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martes, 28 de junio de 2011

Silvana D'Antoni con el 
escritor Osvaldo Bayer
SILVANA LAURA D’ANTONI 

Escritora nacida en 1965, residente en Hurlingham, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 
De sólida formación intelectual, ha sido galardonada en certámenes de poesía y de cuento en múltiples ocasiones, y seleccionada para integrar diversas antologías. Colabora de manera permanente en varias revistas literarias y coordina talleres literarios. Como gestora cultural y pedagógica impulsa con entusiasmo y de manera constante la lectura en jóvenes y niños. También es creadora de varios proyectos socio-culturales dirigidos a la niñez.



LA PLAGA [1] 
de Silvana D’Antoni © 

Clara entró en el departamento, encendió la luz y vomitó. No pudo esperar. Su estómago se torció en forma violenta y se contrajo con inestables movimientos gelatinosos. No había alcanzado ni siquiera a cerrar la puerta cuando más arcadas se hicieron escuchar en su boca. 
Clara intentó apurar el paso, pero su desconcierto le impidió hacerlo. Caminó horrorizada entre ellos, temiendo pisar la sangre, hasta que logró entrar en la cocina y enseguida llegó otro vómito. Los siete cuerpos estaban allí, tendidos a lo largo del pasillo, con las cabezas deformadas, como si una maza las hubiese aplastado. 
Clara comenzó a gritar alocadamente. Gritó hasta que se le partió la garganta. Para entonces, algunos vecinos del edificio se habían asomado a los balcones y otros, más curiosos estaban agolpados en la entrada. Los alaridos hicieron que el encargado del edificio también se acercara al departamento. El hombre disipó a la gente con rapidez y se quedó a solas con la mujer. Ahora, Clara se movía en forma inestable, perturbada, ansiosa como un hambriento animal salvaje. Un sabor ácido se había instalado en su boca y ella sintió una extraña dificultad al tragar saliva. 
–¿Qué hizo bestia? ¿Qué hizo? –maldijo al encargado mientras golpeaba con sus puños la mesada de mármol. –Yo... Yo... –titubeó el hombre sin entender–. ¡Hice lo que usted me pidió! ¿Acaso no estaba harta de los bichos del edificio? –musitó cabizbajo. 
–Cu... cuca... –alcanzó a decir Clara, y cayó desmayada sobre el mosaico frío. El encargado caminó por el departamento buscando el teléfono y llamó a su mujer. 
–Juana, bajame al segundo una bolsa de consorcio. ¡Sí, al segundo! –le dijo en forma quejosa. 
Los siete gatos de cabezas aplastadas seguían allí, a sus pies. El hombre se quedó mirándolos en silencio. ¡No se había equivocado!, pensó. Llevó su mirada hacia el cuerpo flácido de Sara, se tomó de la barbilla y volvió a mirarlos. ¡No se había equivocado!, pensó. ¿O tal vez sí? 

[1] Primera Mención en el Certamen Internacional de Cuento “Jorge Luis Borges - 2007” de REVISTA SESAM. 





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Nº 45 – Junio de 2011 – Año II


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