sábado, 6 de junio de 2026

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 110 – Junio de 2026 – Año XVII

ISSN 2250-5385 – Edición trimestral

Inscripción gratuita como LECTOR o COLABORADOR
si escribe a zab_he@hotmail.com
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral,
por favor, revisar correo no deseado).
 
Francisco de Quevedo y Villegas
(Cuadro atribuido a Juan van der Hamen,
pintor español, 14/9/1580 - 8/9/1645)
Selección: Alanís Ahmed

Sumario:

• Álvaro BOZINSKY GONZÁLEZ (Uruguay)
• Gustavo APPIGNANESI (Argentina)
• Edwin Javier ÁLVAREZ DÍAZ (Venezuela - Andorra)
• Guillermo FERNÁNDEZ (Argentina)
• Francisco José BLAS SÁNCHEZ (España)
• María MORENO QUINTANA (Argentina)
• Omar ROLDÁN RUBIO (México)
• José Abelardo FRANCHINI (Argentina)
• Jesús QUINTANILLA OSORIO (México)
• Salomé MOLTÓ (España)
• Adrián Néstor ESCUDERO (Argentina)
• Máximo KINAST AVILÉS (Perú)


ÁLVARO BOZINSKY

Escritor uruguayo de cuentos, relatos y obras experimentales. Debe su formación a clásicos como Kafka, Quiroga, Borges, Cortázar, Poe, Potocki, etc. Principalmente trabaja la ficción fantástica. Sus creaciones están cargadas de imaginación, y su estilo suele ser esmerado y con toques de lirismo, cuando no es experimental. Su nombre completo es Álvaro Bozinsky González.

Las siguientes obras se encuentran en internet (Freeditorial, Neocities, etc.) con licencia Creative Commons: Vacaciones eternas (2019), Johnny ha vuelto (2019), Racimo de Artemio (2020), Cuentos normales, raros y absurdos (2021), Obras del escurridizo chivo blanco (2022), Botero (2023), Detrás de las fotos (2024), Descansador (2024), El tratamiento (2025). Estas obras se encuentran en internet (Freeditorial, Neocities, textos.info, etc.) con licencia Creative Commons.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 106: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/06/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

ajbozinsky@hotmail.com

 

 

YO CREÍA QUE ERA ÉL

Álvaro Bozinsky ©

 

Recuerdo que estaba en el living leyendo el periódico, esperándolo mientras mi esposa preparaba el almuerzo. Cuando llegó del liceo, le mostré a mi hijo unas revistas amarillentas que aún conservaba. Eran de entre 1960 y 1980, y estábamos casi en el 2000.

—Esto era lo que yo leía a tu edad —el papel estaba áspero, polvoriento, con olor a estar olvidado en una caja de cartón durante años.

Dejó sus útiles, se asomó entre las reliquias con el entrecejo fruncido, y siguió su camino.

—¿Qué? ¿No te interesa?

—Cultura de masas. No es gran cosa. En todas las épocas ha existido. Pan y circo. O, pan et circenses o algo así.

Tuve que insistir varias veces, hasta que aceptó llevárselas al dormitorio, y prometió darles un vistazo cuando terminara con sus tareas. Mi hijo era un buen estudiante, amaba la literatura y la filosofía, aunque a veces era un poco pedante. Pero todos hemos sido jóvenes, y nos hemos creído sabios.

Me olvidé del asunto. A las dos semanas, volvió con la caja de revistas y un voluminoso libro en la mano.

—Hay algo que tienen en común tus revistas de canje y “Las mil y una noches” —dijo sopesando el libro.

—¿En serio?

—Nunca voy a poder terminarlos.

No le había gustado nada de lo visto. Las de ciencia ficción, le parecieron especulaciones absurdas que se desmoronaban ante la evidencia de la actualidad; las bélicas, eran de un patriotismo exagerado, lleno de personajes insensatos; los superhéroes, no cabían en un universo donde no reinara la más indecorosa falta de lógica; las fotonovelas románticas, aparte de que todo era acartonado, podían servir para entender la moralina de una época; la mención especial, era para “Killing”.

—¿De veras leías esto, papá? Si se pueden heredar los traumas, estoy en grave peligro.

—Bueno. Era un poco diabólico. Pero la atmósfera…

—Sí, sí, claro. Y un litro de vino tinto.

Tenía razón. ¿Cómo un tipo vestido de esqueleto, podía pasar desapercibido? Iba matando gente y sin mucho esfuerzo, se disfrazaba de los occisos. ¡Barbaridad! Era maestro de la imitación, adivinaba las personalidades de sus víctimas y pasaba nuevamente desapercibido. El reloj pulsera no encajaba en tan macabro atuendo, y un cinturón que lanzaba rayos, era demasiado escandaloso para la razón. Le causaba gracia que la hebilla tuviera la inicial de su nombre, acaso para que no lo confundieran con algún otro enmascarado que anduviera suelto por ahí. Había un ejemplar en italiano, que le pareció curioso. Eso sí, dentro de lo cutre, la estética no estaba tan mal, y la pistola con silenciador lucía muy bien. Para la época, era notoria la producción que había detrás del artefacto.

—Esos italianos siempre fueron muy ladinos. Han sido buenos empresarios y negociantes. Algo artístico les ha de quedar de lo que robaron a los griegos.

—Ya no sé qué contestar —me rendí.

—También tendrás que admitir el abuso cometido contra las mujeres. Tenían que andar en prendas íntimas, les daban cachetadas, latigazos, y las trataban de estúpidas. Bastante misógino, por cierto.

Lo dejé que subiera los primeros escalones de la escalera hacia el dormitorio, regodeándose con su victoria.

—Hijo mío —le dije, y esperé a que se diera vuelta—. Tienes razón. Pero con tanta literatura te volverás un literato de verdad… Y qué horror será para mí, ver tu foto en las enciclopedias, ¡rodeado por esos viejos carcamales!

Una noche no quiso cenar. Le dolía el abdomen, y de a ratos tenía ganas de vomitar. Cuando yo tenía diecisiete, me gustaba el tabaco y el alcohol. Bromeando, le pregunté si no andaría bebiendo a escondidas. No estaba de humor, y su madre tampoco. Aunque preocupada, lo dejó irse a dormir después de prepararle un té negro.

Cuando nos fuimos a la cama, me hizo sentir su rechazo, y no era por mi broma fuera de lugar. Creo que nuestro matrimonio no estaba funcionando bien. Supongo que las cosas que le habían fascinado, le aburrían; tal vez, perdidos los mejores partidos y obtenido el premio consuelo, éste le resultaba pesado y demeritorio; o el amor había sido un convencionalismo que hubo de ser cumplido, pero que se había desvanecido con el paso del tiempo. Pero esto lo pienso ahora, porque en su momento, me habré conformado con cualquier excusa, con cualquier autoengaño.

A la mañana siguiente, lo llevó al hospital temiendo que fuera apendicitis. Aunque era raro verlo pálido y con alguna mueca de dolor, me pareció una exageración. Me fui a trabajar.

Cuando volví, recién habían llegado. Después de tortuosas horas de espera en la sala de urgencias, le habían recetado un relajante muscular y reposo. Debía estar muy estresado por el exceso de estudio, ante la cercanía de los exámenes. Como a tantos otros, el médico le dijo que si seguía sintiéndose mal, que regresara.

Siguió sintiéndose mal, y por la noche nos despertó con un grito. No aguantaba el dolor, y apenas podía caminar. Entre los dos le servimos de muletas, y fuimos en taxi al hospital.

Como siempre, la sala de espera estaba llena.  Entre gente que tosía y se quejaba, aguardamos que nos atendieran, quizás una hora, o dos, o tres. No sé si hablamos, o si sólo permanecimos en silencio hasta escuchar el nombre de nuestro hijo. Habitualmente no prestaba mucha atención, sin embargo, en tales circunstancias, podía sentir claramente el estigma de ser pobre, la ausencia del Estado pese a la letra de la Constitución, la negligencia de los individuos en el entramado social de la miseria humana. Cuando la desesperación le ganaba a la paciencia, una enfermera acostumbrada a trabajar en la carencia, lo hizo pasar acompañado por su madre. Había un solo médico de guardia. Luego, hubo que esperar al cirujano. Aparentemente, se trataba de un cuadro de apendicitis.

Tal vez pasaron otras dos o tres horas. La puerta que separaba la sala de espera no tenía tranca, así que entré a verlo sin permiso. El chico estaba hinchado y tenía diarrea. Fui expulsado por el personal de seguridad, y amenazaron con denunciarme y hacerme arrestar por la policía.

 

Mi hijo murió dos días después. Tenía peritonitis.

Los recuerdos que tengo de esa etapa son vagos y confusos. Quizás, violentos y tristes. Golpeé a un médico que no tenía más culpa que la de llevar un guardapolvo blanco. Un abogado cuyo rostro no podría definir, me defendió y pude salir con la orden de no acercarme al hospital maldito. En vez de ir a trabajar, vagaba por la casa como un alma en pena. Mi mujer no hallaba consuelo, pero roto el último vínculo que nos unía, tampoco quería mi abrazo.

Un día, sin ver, estaba mirando televisión. Sin embargo, algo poderoso llamó mi atención. En los subtítulos, aparecía un nombre aborrecible, precedido por el cargo y la profesión. Ya lo había visto antes, prometiendo diálogos con los subalternos, reformas y mejoras. Un periodista del informativo local, estaba entrevistando al director del hospital. Nunca podré saber lo que le preguntaba ni lo que contestaba. Fui hasta la caja negra, la alcé, y la estrellé lo más fuerte que pude contra el suelo.

Otro día, subí las escaleras lleno de pensamientos absurdos y melancólicos. Entré al dormitorio de mi muchacho, como si él pudiera estar allí, convaleciente. Me recibieron sus cosas. Todo estaba perfectamente limpio y ordenado. El piso sin una mota de polvo. La cama tendida, sin arrugas. El ropero distribuido en filas y columnas, con la ropa planchada. Mi atípico adolescente, tenía su biblioteca de libros viejos como si recién la hubiera lustrado. Hasta el escritorio había sido repasado, dejando solo un cuaderno y un lápiz. Claro, después de la muerte, la madre lo habría auxiliado.

Sin ser un padre ausente, tal vez debí pasar más tiempo con él. Debí interesarme por sus gustos, conversar acerca de estos aunque no entendiera nada. Me hubiera gustado tenerlo y decirle cuánto lo quería. Pero ya era tarde.

—Te quiero, hijo —le hablé al silencio—. La vida ha sido muy injusta contigo, y con nosotros también. Es como cuando ves un pimpollo y alguien lo corta. Ya no habrá esplendor de rosa…

Escuché su risa. Tuve un sobresalto. Luego, más tranquilo, sonreí.

—¡Qué metáfora más cursi! —en mi imaginación, se burlaba de mí.

Desde el más allá, me venía a hablar de recursos literarios y figuras que yo no comprendía ni me importaban. Pero de buena gana me quedé escuchándolo, aunque sólo fuera para oír su voz. Me hubiera gustado que fuera real.

Me sentía muy enfermo. No podía ir al hospital, porque tenía una orden de restricción, porque de allí me habían sacado esposado, allí golpeé a alguien, allí mataron a mi hijo. Aunque para mi enfermedad no existía cura, de algún modo, descubrí el alcohol. No necesitaba consultar a ningún matasanos para que me recetara mi medicina. Después de varias pruebas y muchas borracheras, aprendí a tomar la dosis correcta del antiguo paliativo. Manteniendo la lucidez necesaria, espaciaba los suministros de modo que podía vivir en una especie de limbo etílico. Mas el límite de la inconsciencia seguía siendo difuso.

Siendo un fantasma, la realidad no resultaba tan dura. Si antes me sentaba en mi sillón frente al periódico, la radio o la televisión, ahora lo hacía en silencio acompañado por mis remedios, mirando el fuego de la estufa. A veces veía pasar a mi esposa. Se entretenía regañándome, removiendo heridas, o sollozando en el cuarto de nuestro hijo. Mi hogar tibio, humilde y acogedor, se había esfumado.

Pasé bastante tiempo en esta situación indefinida, hasta que me empezaron a doler las tripas más que el corazón. Un día fui al baño y vi mis detritos manchados de sangre. La medicina no servía. A medida que aquietaba el mal, generaba uno mucho mayor. Cual producto de la industria farmacéutica, aliviaba por un lado y mataba por otro.

La enorme frustración ya no tenía escapatoria. La felicidad enseguida tropieza con sus límites, pero el dolor y el horror no. Quería terminar con todo, pero no sabía por dónde empezar. Entonces, tomé la caja que una vez le había dado a mi muchacho y la llevé hasta la estufa. Como leña, fui echando las revistas al fuego, encendiendo mi ensombrecida imaginación.

