martes, 15 de marzo de 2011



OSCAR ALBERTO MARCHESIN 

Poeta y narrador nacido en Buenos Aires. Colaborador de revistas literarias en América, España y Holanda. Co-fundador de varias revistas literarias. Colaborador en SADE en talleres literarios y presentaciones. Trabaja actualmente con publicaciones que intentan hacer conocer los genocidios encubiertos caso Gaza. Publicó algunos libros en alguna época. Vive en Montevideo desde 1998. 



ABUELO 
de Oscar Alberto Marchesin © 

no te escurras entre los dedos de mis manos 
como se van los pequeños duendes 
que no llegan a ser ni siquiera la nada... 
entre el agua de un bidé de pelos 
una pileta de pie de piel una bañera de sed... 

el tiempo esquiva cada hilo de mi barba 
y se esconde detrás del último tranvía 
descarrilado por los lentes de mi abuelo... 
devariante entre las campanas de san patricio 
y el martillar sobre el cuero de los zapatos 
que jamás supo quién se pondría... 

a él también el tiempo lo superó 
como un caballo montado por varios diablos afroditas 
resuelven el juego de las vallas y los puentes... 
se le escurrió el alma sobre el banquito azul 
¡si será miserable el tiempo! 
hoy ya no están ni el galpón ni el banquito, ni él... ni yo... 

(y no recuerdo si cuando lo ví caer tenía sus lentes puestos 
para ver tan claro a un dios si lo hay...) 

no se escurran caballos del tiempo 
entre los dedos de mis manos esos diablos se deslizan 
cómo se van los pelos de mi cabeza al infinito... 
de mi mente renegada... rezagado el sentido tirado 
y tan solo deseo matarlos aunque no pueda llegar a ellos... 

y el agua junto a los cordones recogerá diablos desechos... 
y caballos entre pelos flotando junto a cisnes blancos 
entre blandos rieles acerados... 

(dónde quedó anclado el último tranvía 
una guadaña oxidada un banquito azul sin tiempo 
y mi pelota de goma tan pinchada... 
los golpes del martillo sobre el cuero... sus lentes partidos 
y los murmullos de las campanas de san patricio...) 

es tan imposible detener el aire 
y las lágrimas que en cascada se alejan de mis ojos 
y entre el viento huyen con el tiempo... 
para no morir nunca, abuelo... empapado entre cebollas y limones 
la espalda encrespada de llagas de pus 
de muerte, llenó el tiempo y a los que se van con él hasta el pasado 
hasta el invulnerable futuro... 

esos viejos quizás anden hoy juntos... mis abuelos... 
por italia entre lechuga harina negra y zapatos... 
lentes anticuados perros sarnosos y mis interiores... 

mis interiores tan pequeños de manzanas doradas al sol 
y litros de pájaros amarillos... 
entre mis dedos los de sus manos y los de mis pies y todas las ratas... 


AL COMANDANTE 
de Oscar Alberto Marchesin © 

no hay mares tan azules como aquellos 
que tu vergüenza y timidez ocultan... 
¿cómo puede un desierto depender del mar? 

no disimules, no estás dormido, no juegues más con el pueblo... 
deja de ser inmortal, no engañes, 
yo te conozco, tienes los únicos ojos de vacio infinito 
y el alma blanca como el sol... 

guardame esa bahía, 
donde las barcas lloran como hombres si no se hacen al mar... 

¿dónde se oculta, marchita, tu alegría? 
¿dónde has guardado tu veleta, 
la que llevó tus aires hacia la nueva américa? 
¿dónde dormita la lona de tus velas? 
¿quién te cuida, quién te quiere, quién te robó la risa? 
¿quién sabe, quién me puede decir donde mueren tus nombres? 
¿quién te ha dejado al margen de la historia? 
¿quién olvidó las madres que amamantaron héroes? 

tú no eres un fango, tú hiciste el mundo antes de que lo fuera... 
mirando al horizonte, olivo tras olivo tras olivo tras olivo, 
de tus pasos tienen los campos solitarios, el olvido... 

el sol de luces las fachadas blancas, 
en calma y soledad el tiempo, dormita el mosto, la bodega en penumbra, 
ojos de primavera en bolivia... 

triste poeta, inconsolable, al que le faltan las palabras para cantar, 
para decir, cómo es el único pro-hombre donde el amor 
sembró caminos entre arabescos zurcidos en claveles, 
amores y muertes que perfuman el hierro de las armas... 

