martes, 1 de septiembre de 2020

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES 
Nº 87 – Septiembre de 2020 – Año XI
ISSN 2250-5385

Inscripción gratuita como LECTOR 
si escribe a  zab_he@hotmail.com 
indicando nombre y apellido, ciudad y país 
(se le avisará cada nuevo número trimestral). 

 

"Vuela..."
Mónica Villarreal (2020)
(Acrílico sobre papel, 14" x 11")


Sumario:

• Estela BARRENECHEA (Argentina)

• César Eugenio VÁSQUEZ LÓPEZ (Chile)

• Amelia ARELLANO (Argentina)

• Ainhoa BÁRCENA ESCARTI (España)

• Matías BONORA BERENGUER (Argentina)

• María José HERNÁNDEZ LÓPEZ (España)

• Ricardo Antonio DÍAZ (Chile - Francia)

• Rubén IELMINI (Argentina)

• Francisco ATENCIA GÓMEZ (Colombia)

• Araceli Birmania ARÉVALO CÓRDOVA (Ecuador)

• Ezequiel SCHEPKE (Argentina)

• Anna BANASIAK (Polonia)

 

 

ESTELA BARRENECHEA


Poeta, narradora y estudiosa de la filosofía, nació en Buenos Aires, Argentina, el 17/2/1938, ciudad en que reside.

Graduada como Contadora Pública Nacional en la Universidad de Buenos Aires (UBA), ejerció la docencia en filosofía a partir de sus ensayos y de su condición de miembro de grupos de investigación. En 1984 completó el curso de Metodología de la Investigación, por la Universidad de Belgrano. También fue profesora de filosofía en el CBC de la UBA.

Colaboradora de instituciones filosóficas, publicó artículos en diarios y revistas de la especialidad. Como expositora presentó distintas ponencias en jornadas de filosofía y poesía.

Además de organizadora de jornadas de filosofía, fue expositora en el lapso 1991-2000.

Obtuvo primeros premios y otros reconocimientos de orden literario en su país y en el exterior.

Ha publicado varios poemarios, libros de narrativa (novela y cuentos), así como de filosofía. También participó en antologías diversas. El listado de sus obras publicadas se encuentra en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 42.

Más de sus obras y trayectoria en:

• Realidades y Ficciones – Revista Literaria:

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2015/12/ (Nº 23)

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2016/09/ (Nº 26)

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/03/ (Nº 37)

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2020/06/ (Nº 42)

 

• Suplemento de Realidades y Ficciones;

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2015/09/ (Nº 66)

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2016/09/ (Nº 70)

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/03/ (Nº 81)

estelabarrenechea@gmail.com

http://estelabarrenechea.blogspot.com.ar/

 

 

A continuación, cuatro poemas de su nuevo libro Más allá y al mismo tiempo (Buenos Aires, Alción Editora, 2020):

 

PRELUDIO PARA UN CISNE

Estela Barrenechea ©

 

Al fondo de mí misma la música del cisne.

Allí estaba inclinado

flotando sobre las profundidades del lago.

Veo su belleza que se expande y remolina ante mí.

La sombra del ave, su espectro,

aún navega como un mito,

hace huella la plenitud,

la transparencia,

como destello de un ideal perdido.

 

En el silencio de la noche,

oyendo el maullido sin tiempo de los gatos,

me acurruqué entre las sábanas, agitada.

Allí vi al cuervo, abriendo su pico,

quemando mi voz.

Un chillido vociferando sobre mi piel.

Era el ave majestuosa de Poe diciendo, “Nunca más”.

En mi pesadilla, (nunca más el ideal, el amor).

 

Oh sonido,

que retumba en las paredes de mi cuarto,

que resuena en mi interior,

y no me deja hablar ni pensar.

 

Hago sordo esos ruidos y así,

emerge surreal otra luz,

otra música,

otra imagen que columpia.

La figura grácil del cisne suspendida

en las orillas del ojo.

 

 

CARTAGENA

Estela Barrenechea ©

Vi un ejército de esqueletos,

Galería de ausentes, tertulia de sombras

Juan Manuel Roca

 

I

 

Al fondo, muy al fondo

las sombras de Pedro de Heredia y la voz de la conciencia.

Ocurre que anochece en las islas.

Ocurre que me desperezo con el tablado de la historia.

Ocurre que quisiera cruzar el tiempo.

Ocurre que vuelvo en mí y los fantasmas aparecen.

Me asombro de saber que estoy aquí

y veo aunque no quiera

jirones de carne oscura en los danzones de la muerte.

Y veo aunque no quiera

un tráfico de esclavos en la cruzada del infierno.

 

Sangre, azotes y lágrimas

como excrecencias de la ambición.

De un extremo a otro, la muralla de piedra es una dádiva de la guerra.

 

Hoy por hoy el paisaje oculta la fragua del oro.

El hechizo de la ciudad no acalla la apetencia

en el reino de los olvidos.

 

Son ecos de otro tiempo de impunidad flotando en la ciudad.

 

 

II

 

Los turistas escarban los restos de una lengua inventada.