……

“Un rayo de energía salió de la pistola, y alcanzó al coche que los venía siguiendo”.

Era una persecución policial en automóviles que flotaban en el aire, y que se movían como bólidos por autopistas que daban vueltas entre edificios de una metrópolis. La gente que huía espantada de la escena, con suerte podía evadir aquellos rayos, pero no el fuego que los devoró en pocos segundos, junto al vertiginoso e hipotético futuro.

……

……

“Después de varias horas de nadar sin descanso, el capitán Ravek había conseguido alejar a sus enemigos”.

El capitán había puesto los pies en tierra firme, y miraba de frente, bien peinado, posando en espera del lápiz del dibujante.

“Días más tarde, de nuevo al frente de sus hombres, volvía a poner en juego su vida en defensa de su patria.

‘—¡Vamos muchachos! ¡A ellos! —Ravek a revólver, y tres paisanos un poco mejor equipados, habían emboscado a tres soldados nazis que dejaban caer sus ametralladoras, acribillados por los ridículos “bang” “bang”.

‘—¿Hubo suerte, capitán?

‘—Esperemos que sí. Pero basta de charla… ¡Acabemos con esa patrulla!”

Los que mantenían el breve diálogo, arrojaron granadas presuntamente obtenidas de los soldados abatidos.

“—¡Buen blanco!”

Un par de granadas bastó para anular un Panzer.

“Y mientras el capitán con sus hombres iba causando estragos en las filas enemigas…

‘—Pronto sabremos con quiénes podemos contar para seguir la lucha.”

En esa guerra, todos perderían. Patriotismo, intereses de Estado, vidas humanas con sus riquezas y miserias, fueron a parar a la estufa.

……

……

“Pero los pistoleros no cuentan con la velocidad y agilidad de Batman”.

El superhéroe voló a ras del suelo, y abrazó una columna que sostenía el busto de un calvo importante. Hubo dos “bang” que serían tiros de los malvivientes, como si alguna vez en la historia un arma de fuego haya hecho ese sonido tan estúpido.

El golpe de columna le dio de lleno a un tipo de traje anaranjado, haciéndole saltar el sombrero y la pistola.

“Y los sicarios caen.”

El de traje anaranjado siguió cayendo, encima de él la columna rematada con el calvo de aspecto de filósofo, debajo un tipo de traje verde a quien también voló el sombrero y la pistola.

“Raudo como una pantera, Batman los neutraliza golpeándoles con ambos puños…”

Traje verde y traje azul quedaron noqueados.

“—¿Se puede saber quién os envió? —Batman les apuntó con una de las pistolas.

‘—¡No podemos decírtelo o nos mataría!”

El dolor de los malhechores estaba representado por puntos, como mosquitas revoloteando sobre sus cabezas.

“—Elijan, señores. ¡O me lo dicen o les mato yo! —Batman hablaba en serio.

‘—Buenas noches, Batman. El doctor Muerte le manda sus saludos.”

Se había abierto una puerta, dejando pasar a un gordo vestido de turco con un revólver en su diestra. Batman de frente, giró la cabeza noventa grados, sin desnucarse.

“—¡Y Jabah le dispara! —apretó el gatillo.”

Las lenguas de fuego lamieron criminales y justiciero hasta igualarlos en un puñado de cenizas.

……

……

“Pero Thomas no espera la respuesta”.

El pelilargo toma a la joven bonita, rubia y delgada por los hombros, y acerca sus labios a los de ella.

“¿Dónde quedó la euforia de ella? Se siente de hielo, con inmenso disgusto”.

Habrían estado bebiendo, y ahora estaban en una cama, él tendido sobre ella. La muchacha apretaba los puños, el muchacho le besaría el cuello.

“Esos gestos impacientes que no logra rechazar…”

Pelo largo le desnuda un hombro, y ella mira el techo con la boca entreabierta.

“Con tal que todo termine rápido…”

La joven frunce el entrecejo. Tal vez, lo que tanto parecía gustarle ya no le gustaba tanto.

Dentro de un automóvil, él busca su mirada y le dice:

“—Estás muy callada.

‘—¿Te parece? —evita la mirada.

‘—Para mí fue una noche magnífica. Eres una mujer ideal. Moderna, sin problemas.

‘—¿Ah, sí?”

Esa incipiente historia de amor, tan frígida y acartonada, necesitó del calor de las llamas. Los jóvenes fueron consumidos en unos instantes.

……

……

“Pero Killing es implacable. La hoja del cuchillo se hunde en la frente de la desdichada…

‘—¡AAAHH!”

Debió ser de un acero muy fuerte para perforar el hueso del cráneo.

“La vida huye rápidamente del cuerpo de Katia…”

Killing, el criminal disfrazado de esqueleto, estaba parado pero dinámico, junto a los cuerpos yacientes de un hombre y de Katia. El decorado era de un dormitorio que ya se estaba doblando y echando humo.

“(—Y ahora, rápido a la villa. Creo saber dónde encontraré el tesoro. Después me iré de vacaciones con Dana).”, pensó Killing.

—No te irás de vacaciones con nadie —le dije a la figura de la revista quemándose—. ¡Te irás con todos al infierno!

El astuto asesino me miró desde las llamas, antes de desaparecer de la hoja carbonizada. Al fin, el merecido destino le había llegado.

 

GUSTAVO ADRIÁN APPIGNANESI

Nació en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 8 de junio de 1969. Está casado y es padre de dos hijos. Licenciado y Doctor en Química por la Universidad Nacional del Sur (UNS), realizó estudios de postgrado en la Universidad Nacional de La Plata y fue Postdoctoral Fellow en la Universidad de Chicago. Su tesis doctoral fue distinguida a nivel nacional con el Premio Schumacher (Fisicoquímica) y con Mención Especial en el Premio Giambiagi (Física Teórica). Actualmente, es Profesor de Fisicoquímica en el Departamento de Química de la UNS, vicedirector e Investigador en el Instituto de Química del Sur del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Bahía Blanca), donde dirige proyectos de investigación que han recibido subsidios de Fundación Antorchas, SeCyT, SeCyT-ECOS (Argentina-Francia), SeCyT-MAE (Argentina-Italia) y CONICET. 


Es autor de varias publicaciones en revistas internacionales prestigiosas en temas de física, biofísica y fisicoquímica, ha realizado visitas de investigación y dictado conferencias y seminarios en distintos centros académicos del país y del exterior. Los aspectos vinculados al desarrollo de una visión, postura o forma de relación profunda con el mundo y, por consiguiente, la educación, son cuestiones por las cuales siempre se ha interesado, habiéndolas ya abordado en un ensayo titulado:
Sobre la condición de amante y la libertad, una mirada al mirar (EdiUNS, Editorial de la Universidad Nacional del Sur). En cuanto a la novela Terra Incommensurabile, fue editada por Niram Art, España y por El Aleph, Buenos Aires.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 65: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/03/realidades-y-ficciones-revista.html

appignan@criba.edu.ar

 

 

LIBIA (O EL PEOR DE LOS DESIERTOS)                                                     

Gustavo Appignanesi ©

 

Libia, hija de Épafo (rey de Egipto en la mitología griega) y reina de la antigua región del norte de África, estruja con impotencia su aridez dejando caer una lágrima por la terrible acción de su amante Poseidón, señor de los mares. Pues un niño, un pequeño Mozart, como cierto aviador gustaba personificar a la belleza latente, a la potencia que habita en cada niño, en cada hombre, yace inerte sobre una playa del país que actualmente lleva el nombre de dicha diosa griega. Justo ella, que alguna vez se había apiadado de aquel mismo aviador, varado junto a su amigo y navegante en el implacable desierto de esa misma región, llora ahora al Mozart, al Ghandi, al Einstein, al Mandela, al Khalil Gibran o al San Francisco de Asís que ya no será.

Imagina, Libia, el bello rostro del niño intentando en vano permanecer por sobre la línea del agua, ya desencajado, preso del pánico en esa estéril “lucha en superficie”, aferrándose desesperadamente al último sorbo de aire antes de hundirse sin remedio. Imagina, con dolor, la lucha conmovedora de Khalil (como bien podríamos llamar, entonces, al niño árabe) por mantener el aire en sus pulmones, hasta que el inexorable líquido logra finalmente penetrar y descender por las vías aéreas, generando una sensación de llanto y esa terrible quemazón en el pecho que, según indica la ciencia, ocurre justo antes de la pérdida de la consciencia y del fatal desenlace.

¿Habría sido ese fuego en el pecho del niño -aventuró la Diosa regente del Desierto- similar a aquel otro ardor que casi ocho décadas atrás había movido a su piedad? Ese fuego que insoportablemente abrasaba la garganta del aviador, ya desfalleciendo y desvariando ante la tortura inhumana de la sed. Pero un fuego que, en ese caso, era aplacado justo a tiempo por el agua vivificante de un beduino salvador, un hijo del Desierto que éste, por voluntad de su Regente, puso en su camino. –Agua que salva y agua que mata, ¡tan paradójicamente! -rememoró la divinidad griega soltando otra amarga lágrima. Puesto que, así como las aguas de Poseidón le habían negado piedad al niño, el piloto francés también había terminado bebiendo del agua mala. En efecto, algunos años más tarde de ser salvado del desierto y en plena Segunda Guerra Mundial, su aeronave, aparentemente herida de muerte por otro aeroplano, un águila germana, también había sido tragada por el Mediterráneo. –¡Aviones, …otra paradoja!, musitó Libia-. Pues imaginó que aquel fuego en el pecho de Khalil bien podría asimismo haberse emparentado con otros fuegos también con él inclementes: El fuego del terror en su país natal, asolado por las luchas intestinas, y el fuego que, viniendo de lejos, era soltado desde el cielo, precisamente, por aviones de las potencias occidentales entre las que no faltaba el gallo de las Galias. Fuegos que, en definitiva, habían arrancado al pequeño y a su familia de su suelo natal para desesperadamente arrojarlos al mar en busca de un futuro diferente.

¡Cuánto hubiera deseado Libia poder cortar con sus propias manos los finos cabellos del tierno Khalil y arrojarlos al mar, como lo hacían los antiguos griegos en ofrenda y sacrificio a Poseidón cuando se salvaban de un naufragio! ¡Y cuánto hubiera deseado que Khalil nunca se hubiera tenido que aventurar por el Mediterráneo! Más aún, ¡cuánto hubiera deseado que los hombres hubieran aprendido de aquel aviador cuando escribió, agradeciendo el agua salvadora!: “En cuanto a ti que nos salvas, beduino de Libia, te borrarás, sin embargo, para siempre de mi memoria. No me acordaré nunca de tu rostro. Tú eres el Hombre y te me apareces con la cara de todos los hombres a la vez. Nunca fijaste la mirada para examinarnos, y nos has reconocido. Eres el hermano bien amado. Y, a mi vez, yo te reconoceré en todos los hombres. Te me apareces bañado de nobleza y benevolencia, gran señor que tienes el poder de dar de beber. Todos mis amigos, todos mis enemigos, en ti marchan hacia mí, y no tengo ya un solo enemigo en el mundo.”

Resulta tentador tomarse la licencia de imaginar que el pequeño Khalil bien podría haber sido descendiente de aquel salvador beduino del Sahara; él, o bien alguno de los miles y miles de niños, hombres y mujeres refugiados que son continuamente expulsados por las interminables guerras *. Al fin y al cabo, así lo hubiera sido para el aviador y escritor francés quien, desde aquel acontecimiento en el desierto, sintió con fervor al beduino salvador en cada uno de los mortales. El efectivamente lo hubiera reconocido, ahogado sobre la arena.

Por otra parte, como también lo observara aquel amado aviador, Mozart sigue siendo asesinado, un poco todos los días, en cada hombre. Pues, así como el árido Sahara devora la vida, nuestra sociedad ostenta una terrible indolencia, una falta de humanidad que genera el peor de los desiertos al vaciar las almas de los hombres. Es ese mismo desierto espiritual lo que precisamente no nos permite reconocer el hecho de que todos somos hermanos. Un desierto que no nos habilita la visión de que “el otro” es, en realidad, “el prójimo”. Un desierto que, en definitiva, no nos permite realizar el significado etimológico de la solidaridad: “unirnos sólidamente”, “reconocernos efectivamente como parte de los otros”, “hacernos uno”.

