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viernes, 1 de abril de 2011

MIGUEL ILDEFONSO 

(Lima, Perú, 1970). Estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú e hizo una Maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas. 
Ha publicado los libros de poesía: “Vestigios”, “Canciones de un Bar en la Frontera”, “Las Ciudades Fantasmas”, “m.d.i.h.”, “Heautontimoroumenos”, “Himnos” y “Los Desmoronamientos Sinfónicos”. En el 2005 publicó el libro de relatos “El Paso”, con el que ganó el Premio Nacional de Cuento de la Asociación Peruano-Japonés (2005). También ha publicado las novelas: “Hotel Lima” y “El Ultimo Viaje de Camilo”, y antologías como “Memorias In-Santas” y “21 Poetas Peruanos”. Ha dirigido las revistas “El Malhechor Exhausto” y “Pelícano”. Su poesía y prosa han sido publicadas en antologías como “Pasajeros Perdurables. Historias de Escritores Viajeros”, “Los Diez. Antología de la Nueva Poesía Peruana”, “Los Relojes Se Han Roto. Antología de Poesía Peruana de los Noventa” y “La Letra en que Nació la Pena. Muestra de Poesía Peruana”
Ha ganado el primer premio de poesía en Los Juegos Florales de la Universidad Católica (1995), el premio en los Juegos Florales de poesía El Paso-Texas University (2001), el premio nacional “Copé de Oro” Poesía (2002) y el Concurso de Cuento Alfredo Bryce Echenique (2003). Recientemente obtuvo Premio Nacional PUCP 2009 en la categoría poesía. Y está pronto a editarse su octavo poemario “Todos los Trágicos Desiertos”



MUSA PUNK 
de Miguel Ildefonso © 

Ella era anarquista, 
le llegaba al pincho las formalidades también. 
No toleraba las ataduras de familia, 
de escuela, de normas, mucho menos de amor 
(si es que el amor era de cadenas de hierro). 
Ella se jugaba los ovarios 
entre conciertos anarko punks, 
comida barata, 
viajes largos por Europa sin correa de seguridad. 
Ella era libre 
hasta de su libertad: tenía un cuerpo 
de chica del Renacimiento 
(su belleza iba por ahí también). 
Bostezaba en las iglesias, en los callejones, 
en las peluquerías. 
Tenía un percing en la ceja izquierda 
(y eso era lo único que la ataba a esta vida). 


OTRO VIAJE 
de Miguel Ildefonso © 

Cuando miro las casas 
al lado del camino del tren, 
abnegado y vil, 
deseo bajar 
y que alguna puerta se abra para mí. 
Mamá estaría deseando 
algo tan hermoso para su hijo. 
Luego veo gasolineras, fábricas 
y autos viejos 
que ya no dan para más. 
Una cruz en lo alto de una iglesia 
me hace mirar al cielo 
y rezar no sólo por mi madre, 
sino por todos aquellos 
que necesiten un buen deseo, 
una migaja de mi aliento 
que aún pueda dar. 
Yo que poco creo 
y me siento muy vencido. 


DURHAM & MP3 
de Miguel Ildefonso © 

La naturaleza es un templo donde escucho las viejas canciones del 80. 
Es la senda frondosa del bosque para que las raíces penetren a mis oídos 
trayendo unas voces en inglés dando perpetuidad 
a lo efímero de mis zapatillas frías, a través 
de las ardillas y las aves carnívoras rapaces y capaces de devorarme 
sin culpa alguna. - Así han sido hechos por la naturaleza, 
no hay cómo civilizarlos / si lo intentáramos quizás ya no volarían. 
El bosque de Durham, donde inevitablemente en mi paso 
voy matando a algunas gigantes hormigas y hago un relame a las infinitas 
hojas caídas para saber cómo va la economía del país, 
esa bolsa azul que desde la luna observaron unos astronautas 
que ya nunca volvieron a tierra. 
Las chicharras desquiciadas habitando restos de plásticos que fueron arrojados 
en donde sea y empujados por el viento para así devastar mejor 
nuestra conciencia, adormilar sentados en los muebles 
frente al reality show que dan en la televisión. 
El grass es duro –tú lo sabes–, es como el hedor del cemento. 
Eliot dejaría a medio hacer su The Waste Land / Wihtman se fumaría 
sus Hojas de Hierba. Y así cuando voy explicándome las cosas 
inciertas de este mundo nuevo e indiferente, 
me cruzo con un hispano / Él también lleva audífonos de una mejor marca, 
oyendo seguramente alguna canción norteña, 
corrido de la frontera lejana porque estamos lejos de la frontera 
(se dicen nuestras miradas). 


VIEJA CANCIÓN DE AMOR 
de Miguel Ildefonso © 

Cuántos trenes he recorrido, 
cuántos aviones he caminado, 
cuántos buses he volado, 
y sigo escuchando esta vieja canción de amor. 
Casas en los caminos, 
muchachas que estarán oyendo la misma canción. 
Compré cientos de boletos, 
vi miles de relojes, 
perdí maletas, 
perdí partidas y llegadas, 
y sigo escuchando esta vieja canción de amor. 
Quise bajarme a sembrar algodón, 
quise saltar a robar una gasolinera, 
quise correr a vivir en una isla. 
Bajo los tejados los perros bostezaban, 
bajo las farolas los gatos jugaban al ratón, 
bajo las estrellas la gente tomaba fotos y gritaba. 
En cuántos bares devoré mis lágrimas, 
en cuántos cafés senté a mis zapatos, 
en cuántos hoteles asesiné a las moscas, 
y sigo escuchando esta vieja canción de amor. 



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SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Propietario y Director: Héctor R. Zabala
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Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Nº 35 – Abril de 2011 – Año II


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