Saludan lo antiguo sin importarles un rábano

cómo se apilaron las piedras.

 

La vieja estirpe no abre la oscura página.

Una porción de azul agrega horror y belleza a la roca.

 

¿Quién sabe dónde se ha encallado tanta intemperie?

 

 

A LA SOLEDAD DE LA PIEDRA

Estela Barrenechea ©

Piedra es piedra

aleación de soledad, espacio y tiempo

Jorge Enrique Ramponi

 

Figuras de piedra

como un oleaje del tiempo

tuercen las palabras.

Los puntos de luz se fijan y

el color atrapa

la espuma del sol.

La cordillera iluminada extravía.

Remontar los pedruscos

y llegar a la cima apaga la lengua

como si el lenguaje se hiciera añicos ante la línea del horizonte.

Sospecho la fiesta terrible que me subyace.

Veo a los montes como cicatrices de la eternidad.

 

Demasiada escena para mí estar en la cumbre

rodeada de puños de viento.

Una travesía inacabable entre lo visible y lo invisible.

El paisaje traspasa mi cuerpo.

Desconcierta la altura y aún más la soledad.

¿Por qué vuelan los pájaros órbitas extrañas

en ese sitio seco del mundo?

 

Entre el secreto y el desorden de la materia,

¿Seré acaso yo piedra hecha a dentelladas, apenas una deriva

de las cenizas de un volcán?

¿Por qué la roca resucita comarcas de guerra?

La tensión que produce la piedra me desmadra del tiempo.

 

Desde las torres de la cordillera he visto

cómo acechan los volcanes en el largo camino de los Andes,

su furia, su movimiento.

¿Estará allí el secreto de una escena muy vieja?

¿Estás ahí adentro?

 

 

MADAME BOVARY

Estela Barrenechea ©

Un hombre, al menos, es libre;

puede recorrer las pasiones y los países, atravesar los obstáculos, gustar los placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado.

Fuerte y flexible a la vez, tiene en contra de sí la flojez de la carne

con las dependencias de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los

vientos; siempre hay algún deseo que arrastra,

pero alguna conveniencia social que retiene

Madame Bovary, Gustave Flaubert

 

Voces de riesgo

en sus sueños interminables.

 

Exotismo.

Pasión.

Materia de placer.

Cuerpo expuesto.

Trayecto de fiebre

sostenido en la dificultad,

en la mentira,

en la ingenuidad.

 

Hasta el confín del riesgo

trasgrede lo social,

desea lo superfluo,

y se insinúa al otro sexo.

En su arbitrio no sostiene

el matrimonio burgués.

Sin la médula del amor

las fuerzas mundanas la destrozan.

Esos patrones borran la vida y

trazan su fracaso.

 

Su rebeldía individual es vista

como artificio,

como huevo de serpiente,

como burla a la moral.

 

Presa del camino de la muerte,

la pesadilla del mal

como una aguja de acero mete la cabeza

en los agujeros de su cuerpo.

 

 

 

CÉSAR EUGENIO VÁSQUEZ LÓPEZ

 


Poeta, filósofo y ensayista chileno.

• Director y creador de la revista “Alas de la literatura” (1981-1983).

• Autor del libro de poesía Las Voces (1984).

• Publicación de artículos de literatura y filosofía en “Cultural del diario La Nación” (1987-1990).

• Ganador de la Beca “Fondec”. Proyecto: “El Pensamiento Metafísico en San Agustín” (1989).

• Publicación de ensayos de literatura y filosofía en “Cultural del diario La Nación” (1990-1995).

Desde 1996 dicta talleres de poesía estática, además de clases de filosofía y de lectura del tarot. Tiene publicaciones en 25 revistas hispanoamericanas, con artículos de filosofía y poesía en distintos portales como Astrolabio.net, Letras S.5  y El Bolígrafo.

Más de sus obras y trayectoria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 2:

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2010/10/cesar-eugenio-vasquez-lopez.html


poeta@ctcinternet.cl

 

 

DELIRIOS

César Vásquez López ©

 

Así como el estruendo

de una lluvia y su ventisca…

¿Eres el perenne clamor

que me viene de lo hondo?

¿¿Mi Ser primigenio, mi cósmica semilla?

¿En qué transfiguración

lumbre será mi espíritu?

 

En un sopor del pensamiento

el inmensurable vuelo.

¿Es tiempo de transformación?

El canto de mis raíces

como eternal llama,

como fugaz viento.

 

Adámica conciencia

empiezas a germinar en mi Yo.

Somos un todo:

Yo, relámpago y abismo;

Tú, lumínico lodazal.

En este abisal revuelo

soy manantial del Verbo.

El enigma de ser hombre,

la sombra de Satán.

 

Pletórico de formas

en la tierra aparezco:

como alada serpiente,

como ángel terrenal.

Mis alas cual fogaradas

del prístino caos

asemejan:

a un fantasmagórico pájaro,

a un infernal Dragón.

 

En un sideral silencio

alumbrada mi alma,

por la mordedura de la Víbora:

del Paraíso de Adán.