Sin embargo, algo sustrae la atención de la Diosa griega mientras amargamente llora, junto al “Khalil” de hoy, a los miles de “Khaliles” que son asesinados día a día a causa de la brutalidad del hombre. Y a los millones de “Mozarts” y “Khaliles” (a la Belleza y la Bondad) que “mueren” en las almas humanas a poco de nacer. Que mueren sofocadas por ese peor desierto que nos impide ver la inconmensurable belleza y riqueza que mora dentro de uno mismo y de cada uno de los demás. Pues aún entre lágrimas, Libia alcanza a divisar, muy a lo lejos al otro lado del mundo, un apenas perceptible parpadeo lumínico cual guiño esperanzador, acaso cómplice. Ya que perdida en la “noche sombría”, una “luz titila sola”, “como una estrella”, “en medio de la llanura”. Y dentro de la humilde casa, un niño, bello como Khalil, bello como todos los niños, posa con devoción sus ojos, tan húmedos como ávidos, sobre un pequeño libro. Sobre un libro en cuya tapa hay un simple dibujo de un niño de cabello dorado, de pie en muy diminuto asteroide (sólo “un poco más grande que una casa”), quien está llenando de estrellas sus pupilas y abriendo, a aquello que es “esencial pero invisible a los ojos”, su corazón **.

 

* Como el pequeño Aylan Kurdi, lamentablemente encontrado sin vida en 2015 en las playas de Siria, cuya foto le puso rostro humano a la tragedia. Se estima que en la región durante dicho año murieron más de 3.500 personas de entre la innumerable cantidad de migrantes que se lanzan a cruzar el Mediterráneo hacia Europa, mayormente desde las costas de Libia.

** Aquel bendito beduino, aquel hijo de Libia, jamás podría haberse hecho una idea de cuántos beberíamos de su agua. De un agua que se hizo sangre en el amado piloto y una sangre que, a su vez, logró la difícil alquimia de hacerse tinta. Esa tinta de la que tantos y tantos bebimos y beberemos para embriagarnos de glorioso humanismo.

 

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Si este texto ha resonado en ti, te invito a leer una novela relacionada, “Terra Incommneusrabile”. Resumen: Inmerso en el dramático escenario de la conquista de América y del alumbramiento del nuevo pueblo, un matemático se desvela por un fabuloso enigma nacido de un italiano, una india y sus singulares hijos (la increíblemente bella siempre-niña, el sacerdote-mago y el amante-guerrero). Por lo tanto, Terra Incommensurabile puede ser un viaje de aventuras que a lo largo de tres generaciones nos lleva desde la fascinante América de la conquista española hacia las refinadas universidades europeas y los coloridos burdeles parisinos, para retornar nuevamente a las mágicas cumbres andinas. Sin embargo, la profunda circularidad de dicho viaje lo es más desde lo metafórico que de lo literal. Y Terra Incommensurabile nos invita a trascender la metáfora en una travesía por una geografía mucho más compleja y cautivante, por un terreno ingente y atemporal. El del alma humana y del atributo que comparte con todo cuanto existe: su inherente inconmensurabilidad. Y de tal modo nos revela la tremenda belleza y potencialidad que tiene para nuestra vida la atención a tan sublime cualidad.

“Terra inconmensurabile” está disponible libremente en pdf en:

https://www.scribd.com/doc/55948161/Terra-Incommensurabile.

https://drive.google.com/open?id=1EWqKC0lmo4i3pNbw7POzdNbEYrmfpAo5

 


 

EDWIN JAVIER ÁLVAREZ DÍAZ

Nació el 30 de mayo de 1992 en Barquisimeto, Venezuela. Está radicado en Andorra. Es escritor, poeta, además de profesor en ciencias sociales, graduado con honores de la UPEL-IPB. Gran apasionado por la filosofía, intenta fundir en sus escritos la idea filosófica con el lenguaje poético a fin de acercarnos más a una visión clara del mundo desde su perspectiva, la cual se puede ver reflejada en su primer libro Un viaje poético (versos e historias), publicado en Andorra en 2024.

En 2023 logró mención honorífica en el Premio Oscar Wilde 2023, certamen literario de prestigio, realizado por el Grupo Bernavil Internacional a través de su firma editorial en Venezuela.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 105 y 108 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

alvarezdiazedwin@gmail.com

IG @soyeidenn

https://edwinalvarezdiaz.com

 

 

MUNDO ATÓMICO

Edwin Javier Álvarez Díaz ©

 

¿Y si fuéramos Todo en Uno?

¿Y si fuéramos Uno en Todo?

Quizá consideraríamos amar como el mayor bien de todos, y empezar a descartar al miedo, al odio, porque son los mayores males. En un mundo atómico, hacer daño al otro sería dañarnos a nosotros, hacer herida sería el mayor pecado porque todos seríamos parte de esa herida. En ese mundo: el amar, perdonar, apoyar, ser libre, pensar, vivir, sería una regla absoluta, al hacerlo uno, lo harían todos.

Un mundo atómico donde los prejuicios, el racismo, la xenofobia, la estupidez, la ignorancia y el fanatismo estarían fuera de contexto, una práctica desfasada.

Sueño con un mundo así, con un porcentaje de esperanza mayor a cualquier infamia, con la fe puesta en la humanidad, caminando juntos hacia el porvenir del saber, del amor y el progreso.

Estamos tan acostumbrados a soñar con utopías, que se nos olvidó como caminar hacia ellas.

 

 

UNA HIPÓTESIS INCÓMODA SOBRE EL AMOR

Edwin Javier Álvarez Díaz ©

 

Tengo la hipótesis de que el amor se comprende mejor en el sufrimiento que en el placer. Las preguntas que solemos formular al respecto, considero, están mal planteadas. No es: “¿por cuánto tiempo voy a amarte?”, sino más bien: “¿cuánto estoy dispuesto a sufrir por este amor?”

Cuando nos encontramos llenos de alegría y estabilidad, la pregunta por el sentido no emerge. Sin embargo, en el momento en que el sufrimiento y la tristeza irrumpen de forma violenta, aparece la verdadera interrogante: ¿vale el tiempo y la pena luchar por una relación que ahora se muestra fragmentada por los defectos de cada uno y por actitudes tan disímiles como irreconciliables?

Pensar el amor únicamente desde el placer —algo comprensible— y no desde la capacidad de resistencia a la frustración conduce, inevitablemente, al deterioro del sentimiento. La idealización del goce nos vela la posibilidad de comprender que el amor es dual, que no hay rigidez ni un camino perpetuo de felicidad.

En el amor se sufre. Y el sufrimiento no es una tragedia ni un error de fábrica; es, más bien, esa dosis de verdad que emerge paulatinamente en el encuentro de dos seres que, en el proceso, aprenden a entenderse y, en última instancia, a aceptarse.

 


 

GUILLERMO FERNÁNDEZ

Nació en la Argentina el 23 de noviembre del año 1951. Reside en la Ciudad de Buenos Aires. Es Magister en Ciencias del Lenguaje, título otorgado por el Instituto Superior del Profesorado Joaquín Víctor González. Ejerció la docencia en los niveles secundario, terciario y universitario.

Ha desarrollado la investigación académica en el área de sociolingüística Publicó en la revista Universos de la Universidad de Valencia, en la Revista Internacional de Lingüística Latinoamericana (Vervuert, Madrid) y en la Revista de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina.

Es Miembro Activo del Centro de Lecturas: Debate y Trasmisión, una institución en la que el discurso del psicoanálisis se complementa con otras manifestaciones de la cultura.

En ficción publicó Sólo razones (cuentos, 2005); las novelas Nadie muere en un bello día (Del Dragón, 2010); El cielo de Lucy (2012); Polonio espía detrás del cortinado (2016); El recurso de la noche (2020). Estas últimas en la Colección Novela Viva de la Editorial Letra Viva. En el año 2018 publica Demonios en Jeppener (Editores Argentinos, 2018) y el año 2023 Detrás del sol, a través de la editorial Diotima.

En el área de las Revistas digitales es colaborador de Polvo.com con textos que ahondan en temas de literatura y de cine; las revistas Hamartia, Socompa, El esfuerzo conjugado, Pulpo y el periódico semanal quirogapresencia, coordinado por el psicoanalista Carlos Quiroga.

arechaferni@gmail.com

 

 

FUENTEOVEJUNA, LO HIZO

Guillermo Fernandez ©

 

Las luces del patrullero pegaban cada tanto en mi ventana. Escuchaba voces en la calle. Algunos gritaban asesinos, por qué no se los llevan. Había tres pibes tirados en el piso, esposados. Los apuntaban dos policías. Los alumbraban con linternas para que las caras no se les borraran. Dieciocho años cada uno, dos con remeras negras con dibujos de Bob Esponja y el tercero con la cara de Homero Simpson. No se muevan, escuché desde mi puesto. Serían las tres de la mañana. La noche agigantaba el frío. Quizá para que los pibes quedaran congelados de una buena vez y todo fuera más fácil para la policía.

Se juntó algo de gente que buscaba asegurarse del castigo. Estaban en ropa de cama. No importaba. En el grupo de vecinos había quienes habían alcanzado a vestirse con lo primero que habían encontrado. Una mujer grande, despeinada por el fastidio y el sueño, dijo que los conocía. Rateritos son. Estos no aprenden más. Vi a mi vecino en pijama. Sacó la cabeza de su refugio. Hay que matarlos. Las voces retumbaban en el balcón. Pobre viejita murió de un golpe en la cabeza. 

Apareció una ambulancia. Se llevó el cuerpo en una camilla. Ya la habían cubierto con ese plástico gris que usaban para que quedara claro su final. La mujer del pelo revuelto intentó acercarse a la camilla. Uno de los camilleros la corrió con el brazo.

Mi vecino de pijama dijo en voz alta. Era la mujer de la plata baja. Forzaron la puerta los hijos de puta. Seguro. Ellos saben todo. La deben haber seguido desde el banco. Alguien de la vereda lo miró fijo. Hay que llamar a sus hijos. Conversaron solo para provocar más vacío. Una hija la venía a visitar cada tanto. Ella se arreglaba sola, una vez que se encontraron en la puerta de calle se lo contó. Había otro hijo en Córdoba. Venía para los cumpleaños y para las fiestas. No se sabía a quién le importaba la vida de la mujer. Los policías se ocupaban de los detenidos. El del dibujo de Simpson gritaba que la mujer estaba muerta cuando entraron al departamento.

Uno de los oficiales le apuntó en la cabeza. No mientas pendejo. Había un palo en el comedor. Le pegaron. Ella estaba muerta en el comedor. Vas a contar todo. El policía le puso el revólver en la nuca. Con la otra mano, le levantó la cabeza y se la golpeó en el piso. Dejó una marca de sangre en una baldosa. No me pegues. No la matamos, dijo el primer Bob Esponja.

El grupo amenazaba con pegarles. El hacer justicia resonaba en el aire. El policía levantó el arma y los frenó. Ellos pedían que todos bajaran para el castigo. Las luces de los departamentos linderos se prendieron. El encargado del edificio fue el primero en aparecer con un martillo. No había tiempo que perder.

El del quinto B apareció con una pala. Mejor hacerlo ya. Estos entran a la cárcel y se van en dos días. Uno de los agentes pidió refuerzos. Iba a decir tengo miedo, pero se detuvo. La gente veía culpables en todos lados. No iban a distinguir uniformes perdidos entre la ropa común. 

Hasta la mujer despeinada pedía a gritos que trajeran palos. Pobre abuela. No iba nunca a poder asistir a su venganza. Somos vecinos o qué, decía con los brazos abiertos, pidiendo algo de justicia, al cielo.

En minutos se había formado un cordón humano con cuchillos. El segundo Bob Esponja quiso mirar la escena. Uno de los agentes, por miedo a que el descontrol de los vecinos, lo viera cómplice, le pegó una patada en la cabeza. Eso los enardeció. Eso, eso. Otra más, por la viejita.

Una fuerza lo llevaba a seguir con el castigo. Los tenía con las manos a la espalda. No podían defenderse. Por un momento se le pasó por la cabeza, el escalafón, la valentía y la idea de eliminar para siempre la chaqueta azul manchada por el miedo, o peor aún, la complicidad con el delito.

Se quedó paralizado. Su compañero le pidió que se detuviera. Había adivinado sus intenciones. En la Escuela de Policía les habían enseñado a intuir.

Bajé a la calle. Tuve que esperar el ascensor. Cuando llegó a mi piso, ya venía ocupado por hombres y mujeres decididos. Me encontré con los detenidos acostados en la calle. Uno de ellos, el Homero Simpson, inconsciente.

Los agentes hablaban entre ellos en voz baja. Estaban seguros de algo. No iban a dejar de ser otras víctimas. Odiaron a la viejita, a esa bolsa gris con cierre, a ese bulto que cada vez tenía más vida, que arrastraba tanta sangre en toda la vereda para señalar culpables. Ella ahora no vería aquello que había desencadenado.

Una muerte forma parte de un eslabón, una cadena de hojas foliadas con fotos que nunca tiene fin. Ni siquiera una carátula ayuda a condenar, a determinar el número de cómplices. El miedo de los policías era el hecho de formar parte, de que quizás, alguno de los vecinos, pensara que habían llegado tarde, como siempre, y la viejita no había podido defenderse de los Homero Simpson, de Bob Esponja por la demora.