de ti, ¿qué se puede escribir que no esté escrito?... 
no sé, tal vez tu pena, tu abandono, tus risas obligadas... 
no sé... 
oscuridad perdida, nocturnas candelas, 
en rincones con ángulos de luces, 
sangre sembrada entre piedras de río que alcanzan a las rejas... 

calles que estrechan como la juventud al tiempo; 
una guitarra que al aire canta, rasga y estremece, 
una cigarra, un vuelo triste de paloma, 
una palabra en la garganta agazapada... 

después de todo, arriba, del universo al fondo, 
allí, en la plaza, besando cielos, 
unas campanas cuya música escapa cada hora para alegrar la brisa... 

siglos y siglos dejan un día atrás, llega la noche para cobijo de tristezas... 
te acuestas, se va a dormir la historia de occidente... 

hay un alma que ve fundir la nieve entre claveles, 
en la que junto a la montaña se oye cantar al sol, 
donde empieza un futuro y mueren las historias, 
al tiempo de las lágrimas de un hombre... 

allí, los gnomos de los tristes cuentos 
descienden hasta el llano y luego crecen casados con las rosas.... 


BAR LA PAZ 
de Oscar Alberto Marchesin © 

cuando en la libertad que te otorga 
la posibilidad intactable de arreglar el mundo en el bar la paz... 
la filosofía barata supera la ropa de mala muerte que llevamos... 

y sin un peso el “gallego” del bar nos banca hasta la madrugada 
con un café compartido estirado frío 
y 100 vasos de agua en vasos dudosos... 

y hasta escucha sin opinar hablar de los zares marx mussolini 
caruso mozart y la sexualidad de la barca nervo arlt y los locos... 

hasta sui generis charly julio sosa maradona y marilyn... 
la yuta el comunismo de la mentira un muro de hipocresía... 

neruda por siempre woody y los vidrios empañados... 
hitchcot y ese cuchillo tan profundo los tres chiflados y tantos otros... 

el “gallego” siempre escucha... 

las cortinas sucias y no nos bañamos hoy... 
porque para entrar al bar la paz no es necesario bañarse... 

para ser libre debe pisarse el territorio del bar la paz... 

los poemas en las servilletas manchadas 
por el tomate de la pizza de ayer son buenos mi cabeza es otra... 

algún moscato también compartido acerca las ideas y elena escribe... 
elena escribe sin detenerse hasta la fatiga de la mano... 

es tan de noche y llueve tanto y el agua moja a los apurados 
en las veredas sin sol iluminadas por los inmortales las cuartetas 
y el gran rex... 

el obelisco define su sombra inmensamente interminable... 

...las prostitutas de montevideo y florida santa fe y pueyrredón... 
ellas tienen brillo propio sin precio para el bar la paz... 

solo escuchan junto al “gallego”... 
y de a ratos redimen su trabajo insalubre muy sonrientes... 

en el bar la paz el mundo no gira el tiempo no tiene reloj... 

parece que nadie puede morir nadie se hace viejo... 
mentiras... 

hermosas mentiras en la fantasía de un bar... 


LA MÚSICA 
de Oscar Alberto Marchesin © 

falta la música apropiada... pero quien pondrá 
las flores rojas en el jarrón dorado... 

quién escribirá el resto de los poemas que adeudo 
a cada mujer que no conozco... 

papeles que caen de mis bolsillos se pierden... 
se los lleva el agua... los confunde el viento... 

el viento sur se llevó mucho de mi cabello... 
para quién y dónde... quien lo tiene... 

no es ésta la música esperada... la escucharán durante el apocalipsis 
algunos cisnes de dos cuellos... dragones resucitados... insectos... 

y con los dedos de las damas perdidas del mundo 
leyendo el pentagrama que yo escribí sobre pianos negros... mil... 

con trompetas blancas bluseras mil... sin arpas ridículas... 
con guitarras españolas mil... con charangos jujeños mil... 
sin violines inoportunos... sin clarines milicos... 

con baterías rockeras mil... y cantarás tan solo vos... 
ese blus que me mantiene vivo... ese blus que sos vos misma mi negra... 
porque el blus es el principio y el fin de toda la música... 

se escribió durante el génesis... principio de esta vida que se termina 
y comienzo de alguna otra forma... en el blus... 
hoy las flores vibran en el jarrón dorado... 