 

Adámica conciencia

soy el espíritu hacedor de símbolos.

Tal águila que con sus garfas

esboza en la terráquea cáscara,

los enigmas del rayo y la oscuridad.

 

En un murmullo

de mi subterráneo Ser;

se develan los misterios del hombre

trasbocado a su infinita soledad.

 

Mi espíritu cual silente Demiurgo…

Por la Natura y su sempiterno devenir

devorados el hombre y su efímera historia.

 

Adámica conciencia

en un temblor del alma

el origen del iluminado…

 

 

EL HOMBRE ADÁMICO

César Vásquez López ©

 

Remecido por místicos vientos

silente divaga el Hombre de barro.

Tal inefable musitar:

como el alma de Adán

en su primigenio temblor.

Cual Génesis:

el insondable diluvio terrenal.

Azaroso camino de siembra:

pletórico de simbologías

toda una fértil cosecha.

Guiado por la lumbre

el enigma de la lóbrega noche.

En su mortandad:

de súbito el fantasmagórico

símbolo del mal.

Parece la vida ciclo diminuto:

arrojados a las fauces de la Bestia,

al martirio del Madero…

Preferible ser axioma

en el acaecer del devenir.

Peregrinando por el terrenal Paraíso

atisba el espíritu su desvelo.

Somos fugaces siluetas:

trasbocados al Árbol del cognomento,

a la Serpiente del Edén.

Cual trémula ventisca…

Somos:

Hijos del lodo,

de un Pájaro redentor.

Ah, de todo esto

el Hombre alado, sus huesos abandona:

para retornar al prístino fuego,

a la morada de lo abisal.

(Derecho Intelectual: 108.115, Chile)

 

 

  

AMELIA ARELLANO


San Luis, Argentina. Escritora. Licenciada en Psicología. Psicóloga Social.

Colabora con sus textos literarios en medios locales y en sitios web, nacionales e internacionales. Sus producciones han sido traducidas al inglés, alemán, italiano y catalán.

Ha publicado narrativa, ensayo y poesía. Ha ganado premios y distinciones nacionales, provinciales e internacionales, con jurados tales como Osvaldo Bayer, Horacio Salas, Tununa Mercado, Jorge Brega.

Se identifica con los movimientos de género y con los de reivindicación de las culturas populares. Cree que el rol del escritor debe ser dinámico y comprometido. Su tema de preocupación siempre ha sido el de la Identidad.

Socia fundadora y presidente actual del Movimiento Cultural Poetas del Exilio.

Más obras de esta poeta en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 85:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/03/

arellano.amelia@yahoo.com.ar

 

 

ÉXODOS

Amelia Arellano ©

 

ÉXODO I

 

En mi casa pueblo han hecho nido los adioses.

Aleteos de pájaros sombríos.

El sol es una aureola gris.

Se han marchado todos.

Los hombres, los pájaros, el río.

Los árboles en desdichada sed,

con su alma de niño,

sin preguntas los siguen.

 

En mi casa pueblo anidan los escombros.

Herencias de ayer.

Algunas flores quedan

sobre las tumbas quietas,

abonadas por el polvo de los que no se van

porque se fueron.

 

En mi casa pueblo ya no queda nadie.

Sólo las calles, largas avenidas de lamentos.

Allá, a lo lejos, donde acaban los sueños,

el viento, piadoso, desliza sobre el pueblo

la señal de la cruz.

 

 

ÉXODO II

 

Guarda esa congoja, amor. La rosa está de luto.

Ellos se han ido. Quedan sus nombres y un territorio ausente.

 

No hay nada.

Ni siquiera el miedo.

En la pupila muerta de la tarde

no hay ancestros ni dioses.

Sólo adioses.

 

Está el sol, siempre el mismo, pero otro sol.

Es tibia caricia que desgrana el alba,

pero también castigo

que deshace la luna y la memoria.

Está el viento, otro viento, el mismo viento.

Pero la brújula del tiempo ha enloquecido.

Rota gira en su círculo sin edad.

Y sopla el viento, piadosamente sopla.

Pero es en vano.

Para que las sendas caminen

deben saber al menos

adónde van los pies.

Guarda esa congoja, amor.

Ellos ya no están.

Tampoco yo.

 

 

LOS PERROS DEL MIEDO

Amelia Arellano ©

 

Sin anunciarse.

Nuevamente, han llegado los perros del miedo.

En sangrientas jaurías

 

Ya no temo.

Son parte de mis antiguas criptas.

Escamas sobre escamas.

Los conozco, los acepto.

Como los excrementos y las moscas.

Como las pesadillas y los piojos.

Como los mocos y el hedor.

 

Huésped de burdeles celestiales

Hambre y uvas de amatista

Velo blanco, país inmaculado de la misoginia.

Onan, Don Juan, Edipo, Maquiavelo.

El niño lleva ambos ojos vendados.

Danza de psicotrópicos. Sodoma. Príapo.

 

¿Como he de temer, entonces?

¿Cómo temer?