Escuché que un hombre con el saco del pijama desabotonado, creo que vivía debajo de mí, dijo qué hacemos con estos dos. Comenzaba un murmullo, ese balbuceo que inicia la caza de culpables, ese, pero sí tiene razón. Otro, con cara de ver mucha serie intervino. Les pegaron con violencia. Hay una fuerza desproporcionada. Tampoco se sabe si la mataron. Nadie entró al departamento para ver.

Hubo silencio. Miraron a los policías. A las cuatro de la mañana, frente a un edificio con las puertas abiertas como para dejar en libertad cualquier tipo de sospechas, es muy fácil caer en el abismo de la duda y en el de la violencia.

Miré cara por cara. La injusticia pide, aunque sea una victoria rápida, un consuelo.

Tampoco hay dinero. Uno de los agentes intentó sacudir a un Homero Simpson. Lo iba a zarandear contra las baldosas. Con un grito lo detuvieron. Escuché que alguien en voz baja murmuró vos ya hiciste suficiente. 

Ese ruido, parecido a una voz, creció. Había que justificar la sangre de Bob Esponja y la de la señora. Nadie dio la orden. Pero estaba implícito que la sangre lleva sólo sangre consigo. La única sangre que corría por la calle iría a repetir otras. No se escuchó un solo disparo. No había necesidad de seguir alarmando a esa altura de la noche.

A los pibes los arrastraron por la vereda. Los apilaron a los tres. Las remeras quedaron manchadas. A lo mejor las siluetas estampadas de Bob Esponja y de Homero Simpson colaboraron con un crimen tan incierto como el mismo castigo.

Un hombre en camiseta y con una cuchilla en mano buscó causas. Todos lo escucharon. Los policías habían llegado tarde al lugar del hecho. La furia misma equivoca inocentes.  Gritó que la abuela hubiera exigido justicia.

Aquello que vino después fue un acto repentino y plural.

Rodearon a los policías. Alguien amagó trompearlos. Ellos no pudieron sacar las pistolas. Se les echaron encima para buscar el dinero de la abuela. No va a ser la primera vez que roban. Cayeron de rodillas, junto a los pibes. Sáquenles el arma, se escuchó como una sola voz. Dos vecinos bajaron con linternas. Buscaron los billetes.

A esta altura, el dinero importaba menos que las pruebas. Ya eran cuerpos castigados. No había inocentes.

Dos hombres forcejearon para sacarles las pistolas.  Después siguieron los disparos. Uno dio en la cabeza de un agente. Los otros fueron respuestas al núcleo compacto de vecinos, sin caras, pero con decisión de matar.

Ninguno de los bandos pudo frenar el gatillo. La violencia se repite, se desplaza en silencio, gana la calle. Había que seguir hasta liquidar al otro. El peligro es una navaja que recorre una garganta. Cualquier movimiento corta. Utilicemos el mismo revólver. Pudo ser una pelea entre ellos. La idea convenció. Ya no había nada para discutir. Todas las cabezas asintieron cuando sonó el balazo. Los ponemos uno arriba del otro como cómplices. Hablaban en voz alta para animarse.

Apagaron las linternas. Adentro del patrullero había una mochila. En la oscuridad fue bulto.

Lo demás siguió como indica una crónica que da cuenta del deber comunal cumplido. Un Bob Esponja desde el piso vomitó.

Vino un patrullero. También tarde. Una revuelta en la calle. Más bolsas grises con cierres relámpagos. Las preguntas fueron las que se necesitaban para llenar hojas y folios.

Fui uno de los tantos para declarar. Me atendió una oficial con la pintura de labios corrida. El rojo se le escapaba en cada bostezo. Bajé la vista. Se había quitado los zapatos para estar más cómoda. Mientras se rascaba la cabeza, me preguntó si sospechaba de alguien.

No sé si escribió mi respuesta. Firmé para convencerme de que había participado de un acontecimiento y así llevar puesto el uniforme que me da la justicia.

 


 

FRANCISCO JOSÉ BLAS SÁNCHEZ

Orihuela (Alicante), España. Es letrista, articulista, poeta y narrador. Autodidacta. Ciclo formativo grado medio en electricidad. Estudios de teología (formación Dominicos, Facultad San Esteban). Hermano de la Hermandad del Silencio de Orihuela). Es embajador de la palabra (Fundación César Egido Serrano). Vocal honorario de la Unión Nacional de Escritores de España. UNEE. Fue batería y cantante del grupo de música De-pression.

Premios: por Blog del Día, de Marta Sanz. Su blog: https://pensamientossobredulcinea.blogspot.com. Primer Certamen de Canciones y Poemas Nuestra Señora de la Inmaculada. Diploma internacional de temática sobre poesía (Argentina). Colaboración Poesía Internacional XV Antología Poética Asociación Cultural Sierra Morena, Jaén. Diploma Reconocimiento en modalidad Poesía de la Asociación Cultural Sierra Morena, Jaén. Diploma Narrativa XV Certamen de Creadores por la Libertad y la Paz.

Ha colaborado en las revistas de creación Empireuma, Ágora, Las Nueve Musas y Revista Aullido. En el portal Escritores.org, el blog Frutos del tiempo y Aguamarina.

Articulista en la desaparecida revista sociocultural La Lucerna, La Vega Es, Activa Orihuela y en el periódico La Verdad. Articulista en Forum Libertas, Diario Digital Católico y en el periódico El Español.

Tiene publicados varios poemarios: Tristezalegre (Celesta, Madrid, 2018), Tragicomedia (Celesta, Madrid, 2021), La Libertad del Alma (Celesta, Madrid, 2022), Mujer (Celesta, Madrid, 2023), Arcano, Alborada, Libertas (Celesta, Madrid, 2024), Alma de poeta (Celesta, Madrid, 2025) y Anhelado Oriente y hadas verdes (Talón de Aquiles, Valencia, 2026).

franciscojblass@yahoo.com

 

 

AMOR HISTÓRICO

Francisco José Blas Sánchez ©

 

En el despertar de mi conciencia descubrí una bonita vivencia (con un poco de tinte gris) que todavía hoy recuerdo, pudiendo saborear, por ser el resultado de mi existencia, comenzando todo, con dos jóvenes personas desconocidas que la amistad unió. El joven podría haber sido como un plebeyo del reino de Aragón, aunque su corazón era noble, y, tenía espíritu de soldado, sin querer ser cruento en la batalla de la vida. Este joven ayudaba sobre todo a su padre en las tareas del negocio familiar, estudiando a la vez para poder tener un futuro más agradable. Contaba con muchos amigos y era muy responsable con todo lo que acontecía en la familia. Transcurrían los años y buscaba el amor de una joven, resultando ser truncado por la muerte de ella. Este joven caminaba triste sobre la arena contemplando el inmenso mar ante sus ojos vidriosos y en ese mismo instante lleno de tristeza una bella joven le hizo dibujar una sonrisa en su boca. Los dos se miraron a los ojos y a los ojos del alma también se miraron.

Tuvieron sus primeras palabras, miradas y sonrisas, con el resultando de próximas citas donde se conocerían más esta pareja de amigos. Ella era una joven como si fuese una plebeya del reino de Castilla, muy responsable, trabajadora, normal, sencilla y tenía un corazón rebosante de amor. Hubiera sido una gran dama en una sociedad jerarquizada. En el interior de ellos dos nació sin duda alguna un amor verdadero.

Ese afable testigo omnipresente, con el paso del tiempo los unió en una inquebrantable amistad. Podrían haber sido perfectamente los dos unos príncipes; él como príncipe de Aragón, y ella como princesa de Castilla, uniéndose los dos reinos por amor. La apariencia y la realidad decían de ellos que eran tan sólo unos ciudadanos de a pie o, como unos plebeyos más en cierta época de la historia, aunque en la vida espiritual, eran reyes del reino enamorado donde estaba su hogar y realizaban su trabajo.

         Pasados pocos años, el único rey de todo rey los unió en matrimonio y fueron cuatro sus frutos por el amor verdadero que se tenían los dos. El primer fruto llevaba por nombre alegría; el segundo, responsabilidad; el tercero, apoyo; y el último, esperanza. Eran como dos infantes y dos infantas, pero sin duda eran cuatro pilares donde se apoyaban sus padres por los avatares de las tristezas y el sosiego de las alegrías.

         Transcurrieron muchos años, años de duro trabajo, de muchas discusiones y de muchas reconciliaciones. Pero siempre estuvieron unidos y la gracia de Dios les acompañaba. Como si de un heraldo se tratara, notificó una trágica información, resultando ser la existencia amarga, por la amenaza de muerte de una enfermedad letal del patriarca de la casa, del reino del amor. Su esposa estaba muy preocupada, también estaban muy preocupados sus hijos y amigos. Los frutos de amor del sencillo matrimonio no querían que él marchitara. Todos estaban pendientes del padre de familia, su esposa, sus hijos, todos sus amigos y conocidos. Uno de los hijos quiso hablar con una persona experta en la enfermedad e investigación del cáncer, como si fuese un infante de un rey, y, que pudieran atender a su padre los médicos de la capital de España, Madrid, como si de un reino se tratase, porque sería un cáncer mortal, en una ciudad de provincias, como la peste en cualquier aldea, de cualquier reino, de cualquier época, por no tener suficientes medios para atender a su padre agonizante. El infante del reino de la amistad diría a la familia que los ayudarían.

         Demasiada amargura, demasiadas lágrimas, sobre todo las lágrimas de su esposa. Ella decía: “¡Oh Dios, tanto que amo a mi marido por favor no me lo arrebates así!”. “¡Ay de nosotros que no somos ricos, que en otra vida hubiéramos sido sólo unos plebeyos!”. El esposo empeoraba con el paso de los días y su mujer alertó a sus hijos que avisaran a los médicos y enfermeros, y, éstos, venían al encuentro como si fuesen los soldados de un rey. Pero, ya era demasiado tarde. El poco hálito de vida que le quedaba al plebeyo, príncipe y rey de Aragón ante los ojos de Dios, agonizante, le dijo a su esposa que la cruel hora llegaba y tenía que marchar, pero no sería el final y ellos volverían a juntarse y murió diciéndole, que, lo único que le hizo feliz en toda su vida fue amarla. Casi toda la ciudad lloró su muerte como si hubiera sido una aldea de otros tiempos en donde todos se conocen.

         Decidió su mujer esparcir las cenizas de su esposo allá en la tumba del mar, en el mar mediterráneo donde se vieron por primera vez. En ese inmenso mar que está a treinta kilómetros de la ciudad de Orihuela (Alicante), como si se tratara de una aldea del reino de Aragón. Ella desde que se unió con su marido dejó Alquerías (Murcia), como si hubiera sido una aldea del reino de Castilla. Hoy día lo siguen recordando y llorando con disimulo. La que fue la bella joven enamorada, como si hubiera sido una plebeya o, dama enamorada, férreamente se agarra a sus pilares en la tierra de su marido donde tantos y tantos amigos y amigas tiene. Donde cada noche duerme y sueña con su amado y éste le susurra que no está sola, que tiene sus frutos con ella: La alegría, la responsabilidad, el apoyo y la esperanza.

 

 

ENTRE MIS BRAZOS

Francisco José Blas Sánchez ©

 

El hontanar

se quería vaciar,

el fuego quería

apagarse,

el viento

no quería soplar,

la tierra

quería ser marchita.

Pero no.

Entre mis brazos

llegaste al paraíso

en un instante,

después de unas sonrisas,

después de una conversación,

te despediste con una mirada

que se apagaba aquí en lo terrenal,

aunque estás vivo en otra dimensión.

 

 

INTEGRACIÓN

Francisco José Blas Sánchez ©

 

Este páramo presente

de mentiras cosechadas,

que no siegue la paciencia sembrada.

En el momento tempero

el dolor olvidado y tirado al humus,

pueda leer en la historia

la tenacidad y heroicidad

de ser simplemente amigos

y que haya la única diferencia

de que no haya diferencia,

sea el paisaje el mismo en su diversidad,

sea el paisanaje el mismo,

esté el hombre enamorado

paz sea su siembra

y como fruto:

hermanos todos

de cualquier etnia.

Abra las puertas el palacio de la sabiduría

a la integración.

La condición

la impera el dinero.

Dinero a veces diabólico

más valido que cualquier raza y credo.

El poder está en nosotros,

el poder es fraterno

y no lo sabemos.




MARÍA MORENO QUINTANA

Poeta nacida el 10 de enero de 1969 en Buenos Aires, Argentina, ciudad donde reside. Publicó: Y?, La importancia del bidet, Dopamina, A mis ángeles, Los secretos de las piedras, Caída libre, Golondrinas en cruz, Donde nada se sostiene, La vida dulce, Y ahora al mundo, La lluvia negra, Sombra, Los hijos del sol, Barfly, Por este dios verde.