CLONADO 
de Oscar Alberto Marchesin © 

clonado murió al amanecer sin siquiera saber... 
el clon asistió a su velatorio veló por su propio cuerpo y alma 
saludó uno por uno a cada una 
respiró miradas suspicaces de sus relaciones mas cercanas 
y desconocidos tomadores de café y otros

quedó la tarde entera junto al difunto esperando y recapacitando 
aguardando se cumpla la hora del entierro 
pensando qué haría él en más y su mente qué... 

debería atender dos viudas expectantes 
las dos hijas de cada una divorciadas... 
dos perros flacos insignificantes que también comen... 
dos amigos ilustres que siempre lo vivieron cruelmente... la amante

el clon desbordado se preguntó el por qué 
a quién se le ocurrió la brillante idea...

podría haber sido el clon de una vaca de otra oveja 
de alguna prostituta mal o bien atendida o fingida pero meritoria
de un árbol tranquilo en medio del campo 
de algún semental caballar bien cotizado 
de algún dios inventado de un ángel exterminador 
de un demonio impío que se ríe como un niño travieso 
de la muerte vieja guadaña de la gente esquiva... 

(y hasta de mi cuerpo y alma 
un poco de cada gen mencionado en mí subyace... 
no sería poco y tal vez renegaría del dios de los clones 
también imaginario...) 

pero no... es el clon del personaje que normalmente 
camina por este mundo... 
del prototipo que buscó para su vida todo lo que no debe hallarse 
para no morir tan lenta y dolorosamente en el intento...

y todavía con mucha plata para ser clonado... 
y que se repita la historieta... 


MI DIOS ES REAL Y ACEPTA SUS NEGLIGENCIAS 
de Oscar Alberto Marchesin ©

es consciente de su creación 
pero ni idea de dónde salió... 

es limitado y finito 
es vago y le gusta el vino tinto 
es mujeriego y algo corrupto... 

reconoce también no haber creado mujer alguna 
y dice: 
... “la mujer fue mi creadora y existe desde siempre”… 

es demasiado perfecta para que alguien 
se haga responsable de ella… 
es demasiado todo para cualquier dios… 

“si tan solo de originar una mujer se tratase 
el juego de la vida sería nada 
pero quién descifra su alma… quién” 

oh dios negligente… 

mi dios duerme siglos y al despertar 
pueblos enteros han desaparecido… 
y hasta le nacen los bush y los papas… 

ríe de los genocidios llora como un niño 
es inmaduro y escribe noches que duran siglos… 
escribió novelas fantásticas y muchos bodrios: 
...los libros de muchas religiones 
...colaboró en el mediocre quijote 
y reclama derechos… 

una tarde de octubre se durmió sobre un manto... 
en el desierto los cuervos lo atacaron de sangre la arena… 
huyó y el manto al viento fue el tabú del mundo... 

junto a su cama un recipiente dorado
para sus necesidades… 
y el grial fue otro tabú del mundo... 

y ríe siempre ríe 
ahora del código da vinci y sus aventuras… 

sus hijos reconocidos reconocen su irresponsabilidad… 
él sabe de la muerte de los niños… 
él sabe de las noches eternas de los hospicios de neruda… 
del sufrimiento y de la arbitrariedad… 
nada puede hacer y así es de limitado ... 

él lo sabe casi todo menos lo prohibido 
porque las señoras mandan ... 

entre otras cosas mi dios: 
no exige alabanzas 
no asusta impiadosamente 
no promete boludeces 
no conoce el paraíso ni el infierno 
no acepta ni impone mandamientos 
no necesita ministros nefastos interlocutores 
no tiene casa ni templos de oro para el hambre del mundo 
nunca murió 
no lava mentes 
no amenaza 
vive con su pareja 
no es vigilante 
no intercede no modifica no interfiere… 

porque mi dios creado negligente 
en su creación imperfecta es solo amor… 





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SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Propietario y Director: Héctor R. Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
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Nº 27 – Marzo de 2011 – Año II


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lunes, 14 de marzo de 2011




FEDERICO SANTODOMINGO 


Barranquilla (Atlántico), Colombia. Profesor de la Universidad del Atlántico, poeta y periodista.