¿Las sangrientas jaurías de los miedos?

 

 

NANA DE LAS PALABRAS

Amelia Arellano ©

 

“Mis palabras suben volando,

mis pensamientos se quedan aquí abajo;

palabras sin pensamientos,

nunca llegan al cielo.”

William Shakespeare

 

Todos los días. Todos.

Menos los tiempos de los errantes miedos.

Ella, encierra todas las mujeres, todas.

Hija, madre, esposa. Nona, hermana.

Acaso amante desterrada.

Las que están acá.

Las que quedaron en la patria lejana.

Las que se fueron en esta nueva tierra.

Guarda sus palabras espejadas.

Ella.

Todo sirve.

El baúl de la abuela.

Las cajitas de sándalo.

Un vaso de cristal de camafeo.

Un cántaro de barro.

Mamushkas.

Una concha de nácar.

Una nuez. Una almendra.

Un poliedro de cuarzo.

Un libro. Un corazón.

Los ojos de un infante dormido.

Las desbroza de penas y las guarda.

Luego las saca, claro.

En tiempos de sequía, en hambrunas.

En éxodos. En destierros.

Algunas, vuelven, en amores tardíos.

Pequeñas rosas negras se enredan en su pelo.

Otras, caen como cascadas de golondrinas blancas.

Salen guaguas, con sabor a frutilla.

Buscan la panza de los niños de barro.

Pájaros surgen. Pañuelitos. Pétalos. Lino. Raso.

Dócilmente calman la exaltación del hombre.

—Saben, que el amor es ardor y ternura—

Las más frágiles, caen en barquitos de papel, al mar.

Ella sube, las acuna, les canta, las escucha, las piensa.

Les da vuelo. Aova.

Deposita nuevamente en la arena… y las nace.

En la arena… las nace…

 

 

 

AINHOA BÁRCENA ESCARTI


(Cádiz, España, 1984) Reside en Madrid. Narradora. Ha sido galardonada con múltiples distinciones en certámenes literarios.

Varios libros en e-book (Amazon): Todas las cosas que escribí cuando ninguno de ellos miraba, Terror Express, Descorazonados. Su obra La muchacha de la ventana fue publicada en castellano y en gallego (A rapaza da ventá).

Asimismo, tiene varios cuentos en antologías, así como en diversas páginas y revistas literarias.

Más sobre sus obras en Suplemento de Realidades y Ficciones: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.ar/2014/03/ (Nº 60)

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2014/03/ (Nº 74)

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/09/ (Nº 83)

 

http://www.redescritoresespa.com/B/barcenaE.htm

http://ornitorrincoinwonderland.blogspot.com/

http://www.toshirouniversodeainhoa.blogspot.com/

http://parquedeideas.blogspot.com/

noa893@hotmail.com

noa893@gmail.com

 

 

POTENCIALIDADES Y ACTOS

Ainhoa Bárcena Escarti ©

 

La noche cedió y dejó su lugar a la mañana, apenas logró dormir algo. Durante casi toda la noche se dedicó a pensamientos y recuerdos que sabía no llevaban a nada. Salió a la calle como cada día. Pero aquel era un día distinto, todo le recordaba a aquel amor, a eso que no volverá. Le buscaba entre las caras de los conocidos y desconocidos con los que se cruzaba. Justo antes de subir al autobús creyó ver su cara a lo lejos, en un segundo imaginó todo lo que pasaría si se cruzarán y con ello cambiarán el final que dejaron escrito hace años. No pensaba en aquel que ahora rellenaba su vida y su cama. Dejó que el autobús se fuera y la cara se acercara. Ya veía su nueva y perfecta vida junto a él otra vez. Pero no era él. La ilusión se desvaneció y recordó la realidad de esos tiempos tormentosos que ya tenía idealizados. Y que quizá aquel final que se dio fue el que fue sin vuelta atrás. Subió al siguiente autobús, se sentó. Miró por la ventanilla y se preguntó si lo suyo sería un final abierto o cerrado.

 

 

LEJANÍAS

Ainhoa Bárcena Escarti ©

 

—Las peores distancias son las que te alejan de alguien que tienes a un centímetro.

Entonces se puso los auriculares en las orejas y miró por la ventanilla durante todo el viaje.

 

 

EL SECUESTRO

Ainhoa Bárcena Escarti ©

 

Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar a elecciones. Aquello no acabaría bien, pronto todos estaríamos muertos en los muros de esa habitación donde nos escondía. Aquel gesto de valor del alcalde no serviría o solo para que al fin disparara lleno de furia. Disparó. Me quede mirando, atado, esperando entre temblores mi próximo fin. Para mí ¿habría otra bala, o quizás más de una repartidas por mi anatomía? Pero aquel no sería el día. Se llevaron arrastrando el cadáver del alcalde por el suelo. Cerraron la puerta y esta vez me encontré solo entre la espesa oscuridad esperando y esperando mi momento. Aún se olía la sangre del alcalde en el suelo. Continué esperando lo que fueron horas, ningún ruido se escuchaba, esperaba ansioso la sucesión de los hechos. Pasaron más horas o lo que yo entendía por ellas. Se abre la puerta, el hombre de la máscara entra, me golpea la cabeza y me deja inconsciente. Despierto solo, atado en mitad de una carretera que no reconozco, me han soltado, ya no tendrán una bala para mí.