Tiene varios libros pendientes de publicación. Participó en dos antologías de poesía latinoamericana. Profesora de yoga. Estudió periodismo, estudia Filosofía en la Universidad de Buenos Aires.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 85 y 92 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

las_piedras_1@hotmail.com

recepcion@freecomex.com.ar

 

 

Fragmento de su poemario Desde el potrero:

 

en su nido

enardecida por la promesa

de un encuentro cercano

a orillas de esta luna

 

al orden calma o perpleja

vaivén de espigas

su mente obliga

y siempre es mejor olvidar

 

oscura percepción del espacio

hambrea pero conmueve

detonada

en su afán meticuloso

de reinventarse

 

se desdice con lamento otoñal

desde la nube soberana

esculpe un modelo de felicidad

despoblada a la vera del río

 

por esta distorsión contradice

la energía paralela al rumbo

del ángel con sus labios pétalo

en el pico de la razón

 

cargada de honores

en su colmena reina la virtud

oscila entre salvarse o enfrentar

ceremonia donde alinearse

una vez arribada la sombra

 

desatada tuerce el rumbo

hacia su propia guarida

la arrebata el fantasma

de este sueño latente

 

vendrá esta lluvia a esclarecer

con su sonido punzante

la dimensión del otoño

que cosecha sin más

gamas y sueños

 

cerca del último sol

este lugar de ensueño

late con el mundo

sin saber siquiera

el motivo

 

ella pedía poder dormir

con las estrellas o a pleno sol

llevaba en sí un cansancio

tan grande como su corazón

 

va a caer

a ras del potrero

arado por los discos

con un guiño a los ojos

que aún lo miran

 

trata de contenerla

feliz de sí

habitada por el hada

multiplica su deseo

de paz

 


 

OMAR ROLDÁN RUBIO

Poeta, escritor, tallerista literario y promotor cultural nacido en Tulancingo (Hidalgo), México. Su nombre completo es Omar Cristóbal Roldán Rubio.

Ha publicado cuentos, relatos, ensayos y poesías en las revistas mexicanas Umbrales (Tamaulipas); Crónicas del Emir (México D.F.); Eclosión, Escafandra, El Reloj, Revista 13 y Terraplén (Hidalgo); Va de Nuez (Sonora); Tercer Ojo (Michoacán) y Alterna Palabra (Jalisco).

También ha publicado los poemarios: Sueño de Miércoles y Mayo (Ediciones El Aduanero, México D.F, 2002), del Viento y la Mirada (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, 2009), Para Acabar el Año (Literaria Editores, Guadalajara, Jalisco, 2010), Éxodo Hacia Ninguna Parte (Conaculta y Cecultah, 2014); así como poemas sueltos en las antologías 100 Poetas del Mundo (Cultura, Arte y Tradición A.C., Zamora, Michoacán, 2006), El Sol Desmantelado: W.H. Auden Revisitado (Ediciones Alb@tros Press, Pachuca, Hidalgo, 2006), Del Silencio Hacia la Luz (Ediciones Sur, Mérida, Yucatán, 2008), La Mujer Rota (Literaria Editores, Guadalajara, Jalisco, 2008), Tributo a Sabines (Ediciones Fridaura, México D.F, 2010).

Desde el año 2017, a través de las redes sociales, ha publicado en la tienda de libros AMAZON.com, los siguientes e-books: Sueño de Miércoles y Mayo Versión X (poemario); Otredades, bitácora de travesías inconclusas e inconexas (cuentos y relatos); Anacrónicas de lo Perverso Cotidiano (ensayos breves y crónicas humanopolíticosociales) y Utopía El juego final (cuento utópico sobre fútbol).

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 91, 94, 103, 106 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

y en Realidades y Ficciones – Revista Literaria ha publicado artículos en:

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2021/12/  (Nº 48)

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2022/03/  (Nº 49)

omaroldan_r@yahoo.com.mx

funhdar@gmail.com

 

 

MI ÚLTIMO DESEO

Omar Roldán Rubio ©

 

Las imágenes de aquel primer encuentro son, en su mayoría, nebulosas. Sin embargo, algunos aspectos como los altos y entonces jóvenes fresnos sobre las orillas de la espléndida calzada —antes llamada De las Hortalizas, y después, seguramente en honor a la batalla sostenida contra los franceses, Cinco de Mayo—, han quedado claros en mi memoria; nítidos como la estación del ferrocarril ubicada en la colonia Mimila, o la figura de mi madre en aquella fría mañana. La calidez de su mano apretando la mía mientras caminábamos aprisa sobre la calzada para llegar a tiempo de tomar el tren con rumbo a Ciudad X.

Del viaje recojo el inmarcesible traqueteo del tren, los bucólicos vapores entrando por los resquicios de las ventanillas y de los muros del vagón, los olores a dulces, café, atole y tamales que subían en cada poblado con los vendedores. Pero sobre todo recuerdo el tono manso y profundo de aquella voz contándome de hechiceros y faunos y bosques de extraños árboles habitados por hadas. De remotas batallas entre guerreros inefables y viajes en tren hacia lugares lejanos e inauditos; y luego esa tonadilla que silbaba en los intersticios de sus relatos y que, durante los lapsos en que me dormía, atravesaba mi descanso invadiendo mis sueños. Sonido que se escondería en el desván de mi memoria y que, años más tarde, me asaltaría en otras circunstancias.

Cansados del largo recorrido, aún somnolientos, mi madre y yo escuchamos el agudo grito de la locomotora anunciando su pronto arribo a la Estación Central. Bajamos pronto del vagón y recorrimos el andén hacia la salida. Mi madre presionó mi mano y me enfrentó al espanto de una ciudad plena de gente y extremadamente ruidosa para mis provincianos tímpanos. Por instinto cerré los ojos al tiempo que tapaba mis oídos. Entonces comencé a tararear la tonadilla escuchada en el tren. Mi madre me tranquilizó y me ordenó callarme. Lo logró a medias porque seguí, ¿por cuánto tiempo?, siseando el ritmo aprendido. Corría un mes de octubre.

Diez años después, otra tarde de otoño en que sufría mi primer desamor, eché a caminar hacia ninguna parte y entré, sin proponérmelo, a la Calzada Cinco de Mayo por su lado sur. En otro escenario hubiese disfrutado la lobreguez de los fresnos, la frescura del espacio, el aroma a siempre viento nuevo, la danza de los pájaros al canto del cenzontle, la crujiente arenga de las hojas bajo mis pies; pero esta vez sólo atiné a sentarme bajo uno de los guardianes del tiempo y de la vacuidad. Recargué mi espalda contra su corteza y metí la cabeza entre mis rodillas. Justo entonces escuché claramente cómo se iba acercando un armónico sonido que reconocí de inmediato. Sin levantar el rostro percibí una cálida energía junto a mí. La voz sonó extraña, como si germinara de algún lugar remoto. Me confortó diciendo que mi malestar pasaría pronto, que no valía la pena sufrir por nada y que, en recompensa a este tipo de pasajes, más tarde o más temprano, siempre habría dejos felices.

Luego de una larga pausa comenzó a contarme parte de su vida. Era huérfano y andaba, desde hacía algún tiempo, hurtando las ocasiones para que coincidiéramos. Su madre, a causa de una enfermedad irreparable, había muerto joven, por lo que él quedó al cuidado de su padre -quien pertenecía al grupo que plantaron los árboles bajo los cuales estábamos-, un buen hombre dedicado al trabajo y que lo educó con esmero enseñándole, entre otras cosas, a amar esta tierra donde nació.

Al igual que él, su progenitor fue hijo único, y su abuelo, hortelano y guardagujas, también había participado en la construcción de la antigua Calzada de las Hortalizas. Su demás ascendencia, paterna y materna, se perdía en dos vertientes: una occidental y otra surgida en el sureste, cuya ramificación se había asentado en esta parte de la región desde antes de ser fundada como Tulancingo.

Respecto a la tonada me contestó que era tan antigua como la creación del universo, inherente a lo humano en los tres tiempos, surgida desde los cuatro puntos e inmersa en las cinco realidades del hombre para retumbar seis truenos en su gran vacío; por tanto, línea en el tiempo, destino.

Por todo eso sostuvo que nuestro encuentro no era fortuito. Dijo también que, más adelante, cuando todo estuviera dispuesto, nos encontraríamos una tercera vez y que entonces me indicaría lo que debía hacer. Luego de un gran silencio escuché la tonada abismándose en algún punto inexacto.

Veinte años después nos reencontramos en el mismo punto. Era una tarde calurosa y nos resguardamos del azote del sol bajo el frescor de los fresnos. La Calzada entonces comenzaba a ser ruidosa por la invasión de automotores y la cada vez mayor presencia de personas deambulando por ese espacio antes sosegado que, sin embargo, aún conservaba su talante natural.

En eso pensaba y de pronto el tiempo se detuvo, el barullo se apagó y me pidió que escuchara atentamente. Luego de agradecer mi disposición para llevar a cabo su deseo me explicó a detalle lo que quería. Por último, al igual que las veces anteriores, se fue, aunque yo tuve la percepción de que no se iba sino que regresaba de algún punto indefinido.

Cumplí su encomienda tal cual la indicó, y fue entonces cuando decidí propiciar esta línea contigo. Ahora comprenderás claramente todo: nuestros anteriores encuentros, el sentido de la tonada, la conexión que nos une. Así que, agradeciendo tu aceptación te pido que… En el silencio de la tarde, a lo lejos se oyó claramente el característico canto del cenzontle y luego una parvada de pájaros cruzó La Calzada seguidos de un viento suave que hizo crujir las hojas sobre el camino… Sé que mañana, cuando deje de ser presencia, cumplirás lo prometido, y sé también que iniciarás la búsqueda de alguien a quien le pedirás lo propio.

Todo está dispuesto: ordenarás cremar mi cuerpo y recogerás las cenizas para diseminarlas, como yo lo hice con aquel que a su vez lo hizo con otro y éste con otro y aquél con alguien más, entre los troncos de los fresnos guardianes de La Calzada, para seguir siendo polvo de esta tierra; hojarasca, alimento y canto de las aves, aroma a viento siempre nuevo.

 


 

JOSÉ ABELARDO FRANCHINI

Nació en Hurlingham (Provincia de Buenos Aires), Argentina, en 1972. Cursó estudios primarios en La Serranita, donde reside, y secundarios en Alta Gracia (Córdoba). Es periodista y escritor, para lo primero hizo un curso terciario y posee un título de Técnico en Medios de Comunicación. Colaboró como periodista en el periódico de circulación nacional “Question Latinoamerica” que dirigió Gabriel Fernández y en “Topia”; escribió columnas para radios y le leyeron varios relatos en el programa “Las noches y los cuentos”, de Isabel Pisano, en Radio América (AM 1190), de Buenos Aires. Ha publicado dos trabajos literarios en la revista digital “Archivos del Sur”, que dirige Araceli Otamendi, y en “Luke” de Álava, País Vasco, España. Parte de sus obras, están en internet. Se considera dentro de la línea del existencialismo que fundaron y desarrollaron Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia en Italia y Ernesto Sábato en la Argentina, que expresa lo subjetivo, en contraste o en fricción con la realidad exterior, lo complejo de la existencia.

abelardofranchini@yahoo.com.ar 

 

Quelques paroles pour Annette pendant un insomnie au petit matin

(Unas palabras para Annette durante un insomnio en la madrugada)

José Abelardo Franchini ©

 

Y es el pasado Annette, es esa mística de los Idus, los días postreros, y te escapas, me escapo: ¿y adónde voy?, ¿y adónde vas? Es la furia de Odín, de nuevo en la Selva Negra o los Vosgos. El rumor del reloj en el silencio de la madrugada. Y la luz eléctrica blanca y el cielorraso gris metálico.

Estoy volviendo y vos sólo querés huir, ¿por qué Annette? C’est dificile volver a ese lugar y constatar que ya no estás, la estación de trenes de Lille casi desierta, con algún que otro transeúnte caminando o esperando. Sólo este dolor en el costado, es duro Annette.

Y me enteré de la muerte del escritor colombiano Gabriel García Márquez y, aunque alguien con talento, autor de buenas obras literarias, el hecho me contraría por tener Colombia una idiosincrasia dura, cerrada, conservadora y antieuropea, en buena medida un hispanismo tradicionalista coaligado con los acervos indígenas de esa región, los Quimbaya, los Muiscas, los Calimas, los San Agustín o los Tierra Adentro —al menos estos últimos hacían estatuas de piedra y trabajos en cerámica—, pero esa combinación que dio por resultado una impronta reaccionaria que se reflejó en un presidente como Álvaro Uribe, que apoyó a los paramilitares, la persecución a las guerrillas de izquierda y a los activistas campesinos y en definitiva una democracia condicionada, se vio reforzado con la elección de Iván Duque, otro gobierno de derecha, que prácticamente dio fin al Proceso de Paz —cuando la elección de Gustavo Petro el Candidato Progresista hubiera sido un cambio positivo y necesario— y da continuidad a un estado de opresión de coacción antisocial. 