EL TICTAC DE LAS ZAPATILLAS DE DOÑA PAU 
de Federico Santodomingo © 

Toda la vida se la pasó aspirando por un mejor puesto en la sociedad, pero pasaron ochenta y cinco años y no pudo coronar, como dicen, los traquetos. 
Extenuado de esa joda, al final de su vida, tomó una decisión ocultable, Don Eduar como le decían sus amigos y a él le encantaba que lo tratasen así, tan señorial y tan sensible, disfrutando los besitos de sus hijas, cuando le gritaban “Papi”, se enorgullecía como el pavo real, pecheando una inusitada trascendentalidad cachaca, la misma que no permitía conocer la otra cara de Eduar. 
No bien se había prendido la atmósfera de carnaval, cuando ya comenzaba a perderse los viernes del riguroso horario de su mujer. Ahora, se imponía el lujurioso llamado del timba y tambó que ya viene la rumba y sobre todo el con su tírame un limoncito que tengo la boca seca. Uy Fonseca. Hasta que llegaba el sábado de Carnaval y la misma Pau, que durante el año se la pasaba cantaleteándolo porque no tenía aspiraciones sino de chofer, lo acicalaba muy cuidadosamente para que luciera su disfraz de dama, pero de alcurnia como ella les advertía a sus vecinas sobre su origen social, del cual se reían por debajo de cuerda. Y ahí salía la cachaca al ruedo, sufriendo con la invención de su moño rubio, su falda bien planchada de verde satín para que resaltara el rojo carmesí de sus delgados labios y sus ojos azules entreabiertos. Pero el vacile estaba en el movimiento de las nalgas y el tictac de las zapatillas de Pau para darle elegancia señorial y aires de putona. 
Las hijitas aleladas lo miraban sin comprender esta metamorfosis de alguien tan serio y tan exigente con ellas. Él para contrarrestar esta actitud aseguraba que lo que recogiera con su disfraz era para salir con todas el domingo y comer donde el chino del Paseo Bolívar. Ellas no entendían y más bien gozaban su inmenso parecido ahora con su tía Cata, pero el argumento tranquilizaba a su mujer. Este era el juego. Y en el juego de la vida sólo se gana y se pierde, cantaba, el Anacobero. Pero él nunca quiso perder. No cejaba en sus ilusiones de llegar a las altas esferas como le insistía Pau quien soñaba vivir como Doña Gloria, le gritaba delante de sus hijas. La oportunidad comenzó con la adjudicación de una casa en un barrio obrero, cuya cuota inicial fue prestada por su mejor amigo. Claro que la Doña no contaba esto sino que su marido la cogió momentáneamente para pronto regresar a la calle 72, en la cual estaban arreglando la mansión donde vivían. Los continuos tragos que degeneraban en tremendas trifulcas en las cuales pegaba, gritaba y echaba a todo mundo no reafirmaban el alto origen social pregonado. Sin hablar de los abultados vales en la tienda. En fin, la gente se lo soportaba y sabían que con trago se habla mierda. Aunque al otro día saliese como todo un gentleman a pedir excusas, ya habituales con sus contertulios que iban cambiando de acuerdo a los arreglos que se hacían a la casa que enchapada tomó las dimensiones de un chalet en barrio pobre. Los vecinos se encontraban sorprendidos viendo cómo construyó un garaje que a simple vista valía más que el oxson jeep casi inútil que en otro mal negocio había comprado don Eduar. Pero Doña Pau disfrutaba aprendiendo a manejar con un pañelotón que la hacía sentir en un trono con su cabello rizado oculto y sobándose la nariz prieta para ver si se le respingaba como la dama blanca con la que soñaba y predicaba ser. 
Los vecinos por supuesto torcían los labios de la incredulidad. Así se pasaron la vida. Pregonando su estirpe de clase. Pero la vida es alegre y dura. Quien no sabía que había sido panadero en una cicla, conductor de una empresa cuando eran del estado y ascendido a oficinista. Un triunfo de Doña Pau con un cuñado quien había sido alcalde de la ciudad y escribió una verdadera historia de amor con una de sus hermanas. 
Allí en esa empresa se jubiló. Cuando esto sucede todo mundo piensa en el plácido descanso del hombre maduro. Menos para Don Eduar que tenía grandes proyectos para un futuro que sólo él vislumbraba acompañado de los arrebatos de alta clase social que tenía su mujer. 



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SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Propietario y Director: Héctor R. Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Nº 26 – Marzo de 2011 – Año II


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