 

 

ESCRIBIR

Ainhoa Bárcena Escarti ©

 

Él le miró con detenimiento tras leer aquel inmaculado folio realizado a mano. Entonces antes que la pregunta obvia saliera de la boca del joven chico asustado dijo:

—Cuando escribes, esto debe ser una necesidad, una extensión de tu vida, si lo haces por intentar impresionar a alguien o por algo que no seas tú mismo, olvídalo. Si vives lo que escribes, si respiras cada palabra, entonces te digan lo que te digan eres escritor.

El chico recogió su folio, miró al hombre, un extraño hasta hace unos minutos, y encontrándose a sí mismo durante unos minutos, rompió el papel. Aquella tarde decidió comenzar a preparar unas oposiciones.

 

 

LA LUZ PERDIDA

(Dedicado a la inspiración que me lo inspiró)

Ainhoa Bárcena Escarti ©

 

Él era perfecto, el grosor de sus labios, la redondez de su pupila, el largo de sus pestañas, la forma de su cabeza, el brillo de sus uñas y como estas encajaban en sus dedos, su olor, la manera que tenía a veces de arrastrar las palabras mientras hablaba, ese gesto de no entender nada un tanto patético que ponía cuando algo le extrañaba, la forma de colgar la mochila sobre su hombro, su torpeza, su seguridad un tanto chulesca y su íntima inseguridad, sus ojos, su media sonrisa y su sonrisa entera, el sonido constante de sus pasos desde lejos, el color de su pelo, la media barba que se dejaba a veces, esa peculiar manera de estar pálido o moreno, su indiferencia, su cara de preocupación, su enfado, su ingenio, esa habilidad que poseía de hacer ver fácil lo más complejo, la cicatriz de su codo que se hizo de pequeño en una caída, la roída pulsera de cuero que nunca se quitaba, su voz dirigiéndose a mí, sus ojos mirándome, él en mis sueños y aún es perfecto en mi desconsuelo, el color de sus labios, el rosado de su lengua, la anchura de su espalda, la caída de sus ojos, su forma de correr, como me miraba a veces por encima de sus oscuras gafas de sol, como sonaba mi nombre en su boca, la forma de decepcionarme sin saberlo, la manera de sin querer absorber mi vida, el cómo me lo quito todo al marcharse, el no enterarse de todo lo que yo pensaba, era perfecta esa manera de ser él mismo, la anchura de sus fosas nasales, la redondez del lóbulo de sus orejas, la oscuridad de sus ojos, su nombre, su casa, su habitación, los recuerdos que guardo, el desaparecer de mi vida y no volver, y la certeza de su no presencia, que jamás reaparecerá ante mis ojos. Aun así, estoy segura de saltarme algo, ah sí, la forma que tenía de hacerme sentir especial. Él era todo eso y más, aunque no estoy segura que lo supiera. Le amaba tanto, le amo tanto. Ha pasado tanto tiempo y tantas cosas. Siento a veces, que él no es el recuerdo que tengo. Siento que ya no le amo a él sino a la idea que guardo de él.

 

 

 

MATÍAS BONORA BERENGUER


Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1971. Es poeta, dramaturgo y guionista. Coordina Talleres literarios de escritura creativa y brindó seminarios de guion y de adaptación en el Programa Cultural en Barrios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Diafos, Club Italiano, Dinamic Films y en la Facultad de Ciencias de la Comunicación y C.C. Sábato de la Universidad de Buenos Aires.

Es autor de dos libros de poesía, participó en diferentes antologías de editoriales de Argentina. Colabora en revistas literarias digitales como Revista Pluma, Tantalia, Aristos Internacional, Blog Lazos de Arte y Amistad y, desde hoy, en Realidades y Ficciones.

En guiones colaboró para la escritura de documentales del Canal Encuentro, para la Secretaría Cultura TV, radioteatros y demás. Fue también productor de cine y televisión en Pol-Ka Producciones, Promofilm y otras.

Recibió Premio Mención por el Concurso Micro Ficción Radial, 2018, Argentores; Mención de Honor en XXX Concurso Internacional de Poesía, “Iluminando Continentes”, Instituto Cultural Latinoamericano 2012 y finalista por la Universidad del Centro (UNICeN.) en el Concurso Universo Alfonsina Storni.

guionsur@gmail.com

https://es.calameo.com/accounts/6173828

 

 

LA EDAD DEL TIEMPO

—Antología—

Matías Bonora Berenguer ©

 

ELLA

—Fémina—

 

Con un linaje a cuestas

Ella

avanza

con su manantial de vida

sobre perfumada fronda

de hollejo, breña y lejanía.

 

Abrevan de su fortaleza

la atávica esencia que brinda

desde la fragilidad de su encanto.