No sé cuándo será el Armagedón, siguen pasando los años de este nuevo milenio, la postmodernidad, con su carga “realista” y “decantada”, “a la luz del sol”, después del subjetivismo “mojado” del siglo XX, ahora las cosas se reproblematizan después de los 90’, pero es como que seguimos de vuelta, ya lo vivimos “todo”, “el fin de la historia”, como lo conceptualizó Francis Fukuyama.

Y estuve en Escobar, junto a la estatua de Rosas y con María Sackler o en la Panamericana viendo las luces de Buenos Aires, en el horizonte, con un matrimonio amigo —Ricardo Sabalza e Inés— o frente a la Torre de los Ingleses, en Retiro. Quizás esté en Uruguay dentro de unos meses, veremos. Sí, es la maldita realidad, como lo decía en ese relato, “Esa realidad tirana que se ríe a carcajadas / porque quiere que me canse de buscar”, decía Alejandro Lerner en una canción (“Todo a pulmón”). Y escapo por el espejo a la otra dimensión al gris-nada, a otro tiempo, a esa cavidad blanca, de paredes blandas, subjetiva poesía de otro tiempo, de mi autoría.

Y son estas líneas, Annette, y la inquietud que trato de que no se vuelva desesperación. Ellos estuvieron y el encuentro fue amable, se explicó todo, se despejaron las dudas… ¿el futuro puede ser amable, racional? Quizás.

Y ahora en Turingia, los gnomos y los druidas de ese pasado y ese futuro remotos, el anillo de los Nibelungos, el río Rin, Westfalia, Viggo Mortensen y Frodo, los soldados del Bien contra el Mal, las Bestias.

Son los mil kilómetros de distancia hasta el Río de la Plata y otros varios miles hasta Bruselas y el Mosela y la Place de la Vêndome en París, la estatua de Napoleón Bonaparte y el dolor, este agudo dolor por todo lo que pasó, Annette, y no tuviste la culpa vos y yo tampoco, pero pasó, ahí está la memoria de testigo.

Septiembre de 2013, avanza el siglo XXI, y estamos esperando que los robots y los autos eléctricos formen parte de la cotidianeidad, para que el futuro imaginado en los ‘60 no sea prosaico (todavía la gente usa saco y corbata y los autos consumen nafta y echan humo). Veremos, certainement.

 


 

JESÚS QUINTANILLA OSORIO

Originario de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), vive en Chetumal (Quintana Roo) desde hace 46 años, México. Es un escritor profesional, autor de numerosos libros, entre los cuales se encuentran disponibles en la red, Humanos sintéticos, La educación como modelo liberador, Mujeres disolutas en la literatura, entre otros.

Ha obtenido numerosos premios, entre los que destacan, Premio Internacional Ensayo Periodismo, en Limaclara, Argentina (2012); mención honorífica internacional de la Revista Katharsis en 2008, segundo lugar nacional de escritores de teatro para adolescentes en Puebla, México (1993).

Ha publicado en las revistas The Upper Room de Nashville (Tennessee, Estados Unidos, editada en 40 idiomas), Prisma (México, 2016), Ecos Cotidianos (México D.F.), Migraciones Forzadas (España, Inglaterra, editada en cuatro idiomas), Le chassieur abstrait (Francia), entre otras.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 91 y 98 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

chusino66@hotmail.com

 

 

DON CALAM, RECUERDOS DEL AYER

Jesús Quintanilla Osorio ©

 

Sobre la calle Tlaxcalaltongo, en la esquina con la avenida, tenía su tienda Don Calam.

Tuve el privilegio de conocerlo en los años 80 en Chetumal Quintana Roo. De fácil conversación y agradable compañía, me pase tardes enteras platicando con él, de sus vivencias. Era muy ameno. Además, como era mi vecino, y él vivía a espaldas de mi casa, me deleitaba con su clarinete cuando le tocaba ensayar para sus presentaciones con la banda de música del Estado. Lo recuerdo con esas melodías que ensanchan el corazón. Es como si hubiera tenido a un Keny G. para deleitarme. Han pasado muchos años desde que partió a la presencia de Dios, pero aún lo recuerdo con mucho aprecio.

Chetumal Quintana Roo, 30 de diciembre de 2024.

 

UNA TARDE ESPECIAL

Jesús Quintanilla Osorio ©

 

Cerca de las 4 de la tarde andaba yo por Larrainzar, con el frío acuciante de San Cristóbal de las Casas. Con una penetrante heladez, que llenaba mis manos de entumecimiento, me puse a aplaudir no porque estuviera festejando sino para sentir mis manos ante el frío tan intenso. Sin embargo me sentía tan contento que al observar a un ventero de esos que con su carrito en forma de tren, vendían plátanos y camotes, le llamé y se detuvo. Le pedí me vendiera uno de sus ricos plátanos hervidos al vapor humeante, pagué el consumo y puse el plátano en mis manos lo que me produjo un calor satisfactorio en ellas.

Ya rumbo a la casa me lo fui comiendo, pues con la leche dulce que le ponían encima le daba un sabor fantástico.

Fue una de esas tardes inolvidables que el tiempo te permite rememorar.

 

 

APOFIS

Jesús Quintanilla Osorio ©

 

Apofis, 2 de enero de 2029.

Mientras Apofiss se aproxima a la Tierra a una velocidad espeluznante, el caos reina en todos lados.

Nadie creía el riesgo que corríamos hasta que las agencias espaciales aceptaron el grave peligro en el cual vivíamos.

La agencia espacial europea habría anticipado un par de años antes la proximidad de un objeto de colosales dimensiones, pero pocos lo tomaron en cuenta.

NASA con sus expectativas casi a cero, desde tres años previos, cambió sus avisos de internet y puso una calavera como severa advertencia. Algunos hicimos caso y pensamos en el silo para ataques de cuasipulsares, pero los más, se dedicaron a vivir entre drogas y sexo ilícito que ahora ya es visto común así que cuando se dio la alerta mundial, el pánico corrió como reguero de pólvora.

Ahora ante la cercanía de Apofis ya visible en una noche clara, los suicidios se han multiplicado, las iglesias ya no cierran sus puertas y la escasez se acrecienta. No hay agua purificada, ni alimentos enlatados y la policía no se da abasto. Un científico asegura que aún tenemos 7 años y que no impactará esta vez si no hasta 2036. Pero nadie le cree.

A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de lo poco que hemos valorado la vida y ahora, a punto de perderla, quisiéramos retenerla.

Ojalá podamos ver un nuevo año y que este no sea el fin…

 

 

LIBÉLULA DE ALAMBRE

Jesús Quintanilla Osorio ©

 

Ante mi vista, levantó el vuelo la libélula verde hecha de alambres. Un sonido chirriante, intenso, fue la única diferencia. Mi asombro fue mayúsculo. Quién hubiera visto la expresión de mi rostro, no sabría si estaba con miedo o dormido. Más bien, estaba asombrado. Voló hacia la puerta de la oficina, por lo general cerrada pero que la intendente abrió cuando sacó la bolsa de basura. La seguí, y pensé: Seguramente, del lado del frente está cerrado… Me equivoqué, alguien dejó la puerta abierta. Se fue por allí. Escuché a alguien decir que varios dijeron haber visto una libélula verde “que parecía metálica” y alguien supuso se trataba de un dron. Lo cierto es que no sé cómo sucedió esto. Estoy pensando que si me encuentro con el taxista que vende estas figuras de alambre le voy a pedir la de la mantis y también la araña de colores. Esta última no creo tenga veneno… En fin, cosas veredes Sancho, dijera Don Quijote

 

 

100% NATURAL

Jesús Quintanilla Osorio ©

 

Desde que hubo el gran cataclismo y todos vivían en ciudades burbuja, con domos de vidrio, la comida era totalmente artificial. Claro, Ricky vivía en un paraíso natural en una cueva milagrosamente preservada con un clima hermoso, y allí cultivaba de forma natural sin químicos, y cuando podía introducirse a ciudad esperanza y vender sus productos, lo único que podía denunciarlo era su letrero de ¡¡100 natural!! Pero como nadie sospechaba el orígen, pudo hacerlo mucho tiempo. Hasta la noche cuando alguien lo descubrió entrando subrepticiamente por una de las hendiduras de la ciudad y le fue imposible regresar a ciudad esperanza.

Solo quedó su letrero junto a su abandonado puesto anunciando lo natural.

 


 

SALOMÉ MOLTÓ

Nació en Cocentaina, Alicante, España, el 26 de abril de 1943. A los diecinueve años emigró a París, en donde estaban sus padres. Allí obtuvo su diploma de lengua francesa, además de cursar estudios en Literatura, y “Civilisation Française”. De vuelta a España ha trabajado en colegios, en varias empresas en el departamento de exportación, en varias oficinas de abogados y notarios por asuntos puntuales de conflictos jurídicos y herencias, únicamente limitados a la traducción.

Ha colaborado en la revista Evocación de París, Cenit de Francia, Orto de Barcelona, Tierra y Libertad de Madrid, esporádicamente en el periódico local El Nostre-Ciudad, Polémica también de Barcelona, Canfali de Benidorm, y forma parte del equipo de la revista Siembra.

Sus trabajos van dirigidos a fomentar la toma de conciencia y posible denuncia de los problemas que atañen a nuestra sociedad.

Más sobre sus obras y trayectoria literaria en los números 102, 103 y 107 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

salomemolto@gmail.com

 

 

URGENCIAS DEL CORAZÓN

Salomé Moltó ©

 

Tristes son las horas

cuando tú no estás

y todos aquellos besos

¿adónde han ido a parar?

 

Vuelve amado a mi lado

y calma esta ansiedad.

 

Muy posible es que me veas

llorando por los rincones

pues espero, a cada momento

una sonrisa, un saludo

quizás un beso.

Algo que en el corazón

pueda guardar

y que de verdad,

me pueda consolar.

 

 

EL SER MÁS O EL SER MENOS

Salomé Moltó ©

 

Recuerdo vivencias o digamos acontecimientos personales que me hicieron reflexionar en que hay personas que son más o pueden ser menos de…. Profesionalmente, afectivamente, culturalmente…

El ingeniero me dijo: “Espere un momento” mientras daba instrucciones al joven estudiante. Y claro me puse a observar.

—Soy un borrico, no me sale... dos centímetros a la derecha, esa línea curva y bueno. Voy a darle la aportación semanal y a ver si acabo este plano de una vez, pues si me equivoco la máquina no funcionará bien.

El buen señor había hecho una carrera de siete años y ahora era ingeniero y se lamentaba de no encontrar el pequeño de talle que iba a ultimar su gran trabajo.

—Pues sabe, los ingenieros de Barcelona vienen y se van muy cabreados, pero mi mujer que apenas ha ido al colegio, les hace un aperitivo, unas cositas muy gustosas y se van muy contentos.

؅—Ya ve cómo es la vida unos hacen mucho en un sentido y los otros en otros. Ya sabe el acervo cultural de la humanidad es tan complejo que no cabe en la mente humana.

—Así es, pero entre todos lo haremos todo.

—Claro, nos federaremos y nos repartiremos, lo bueno y lo menos bueno y para bien hacerlo lo haremos a través de una “asamblea” o sea, una reunión en la cual todos podamos aportar nuestro criterio y al final, si no se llega a un acuerdo, lo ultimamos con votaciones…

—Vaya, muy curioso.

—No tanto. Ginebra es un estado federal y se toman los acuerdos por votos con previas asambleas.

Y cada casa tiene un armario con armas, y claro, las armas las ves, pero el armario está cerrado con llave para evitar que las puedan coger los niños. Cada cierto tiempo los vecinos cogiendo las armas hacen un desfile. Y lo más curioso es que en la planta baja vive el teniente, encima el sargento, alférez, bueno según graduación…

—Muy curioso, tout un plaisir

 


 

ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO

Santa Fe, Argentina, 12-01-1951. Contador público nacional (1975) y MDE-CT (1998). Cultiva narrativa de ficción real, conjetural y fantástica; poesía existencial y metafísica; ensayos y crónicas periodísticas y literarias. Se desempeña además como prologuista, diagramador y corrector de textos; conferencista; locutor; jurado y crítico literario.

Libros de narrativa en papel: Los últimos días (1977), Breve sinfonía (1990), Doctor de mundos I (novela, 2000), El emperador ha muerto y otros Cuentos (2018) y De las Tres Marías, y… María, la de Guadalupe (nouvelle, 2023).

