos de otras formas de vida que sólo pueden entender conceptos relacionados
con el mundo real.
Juguemos
a ser Dios. Imagina por un momento que eres Dios. Nada existe fuera de ti. Eres
el recipiente o cocha que lo contiene todo y también eres todo el contenido.
Eres la quintaesencia de todo y tu nombre es Dios, para los cristianos; Allah,
para los musulmanes; Jehová, para los judíos; Brahma, para los hindúes; Tao,
para los taoístas; Wiracocha, para los quechuas.
Este
último nombre es quizás el que mejor te representa. Cocha es un recipiente que
contiene algo. Wira es grasa y también es la esencia, la fuente de la vida. En
runasimi, la lengua de la tierra, el idioma de los pueblos quechuas, Pachamama
es el contenido de Wiracocha. Pachamama es lo real y lo virtual, lo físico y lo
imaginado.
Y
ese Todo está en ti, porque tú, ahora, en este momento, estás jugando a ser
Wiracocha, el Dios.
Nada hay
en el Universo fuera de ti. Lo sabes todo. Lo has creado todo. No sólo conoces
el principio y el fin de todo, sino que tú eres todo de principio a fin, o
quizás sin principio ni fin, porque eres más que eviterno o sempiterno: eres
eterno.
No
hay nada que no sepas, nada que no veas, nada que no escuches. Desde el más
pequeño quark hasta la mayor galaxia, pasando por cada grano de arena, por cada
molécula, por cada planeta por cada estrella, lo conoces todo, porque lo has
creado todo, porque estás en todo, porque eres Todo.
¿Se
te ha ocurrido pensar, alguna vez, como se siente Dios?
¿Crees
que pueda existir algo más triste o más aburrido que ser Dios?
Notas
Finales:
- Fantasofía,
palabra que he creado con las escasas posibilidades del castellano de
formar nuevas palabras y que significa una fantasía del saber, del
conocimiento (el griego Sophos).
- La
Matrix es un ambiente de relación entre cosas y sucesos creado y
controlado artificialmente. Una importante característica de la Matrix es
que en ella incluso las personas son consideradas “cosas”.
- André
Maurois. Ver biografía.
- Giovanni
Papini. Ver biografía.
- Stanislav
Lem. Ver biografía.
- Las
aventuras del barón Münchausen.
- Platón.
Ver biografía.
- Lenguaje
Psi. Benjamín Subercaseaux, mi maestro, fue el primero en hablar de la más
primitiva forma de comunicación. Un lenguaje telepático que sólo transmite
emociones y estados de ánimo. Hay miles de casos comprobados de mellizos,
o de madres e hijos, que se transmiten mensajes instantáneos sobre sucesos
en la vida de uno, que el otro percibe y comparte, como dos electrones,
sin importar la distancia a que se encuentren. Biografía.
- “El
electrón es una torción negativa de la nada”. Wolfgang Pauli, premio Nobel
de Física 1945, es uno de los fundadores de la física cuántica y creador
del principio de exclusión.
- Masa
y momento de inercia.
- Una
singularidad es el punto central de los agujeros negros donde toda la masa
está concentrada y allí no funcionan las leyes de la física. Ver Nobel de
Física 2020
- En
Neurociencias se afirma que todo lo que decidimos surge en nuestro cerebro
de manera inconsciente, sin intervención de la voluntad, y que luego somos
simplemente informados.
- Ver:
El libre albedrío
- Gustavo
Adolfo Bécquer. Ver biografía.
- Pachamama.
Ver Revista Documentación Nº 6, julio-agosto
de 2008 - ISSN: 1988-5032, página 53. Si eres creyente, entonces Dios
destinó una parte del cerebro para que nos fuera más fácil recibir su
palabra. Si eres ateo, Dios es una fantasía creada por tu cerebro, porque
la creencia en lo sobrenatural ayudó a los seres humanos a aceptar los
fenómenos naturales sin complicarse ni temerlos. Ver este artículo
- Yuval
Noah Harari. Ver entrevista en El
País.
SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 110 – Junio de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-5385 – Edición trimestral
RL-2026-07594933-APN-DNDA#MJ del 21/1/2026, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.
Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
Colaboradores
Resistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html










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