¡Y habita!

todos los soles

que la alumbran.

 

¡Y llora!

la soledad del ardor

en su denuedo.

¡Y aloja!

Maternidades

en insomnes

puntos suspensivos…

 

¡Y abraza!

la humanidad que renace

en cada ofrenda

con la gleba de su herida

que no cesa.

 

 

LA ESQUINA

 

La esquina espera

sin tiempo ni edades.

Transcurre entre latidos de urbe

en la indiferencia de los pasos

e insomne queda,

desde pretéritas madrugadas

de lumbre y baldosa.

Cardinal coordenada de encuentros

y despedidas,

de beso y de muerte,

de sombra, traición

y caricia…

 

La esquina es umbral.

 

Frontera que no cesa

en la quietud del mundo,

capturado

entre horizontes de cordón,

adoquín y un cielo

que cabía en su charco.

 

Abrevo en la memoria

que grita

cuando mi sombra de juventud

allí respira… la persigo,

peregrino del misterio.

 

Y camino en la esquina de la infancia

y me llaman esas voces,

que allí quedaron y me esperan

sin edades

ni soles.

 

 

ASIMÉTRICOS

 

—a emergidos Maestros & entrenadores de Elite—.

 

Con una soberbia a cuestas

destilan ocasos

con mendicantes palabras

del puño incierto

y coagulan infancias,

ofrendadas desde tempranos cuerpos

del lúdico anhelo en su bostezo.

 

Son

 

mercaderes del esfuerzo ajeno,

la sombra de una envidia

que depreda

la sonrisa del músculo en su destreza,

naufraga la plenitud en tardías pubertades

que se ahogan en silencioso llanto,

de una adolescencia en disciplina.

 

Con cenital ineptitud para la Vida,

muerden la sangre de los sueños

y beben el néctar

del salario del desprecio.

Pretéritos gritos

aturden, todavía, las edades en equilibrio

y desamparo.

 

La soledad abraza al atleta

con su alma esguinzada…

que repite sus días, día tras día

y ardiente respira,

amarrado al color de lejano recuerdo;

entre erguidos tendones por diques

contra el olvido

del crepuscular latido.

 

® Buenos Aires, Argentina, Julio de 2020

 

 

  

MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ LÓPEZ


(Madrid, España, 1977) Licenciada en Filología Hispánica por
la Universidad Autónoma de Madrid. Correctora de textos freelance, coeditora de la Revista Chispas Literarias y presidenta de la Asociación Cultural La Hucha Literaria. Es escritora de microrrelatos y relatos. Ha publicado la novela corta Una noche sin estrellas (Los Duelistas, 2010), los microrrelatos Como abejas que liban en sus colmenas (Lápiz Cero Ediciones, 2011), los microcuentos Clorofila (LápizCero Ediciones, 2013) y el libro de relatos breves La Noia y otros relatos (Ediciones Carena, 2019). Ha participado en la Antología Poética Armilar (LápizCero Ediciones, 2012) y la Antología poética y narrativa solidaria El amor es como el mar (Nueva Estrella Editorial, 2018). Ha sido finalista del XII Premio Orola de Vivencias 2018.

abejas11@hotmail.es

 

 

ÍNFIMO

María José Hernández López ©

 

A punto de nieve, esta mañana el hielo ha congelado los cristales del salón. Los chupones cristalizan el rocío de los helechos que se inclinan hacia el suelo pidiendo clemencia sin que roce la tierra escarchada. Tomo algunas notas. La necesidad de avituallamiento me exaspera y la incomunicación es un desagradable recordatorio de no poder hacer nada al respecto. Los llantos de sonajero interrumpen mi soliloquio. El pecho. Succiona, mi niño. Dulces golpecitos en la espalda. Las nanas de la abuela suavizan los párpados ya soñadores. Corro la cortina jaspeada y veo que la quitanieves está próximo y a muy pocos kilómetros de aquí. Espero, no sé si en vano, que el puerto quede abierto en un par de horas para poder al menos transitar y traer algo de comida. Pocos vecinos bajan al pueblo. En la parte trasera de la cocina aún quedan algunos troncos partidos. Enciendo el horno de leña. A mi espalda un golpe de viento abre la verja con brusquedad. Intuyo. Mi vello se eriza mientras mi mano alcanza el pomo de la puerta. A mis pies un reguero de sangre me conduce a la caseta del perro. Veo cómo Charlie se lame las heridas con un gesto de dolor agudo. Me arrodillo y le acaricio para que se tranquilice. Noto su pulso acelerado. Y el aliento del francotirador muy cerca de mí. Me retiro instintivamente. Un proyectil impacta en la empalizada. Me resguardo en la despensa. Cojo la escopeta y disparo al aire sin apenas descubrirme. Otro disparo me desafía. Y varios impactos de mi escopeta le responden, ahuyentándolo. Me asomo y veo entre los matorrales a un hombre que levanta los brazos. Despacio, me acerco, pero sin dejar de apuntarle. Bajo el cañón de la escopeta. Es Santi, el vecino. Traigo algo de comida, Tere. El puerto se abrirá en una hora. Solo pude conseguir esto. Procura pasar un buen día y cuídate de los cazadores furtivos. Descuida, lo haré. Gracias. Entro en la casa y me cercioro de que todo está en orden. Aún no las tengo todas conmigo: un silencio de calma chicha rodea toda la casa. Guardo las provisiones en la despensa. Pero mi instinto no se fía. Oigo el crujir de la madera. Y unos pasos. Tengo el gatillo preparado. Espero a que se asome. Disparo. No lo remato, ya tiene entre ceja y ceja el tiro de gracia. Con la culata de la escopeta empujo el cuerpo hacia la puerta lateral del jardín. En pocos segundos, su cadáver en el suelo helado desaparece como si nunca hubiese existido. Las huellas de sangre se quedan huérfanas. Charlie olfatea nuevos copos de nieve y el hielo empaña de nuevo los cristales del salón. Una ínfima nota de amor toca el timbre de la puerta, los llantos de sonajero me sacuden el alma... Regresas.