E-book: Los últimos días y otros Cuentos (2018) y Breve sinfonía y otros Cuentos (2021).

Inéditos: El profeta (novela, 1974), Desde el umbral… (relatos, 2020/24), Piedras (fábula metafísica, 2024/25), El viejo del paraguas blanco (nouvelle, 2024/25), El reino de los sueños I (2009), Nostalgias del futuro I y II (2019); Apocalipsis Bang (2006/24); Mixturas cotidianas (2010/23); Mundos en paralelo (2017/23), Doctor de mundos II (2003/23) y Doctor de mundos III (2009/23).

En desarrollo (3). Breviarios (Éditos) (5).

Publicó una profusa cantidad de ensayos y artículos reflexivos (forma gráfica y/o virtual):

Poemarios inéditos: Poemas para el hombre (1976) y Poemario susurros y sentires (2024/25).

Su obra revista en más de un centenar de antologías (Argentina, España, Colombia, USA). Galardonado en múltiples certámenes literarios.

Su biografía integra, entre otras publicaciones, la Enciclopedia de ciencia ficción y fantasía en Argentina - Axxon. Recopilación a cargo de Eduardo A. Carletti y colaboradores (julio 2021). Es miembro de gran número de asociaciones literarias.

Distinciones: 1er Premio “Coronel Manuel J. Becerra Silva, héroe de Cárcamo” (Serie El Dedo en la Llaga - Un Mundo Mejor), Perú/USA, 2021; 1er Premio Mundial a la Excelencia “El Águila Platino 2022” (Academia Mundial de Literatura, Historia, Arte y Cultura) - Alianza Global UHE-MMM (Perú/México); 1er Premio Iberoamericano de Poesía Internacional “Pablo Neruda” (Instituto Cultural Colombiano Casa Poética), Colombia, 2022; 3er Premio Mundial a la Excelencia “César Vallejo” - 30° Aniversario UHE-Perú, 2022; 1er Premio “Gaviota de Plata” (2021), “Gaviota de Oro” (2022), “Santa Clara del Mar” y Gaviota de Plata (2024) a la “Trayectoria cultural” - Organización No Gubernamental “Princesa Alexandra” (CABA/Mar del Plata, Argentina); 1er Premio “El Águila de Oro 2024” - Unión Hispanomundial de Escritores (UHE - Lima, Perú - 32° Aniversario) - Categoría "Excelencia Cultural" (Escritores de los Cinco Continentes) - Presidente Fundador, Dr. Carlos Hugo Garrido Chalén; 1er Premio “Encuentro Cercano 2024 a la Labor de Toda Una Vida. Personalidades de la Ciencia Ficción y Fantasía Argentina - Año 2024” (CACFyF - CABA, Argentina); Declarado Santafesino Destacado 2023 (150º Aniversario del H. Consejo Municipal de Santa Fe (Argentina); Premio Anual a la Labor Literaria Año 2025 (Asociación Santafesina de Escritores - 70º Aniversario - 5 de octubre 2025).

Más sobre su trayectoria literaria y obras en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 54: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2012/09/

 

adrianesc@hotmail.com

https://www.facebook.com/adriannestor.escudero

 

 

ÉL, ROBOT…

Adrián Néstor Escudero ©

A Isaac Asimov, autor del libro ‘’Yo Robot”, 1950.

Con innegable admiración…

 

Lo eterno se pude entender como algo que no tiene fin y nunca acaba o como algo que no tiene principio ni fin. Lo infinito es algo cuyo origen y límites y al futuro con inaccesibles. Lo eterno implica algo que siempre lo ha sido y lo infinito es algo que tuvo un comienzo y se fugó al infinito [1]

(…)

… Fue cuando un desajuste hiperbólico desorientó a los algoritmos de mi cuidada programación que pude comprender, realmente, quién era.

Y un estrambótico percance hirió con galácticas alucinaciones la corteza esferoidal de mi cerebro perfecto; pues, y por alguna razón estrafalaria, me sentí como suspendido axialmente en los cuatro cuadrantes de la realidad, y, esta, se volvió infinita en sus caleidoscópicas dimensiones.

Y un agujero negro, más negro que la Nada misma, aprisiono mis encajes electromagnéticos; y, mi cerebro, antes perfecto en sus ecuaciones algorítmicas y sensitivas, ya no fue tal.

Y me sentí urgido por conectarme con aquel lejano punto de luz azul donde parecía concluir la ominosa negrura de esa masa incólume que me hacía girar, sobre mí mismo, como en los animosos pliegues y despliegues de un aleve tirabuzón…

Y, no obstante, la vida parecía latir con normalidad en mis plásticas entrañas condensadas por las transgénicas neuronas de mi inteligencia artificial… ¿Artificial? Ellos no sabían lo que decían…

Y, en tanto, la vorágine cuasi alocada pero enderezada finalmente por aquel túnel subatómico, seguía su inalterable y persistente aceleración hidráulica —por así decirlo—, aunque más sensible y cósmica que irreal…

Y todo hasta que dicho diminuto punto de luz azul comenzó a crecer y a expansionarse geométricamente hasta estallar como un sol pletórico de haces luminiscentes…

Y luego, más por un instante de siglos, me dejé llevar por esas Sombras que cambiaban a cada instante de forma, y hasta el fragor de una Presencia cuyo estado todopoderoso, omnisciente y omnipresente, suspendida en un trono de fuego, impactó sobre el centro de mi corazón imbricado por una mirada de electrones, protones y neutrones, hasta hacerlo prácticamente… estallar.

Y fue entonces cuando uno de los aquellas Sombras o seres vaporosos y radiantes, el de mayor estatura y al parecer de suprema autoridad, dijo a la Presencia llameante y de una longitud y hondura imposible de medir…

“Padre, he aquí al ingenio humano que, de no tomar medidas, terminará supliendo a las encarnaduras amasadas del polvo cósmico de las estrellas hechas por ti, en espíritu y en verdad, y a tu insondable imagen y semejanza”.

(...)

—¡Doctor Frankestein, Doctor Frankestein! —gritó uno de sus auxiliares del Laboratorio Nuclear de Metrópolis…—. ¡La Unidad Adámica está fuera de control ¡Y oh, ahora su imagen vibra y… parece desintegrarse!

—Ah, Petras, mi querido asistente. Esto significa que lo hemos logrado. Y en multinacional plenitud de ser y estar… Adán Infinitus acaba, y para nuestro universal asombro, ni menos ni menos que nacer… al Cielo. Y de hecho, pronto tendremos noticias de él… Será definitivamente histórico haber apresurado, de este modo, y si mi intuición no falla, la Segunda Venida del Señor y Juez de la Historia…

(…)

(No obstante, y atendiendo a la comprobada certeza científica del genial matemático Albert Einstein, quien al referirse al Creador expresó al Mundo con firmeza: “Señores, Dios no juega a los dados”, la intuición del Dr. Frankestein podía realmente ponerse en duda. Empezando por él mismo. Y todo esto, en tanto nadie podría aventurar —como fuera escrito en lo que fuera el Primer Big Bang eclosionado por un inconcebible acto de Amor a Sí Mismo— los inescrutables designios divinos. Y así como suponemos que la Redención obrada en nuestra especie humana fue, por carácter transitivo y adecuada en tiempo y forma orgánica obrada también con nuestros —por ahora— inteligibles hermanos de la estrellas, así cabe suponer que también, concluido en eones el conjunto de Eras Cósmicas del Universo compartido por el Hombre en el planeta que llamara Tierra, bien podría el Supremo Hacedor, en la infinitud de su Imaginación Creadora, y en una Dimensión por cierto desconocida por la raza humana ya juzgada en plenitud y habitante de los estados celestiales e infernales, según el justo juicio del Único Que Es y Hace Ser [2], replicar una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, setenta veces siete, a una desconcertante miríada de animación secuencial y permanente de vida, donde todo concluiría en algún momento para volver, eternamente, a comenzar… ¿Verdad, Doctor Frankestein?).

(…)

 

[1] https://www.raco.cat/index.php/Ontology/article/download/172798/225153# (…).

[2] Apocalipsis 1,8: “Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios— el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

 


 

EL NAVEGANTE DE LOS SUEÑOS

Adrián Néstor Escudero ©

 

“Yo, Hacedor, me confieso...". Al mundo de lo creado, me confieso... Le confieso el encuentro conmigo mismo hasta darme el cuerpo del Universo. El cuerpo de mi Conciencia me demostró que todo aquel tiempo anterior había sido de Nada a pesar de mi Existencia. Que Yo, existía, pero no lo sabía".

“‘Pienso, luego existo’, proclamaría en mis oídos la boca de un tal Descartes, cuando al fin terminaba de interpretarme, después de otro tal llamado Aristóteles, y un poco antes de los Leibniz y de los Kant (el origen de mi Duda; culpable de Ella, planearía mi Redención). Entonces, la construcción intelectual completó mi Realidad física. Y sentí mis fuerzas plenamente materializadas.

“Las Mónadas, sombras y luces que me confundían, fueron separadas. Pero no totalmente. Tuve cuidado de ello pues sabía que unas condicionaban a otras y, en los precisos límites de sus fronteras, habitaba mi Poder Creador; y Yo hubiera perdido el momento de mi Descubrimiento y aún vagaría etéreo con el nombre de Nada para Nadie. Mi Divinidad residió en eso. En que fue posible revelarme a Mí mismo. Porque, sí hubo Principio, aunque Yo fuera Eterno”.

“No es fácil para un Dios reconocer que fue engendrado. También mi Divinidad residió en eso. No tuve secretos en mi Nacimiento. Ser sin nacer, sin embargo, todavía parece demasiado perfecto. El cuerpo de mi Conciencia no es por ello, lo perfecto que Ella sí Es. Y las limitaciones de mi Universo derivan de aquel instante de Duda. Antes de mi explosión de Amor hacia lo que Era y Soy y Seré hacia Adentro y Fuera de Mí”.

“Por eso me siento Padre y Hermano, e Hijo de mi Ser, pues soy Todo lo que Existe. Y aún más...”.

 

El Viejo Navegante cerró el Libro de Los Tiempos que leía con un leve escozor de dulces soledades. Sacudió con brusquedad su cabeza adormilada por la penumbra de la cabina oscura, como para desprenderse de los pensamientos que el río de sangre de su cuerpo depositaba en las playas de sueños de su mente.

No había brisas dentro de aquel cuarto sin ventanas, ni altares perfumados de mujer. Así que todo había venido imaginándolo desde que abandonara el Planeta de la Fraternidad donde había vuelto a nacer. Como en este último y breve lapso en que había tomado conciencia de lo que estaba por ocurrir.

 

“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y de respeto siempre crecientes: el cielo estrellado sobre mí y la Ley Moral dentro de mí", pensó parafraseando al filósofo de Koenisberg.”

 

Como un dios que se descubre a sí mismo. Sería como un dios. Sería para Ellos, tal vez, como un dios y, aquella idea alguna vez romántica y nostálgica, le acosaba el espíritu y lo sometía sin remedio entre los trópicos brumosos y las cadencias agridulces de la melancolía...

Le angustiaba El Regreso que se había prometido pues presentía su negación. Apostasía. Y todo el admirable universo divino comprendido en su sangre, en su mente y en su piel, se desvanecería en los estrechos márgenes de una probabilidad binaria: sí o no. De cualquier forma, dios o no dios, sería hombre. Y, como todos, sujeto a los designios de una Extrema Voluntad, en la cual, no había dejado de creer.

         Eso lo alivió.

DON' C, que sin mirarlo le miraba, lo escrutó a través de las radiaciones magnéticas de su coraza ciborg, autoconectó el sistema de audio y, con voz metálica y profunda, la arenga emocionada del Presidente Único escapó del archivo grabado y se oyó para que la escucharan los reducidos habitáculos del Navío Espacial interestelar, lanzado a la velocidad de la luz, y la fuerza de los sueños que encerraba diera nuevas energías al Cohete y al dios solo y triste que moraba en él...