 

 

VERANO DE BARRIO

María José Hernández López ©

 

Caracolas y rumor a mar. Unas huellas de limón derriten la arena de la playa cuando la bola de helado se evapora en tu cucurucho. Una suave marejadilla de agua y peces cosquillea los dedos y la planta de mis pies... ¡Qué relax! Solo quedan dos rodajas de melón en la cocina. El ventilador remueve el aire asfixiante de la habitación. Todavía aquí. A la espera de que la hora o el día llegue. O simplemente que el momento quede en suspenso. Los molinillos de viento en las terrazas son el único indicio de vida humana en el silencio de esta calle en repechón. La ciudad, por fin, se ha quitado, el corsé de la prisa y se despoja del stress. La tarde es infinita en el minutero de la noche. Una luna de papel se descuelga en el cielo mientras cenamos patatas fritas y algo de comida china. Que no se me olvide descongelar la nevera. La peli del TCM está entretenida... es buena. El ventilador aún encendido... Voy a esperar a que refresque un poquito. Me inunda un sopor de siestecilla olvidada. Un sueño sin sandalias ni reloj. Me he quedado dormida.... ¿Me llevas en brazos hasta la cama? Dentro de seis horas será temprano. Quiero ver otro cielo, otras estrellas... pero un ataque de lucidez me hace despertar del todo. Recuerdo no haber echado la llave del piso. Escucho ruidos en el office....

 

 

 

RICARDO ANTONIO DÍAZ


Mi ciudad natal Punta Arenas, Chile, paisaje de nieve y ovejas, acompañó mis primeros estudios junto a los marineros, a los hombres del petróleo y al ovejero «ese Rey sin trono fijo…”. Luego atravesando el Golfo de Penas, el Cabo de Hornos, caminando el mar y los puertos del Sur, llegué a Valparaíso, colinas y mar. Allí, encumbrado en el cerro Playa Ancha, república del viento, mis estudios secundarios y universitarios. Diploma de profesor de Castellano… siempre mirando la mar desde el Pedagógico, Universidad de Chile, nacieron sueños… utopías de un mundo mejor para todos. De pronto, un 11 de septiembre, todo eso se acaba… Recomenzar un camino, lejos, con palabras de exilio, enterrando dolores… sueños… utopías… aquí en Burdeos, Francia, tierra roja de vino y sangre, puerto de ayer… una maestría en literatura chilena… luego un diploma de Educador Especializado. Mi alma, Caleuche del Sur, navegando con la escritura… con la poesía.

ricardo.diaz51@laposte.net

 

 

NIEBLA

Ricardo Antonio Díaz ©

 

Desde la ventana del tren veía pasar los árboles, las imágenes de ayer, las viñas.

Se detuvo el tren y el mundo también. Vi que yo atravesaba la ruta, evitando los coches, en uno de ellos iba yo. Desde el tren miré como entraba a un supermercado para comprar salsa de tomates, en general la prefiero natural o con albahaca. Me vi pasar por una de las cajas en la que yo trabajaba todo el santo día clic-clac-clic-clac… pagar…cobrar, clic-clac pagar… yo pagué a mí y salí hacia la ruta, yo pasaba en otro coche. Fui hacia el tren que se ponía en movimiento, allí yo estaba observándome.

El tren se alejó poco a poco, sin humo… sin ruidos. El auto también partió conmigo, perdiéndose de mi vista en una de las tantas curvas de la autopista. Me quedé mirándome partir… en tren … en coche… a pie…

 

 

EL CIERRE DEL TIEMPO

Ricardo Antonio Díaz ©

 

Estaba sentado o mejor dicho casi sentado, ya que el espacio donde se encontraba era angosto como un tubo y no podía ni desplazarse ni sentarse, las piernas dobladas.

Estaba cansado adolorido. Sus dedos, sus manos, su cuello, su cintura, sus rodillas, sus pies, todo le dolía. Ya no le quedaba voz para quejarse, lo único que podía hacer era esperar… esperar, ¿pero qué?… un buen plato de comida… no, no tenía hambre, su estómago estaba destruido por los golpes, la electricidad… no era comer lo que quería, tal vez salir de allí, no tampoco demasiado lejano, como la ventanilla que percibía en lo alto.