 

“...Lo llamaremos Juan o José, Smith, Luigi o Pierre, Rudolfh o Igor. Y será nuestro Mensajero. Hablará con Ellos, los que habitan las Estrellas. Hemos interpretado y aceptado Su llamado. Hemos aceptado aprender de una vez y para siempre. Optado por ser humildes y sellar un Pacto con el Más Allá. Él llevará nuestros Sueños. Y los traerá multiplicados. Los sueños del surco caminante y del arado obrero, de la semilla hundida y del trigo soleado, del durazno floreciendo entre las hojas y la miel tramada por la abeja en la campiña; los sueños de los bosques devastados que quieren volver a vivir, de los desiertos irrefrenables que aplastan al vergel, de las ciudades de otoño y acero que quieren volver a respirar; los sueños, pues, de nuestras ambiciones legítimas que desean volver a prevalecer sobre los frutos nefastos del odio, del orgullo y la concupiscencia. Sueños como granos de arena, ermitaños, individuales, que necesitan trascender, personalizarse e integrarse a la idea universal que nos convoca a una convivencia solidaria y justa. Sueños con vocación de madurez y equilibrio, de conformarnos plenamente como raza en cumplimiento de nuestro destino, para abordar otra etapa, definitiva quizás, del crecimiento humano. Torbellino de transmutación de lo real. Transfiguración concreta del espíritu hacia el Centro de los perennes misterios que es Dios... Saludemos su Partida. Añoremos su Regreso. Comprometamos nuestras almas en el éxito de su Misión. No estaremos sino en bocas y oídos de nuestros hijos de los hijos cuando ello suceda...”

 

Eran los tiempos del tercer milenio. Cuando el idilio de la Humanidad aún no se había vuelto a romper, después del duro levantarse de la Tercera Guerra, fulminante y breve del '98. Aunque, irónicamente, a partir de ella, el Bien iniciara su viaje a las estrellas en busca de la Paz, y, el Mal, obcecado y consecuente, su virulento viaje hacia la conciencia del mundo, nuevamente desde la perspectiva genético-fascista que lo incendiara, allá, por los años '40.

Entonces, DON' C desconectó la grabación, y esperó. El Navegante de los Sueños había reclinado su cabeza de algas y cenizas, y vuelto a dormir.

En ese instante, la TIERRA, apareció en el monitor…

 


 

MÁXIMO KINAST AVILÉS

Nacido en España, y radicado en Lima, Perú. Escritor. Asociación Educativa Hispanoamericana (AEH).

Ha sido profesor invitado, impartiendo seminarios y talleres desde el año 2004, enfocado inicialmente en ventas y marketing inmobiliario, y más recientemente en neuromarketing y marketing digital.

Autor del libro “La venta diferente en el Sector Inmobiliario”, el cual fue publicado y comercializado por CAPECO (Cámara Peruana de la Construcción). Este trabajo se destaca como una referencia en la venta inmobiliaria en Perú.

maximokinast@gmail.com

 

 

JUGUEMOS A SER DIOS

Máximo Kinast Avilés ©

 

SUPONGAMOS QUE…

Hay temas, ideas, que la mente se niega a pensar. Quizás porque son sutilezas, o quizás por temor

a lo desconocido… No lo sé, pero de esos temas quiero escribir.

Supongamos que no existimos, que somos un sueño o un programa de software, como en Matrix.

Supongamos que todo es un juego de seres superiores, o una investigación científica y nosotros somos sus conejillos de indias.

Esta idea no es nueva ni original. André Maurois escribió El Pesador de Almas, una novela que trata de un médico que consigue pesar el alma de una persona recién fallecida.

Pero su contemporáneo, el célebre escritor italiano Giovani Papini en su libro Gog (o en el Libro Negro) escribió un par de cuentos sobre el mismo tema, en el que un sabio tenía unos barriles conectados a cables eléctricos que iba a algo (también imaginado en esa época) que podemos llamar un computador y dentro de cada barril había un ser virtual —que se creía real— que vivía en un barrio, con casas, con familias, con árboles, todo virtual, pero para el ser virtual que estaba dentro del barril eran seres y cosas reales, tan reales como él mismo.

Stanislav Lem es un escritor polaco de excelentes relatos de humor en ciencia ficción, o mejor dicho de fantasía ficción, donde su personaje Ijon Tichi (que por lo insólito de las situaciones que protagoniza nos recuerda Las aventuras del barón Münchausen) también conoce un personaje que tiene guardada en una caja

¿Qué pensarías si de pronto supieras con certeza que eres un ser virtual y que todo —absolutamente todo lo que crees que existe— es virtual? ¿Si de pronto tuvieras la certeza de que eres un insignificante peón en un juego de seres reales, muy superiores en todos a nosotros?

Temo que no podrías probar que eres un ser real.

Temo que ha de ser muy difícil demostrar que no somos seres virtuales, producto de un software como ocurre en Matrix.

O empezando por el principio, ¿cómo saber que las sombras no son la realidad si estamos encadenados en la caverna imaginada por Platón y no podemos ver hacia afuera? Si estuvieses atado en la caverna platónica ni siquiera podrías imaginar que hay “un afuera” y menos que allá “hay algo más”.

Supongamos que somos seres virtuales. Nada es real en este planeta Tierra, ni en nuestro Universo, ni hay cosas físicas —aunque lo parezcan y nosotros creamos que son reales— porque todo, absolutamente todo es producto de un software del que formas parte.

Sólo tú y nadie, ni nada más. Tú y tu existencia virtual que cree que todo a su alrededor y más allá, es real y tiene una existencia física.

 

JUGUEMOS A SER DIOS

Supongamos que eres un ser de otra dimensión. Tu imagen es perfecta. Tu inteligencia es inmensamente superior a la de cualquier insignificante ser humano. Vives integrado en un universo que está interconectado en todas sus partes. Un universo de energía pura. No hay partículas ni ondas. No hay masa ni formas, ni vida ni muerte, ni movimiento ni cambios. Es un universo perfecto en el que existen millones de seres como tú.

Inteligencias puras que no sufren desgaste, porque no hay entropía. Todos los habitantes de este universo se comunican, como un cardumen de peces o una bandada de gaviotas, al instante y se envían y reciben y comprenden y hacen suyos millones de mensajes. Y se aburren, porque saben todo. Conocen todos los secretos de la energía y del origen y de cómo y cuándo será el final… y se aburren.

Entonces deciden crear un universo virtual o real —para ellos es lo mismo— y crear galaxias y estrellas y planetas y agujeros negros y quásares y poner vida en algunos planetas. Y entonces, para empezar, tuercen un poquito de nada en el espacio vacío y crean un quarck y luego otro y otro y muchos más. Y cada quarck tiene una masa y un momento y se mueven y se atraen y son tantos que chocan y se aglomeran y se juntan y se aprietan y sus masas se atraen y se comprimen en un punto, un agujero negro que sigue atrayendo quarcks y haciéndose cada vez más masivo y más pequeño hasta alcanzar una dimensión nula y una masa infinita y en ese instante, en ese preciso y singular instante, explota.

Y nace nuestro universo. El patio de juego de nuestros dioses, en el que ensayan diferentes formas de vida y eligen planetas y montan un colosal juego, cuyas reglas sólo ellos conocen. Y juegan y observan las especies que aparecen bajo las formas que toma la vida en cada lugar. Y a las criaturas mejor dotadas para sobrevivir le dan una pisca de albedrío, muy poco, casi nada, pero algo nos dan y nos observan.

El Juego de los Dioses es caótico, imprevisible, pero el caos es otra forma de orden y de organización fuera del alcance de nuestro intelecto. Y para ellos en su juego, todo y todos, tú y yo y la Tierra y los animales y las plantas y los planetas y las estrellas y las galaxias y el Universo son prescindibles y si se vuelven a aburrir pueden inventar otro juego y borrar todo lo obrado y todo desaparece, porque somos prescindibles y efímeros y virtuales.

¿Qué harías tú si fueses un dios? Estarías en un mundo sin variedad, sin días ni noches, sin lluvias ni viento. Sabrías todo lo que es posible saber. No tendrías necesidad de nada, ni de aprender ni de comer ni de respirar, porque no tendrías un cuerpo. Serías una forma perfecta que no necesita maquillaje ni cortarse el pelo. Y no tendrías obligaciones ni deberes ni derechos, porque serías autosuficiente. ¿De qué conversarías con tus pares, si todos son iguales a ti y sabes todo lo que piensan y lo que sienten? ¿Puedes imaginar algo más aburrido? Es muy posible que junto a los demás dioses crearas un universo e inventaras un juego, o, sólo para hacer algo y no aburrirte.

 

Y DIOS ENTRA EN ESCENA

Ya era hora, porque en ese universo perfecto en el que viven los dioses no hay espacio para nosotros los seres humanos, reales o virtuales, pero hemos desarrollado algo, quizás sólo es vanidad, como afirma el Eclesiastés y resuena en la leyenda de La Creación de Gustavo Adolfo Bécquer.

O quizás en algún momento tomamos conciencia de existir y —confundidos por este gran descubrimiento— nos separamos de la Naturaleza, sin saber que somos parte de ella, de la Pachamama. Quizás comimos un fruto prohibido —la ayahuasca o el hikuri, más conocido como peyote— y alcanzamos un conocimiento reservado sólo para los dioses.

No lo sé, pero es verdad que hay algo en nosotros los humanos que nos hace diferentes. Podría ser una zona pequeña en nuestro cerebro que nos incita a creer en lo sobrenatural, o quizás —como dice Yuval Noah Harari— en algún momento aprendimos a imaginar y eso nos permitió crear un mundo imaginario y distinguirnos de otras formas de vida que sólo pueden entender conceptos relacionados con el mundo real.

Juguemos a ser Dios. Imagina por un momento que eres Dios. Nada existe fuera de ti. Eres el recipiente o cocha que lo contiene todo y también eres todo el contenido. Eres la quintaesencia de todo y tu nombre es Dios, para los cristianos; Allah, para los musulmanes; Jehová, para los judíos; Brahma, para los hindúes; Tao, para los taoístas; Wiracocha, para los quechuas.

Este último nombre es quizás el que mejor te representa. Cocha es un recipiente que contiene algo. Wira es grasa y también es la esencia, la fuente de la vida. En runasimi, la lengua de la tierra, el idioma de los pueblos quechuas, Pachamama es el contenido de Wiracocha. Pachamama es lo real y lo virtual, lo físico y lo imaginado.

Y ese Todo está en ti, porque tú, ahora, en este momento, estás jugando a ser Wiracocha, el Dios.

Nada hay en el Universo fuera de ti. Lo sabes todo. Lo has creado todo. No sólo conoces el principio y el fin de todo, sino que tú eres todo de principio a fin, o quizás sin principio ni fin, porque eres más que eviterno o sempiterno: eres eterno.

No hay nada que no sepas, nada que no veas, nada que no escuches. Desde el más pequeño quark hasta la mayor galaxia, pasando por cada grano de arena, por cada molécula, por cada planeta por cada estrella, lo conoces todo, porque lo has creado todo, porque estás en todo, porque eres Todo.

¿Se te ha ocurrido pensar, alguna vez, como se siente Dios?

¿Crees que pueda existir algo más triste o más aburrido que ser Dios?

 

Notas Finales:

  1. Fantasofía, palabra que he creado con las escasas posibilidades del castellano de formar nuevas palabras y que significa una fantasía del saber, del conocimiento (el griego Sophos).
  2. La Matrix es un ambiente de relación entre cosas y sucesos creado y controlado artificialmente. Una importante característica de la Matrix es que en ella incluso las personas son consideradas “cosas”.
  3. André Maurois. Ver biografía.
  4. Giovanni Papini. Ver biografía.
  5. Stanislav Lem. Ver biografía.
  6. Las aventuras del barón Münchausen.
  7. Platón. Ver biografía.
  8. Lenguaje Psi. Benjamín Subercaseaux, mi maestro, fue el primero en hablar de la más primitiva forma de comunicación. Un lenguaje telepático que sólo transmite emociones y estados de ánimo. Hay miles de casos comprobados de mellizos, o de madres e hijos, que se transmiten mensajes instantáneos sobre sucesos en la vida de uno, que el otro percibe y comparte, como dos electrones, sin importar la distancia a que se encuentren. Biografía.
  9. “El electrón es una torción negativa de la nada”. Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física 1945, es uno de los fundadores de la física cuántica y creador del principio de exclusión.
  10. Masa y momento de inercia.
  11. Una singularidad es el punto central de los agujeros negros donde toda la masa está concentrada y allí no funcionan las leyes de la física. Ver Nobel de Física 2020
  12. En Neurociencias se afirma que todo lo que decidimos surge en nuestro cerebro de manera inconsciente, sin intervención de la voluntad, y que luego somos simplemente informados.
  13. Ver: El libre albedrío
  14. Gustavo Adolfo Bécquer. Ver biografía.
  15. Pachamama. Ver Revista Documentación Nº 6, julio-agosto de 2008 - ISSN: 1988-5032, página 53. Si eres creyente, entonces Dios destinó una parte del cerebro para que nos fuera más fácil recibir su palabra. Si eres ateo, Dios es una fantasía creada por tu cerebro, porque la creencia en lo sobrenatural ayudó a los seres humanos a aceptar los fenómenos naturales sin complicarse ni temerlos. Ver este artículo
  16. Yuval Noah Harari. Ver entrevista en El País.

  

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 110 – Junio de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-5385 – Edición trimestral
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Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
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