Vivir al menos un día más…

Sí… era eso lo que deseaba, con un poco de suerte su torturador le daría menos golpes hoy día, o quizás habría un corte de electricidad.

Espasmos, luego náuseas, vomitó de nuevo sangre y más sangre por su boca, por su ano, por las narices, por su pene, por las orejas.

Trató de respirar regularmente, pero sus pulmones secos no se lo permitieron, jadeaba como un perro, tratando de recuperar la ínfima partícula de aire.

Sus tímpanos infectados no le permitían escuchar si venía o no su torturador. Parecía que el único sentido que sobrevivía en él era su vista. Sus ojos estaban fijos, mirando hacia la puerta.

Sus recuerdos también permanecían aún. Se acordaba claramente del placer que había sentido ayer cuando los golpes se habían detenido y la corriente había dejado de hablar con su cuerpo.

Si alguien le hubiera preguntado que hacía, por qué estaba allí, no habría sabido contestarle.

Solo se acordaba de ayer. Su vida era la mirada clavada en la puerta y la esperanza de vivir un ayer más.

Unos pasos resonaban, pero él no los escuchaba.

Miraba la puerta.

 

Nota: Estas obras también se encuentran en francés y llevan por títulos, Brouillard y La clôture du temps.

 

 

RUBÉN IELMINI


Reside en Mar del Plata (Buenos Aires), Argentina. Nació en 1947; es técnico mecánico. Trabajó en dibujo y pintura, como letrista y en dibujo humorístico (en los ‘70 colaboró en las revistas Humor, Hortensia, Rico Tipo y el diario Tiempo Argentino).

Mención especial en el Concurso de Poema ilustrado de la Ciudad de Campana. Participó en concursos de cuentos del Club de escritura Fuente Taja.

Entre sus gustos literarios se cuentan Cristian Bach (Juan Salvador Gaviota, Ilusiones) y Eduardo Sacheri (La pregunta de sus ojos, Papeles al viento). Frecuenta la feria anual del libro de Mar del Plata.

Más sobre su trayectoria y obra literaria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 84:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/12/

letrasydibujos@hotmail.com

 

 

REGALO PARA UN CASTILLO

Rubén Ielmini ©

 

Diez de la mañana, café “El Colonial” de Cerrito y Funes; lugar concurrido por gente de alto nivel.

Entra don Bruno Castillo, señor mayor de lentes, diario en mano, muy elegante, viste un saco azul camisa al tono, corbata de seda bordó, pantalón gris perla, una paquetería de persona; se dirige a la mesa junto a una ventana con vista a Funes, se acerca el mozo.

—¡Buenos días, caballero, qué le sirvo!

—Buenos días, tráigame un café con leche, más leche que café por favor. Con dos medias lunas dulces y una salada, tostadas bien crocantes, un platito que contenga mermelada de durazno y zapallo, más manteca y un exprimido de naranja.

—Enseguida se lo traigo, caballero —don Bruno responde con una inclinación de cabeza mientras abre el diario; minutos después llega el mozo.

—Permiso caballero, su pedido.

Mira el café con leche espumoso, con el diseño de un corazón que parece emitir latidos, toma una tostada la unta con manteca y agrega una capa de la mermelada, de durazno. Luego de deleitarse con esa exquisitez, le toca el turno a la medialuna dulce, la corta al medio, hace un mix de manteca y mermelada de naranja. Realiza un paneo del lugar, en la barra una pareja conversa con la compañía de un café, en una mesa dos mayores hablando de política, solucionando los problemas del país, y en otra, el infaltable grupo mixto de incomunicados, sentados cada uno mirando su celular.

Ante este panorama, donde nadie pone atención en su mesa, toma la medialuna con mermelada y la moja en el café con leche. Al dar el primer bocado, entrecierra los párpados y viaja por ese mundo del sabor conteniendo el gusto en su paladar; es la mayor ceremonia que la vida le regala.

Al finalizar el deleite de esa merienda, llama al mozo.

—Sí, caballero, usted dirá.

—Un whisky, con poco hielo, que sea el mejor, importado por supuesto —el mozo lo miró con sorpresa ante ese pedido.

—Ya se lo traigo, retiro esto y…

—¡No, no retire nada! Todavía me queda la medialuna salada y un resto de esta exquisita mermelada de durazno. Deje todo en la mesa.

Vuelve el mozo con el pedido, un importado de un color bordó transparente. Apenas asoma una minúscula cantidad de hielo, lo deja en un costado de la mesa junto a la taza vacía y antes de que el camarero se retire, la voz de Bruno:

—¡Un momento por favor! —toma la copa de whisky, mira el color, huele su aroma, bebe una pequeña cantidad, mueve el liquido dentro de su boca inspira y exhala, mira al camarero —¡Está perfecto, se puede retirar, gracias!— Termina su whisky y llama al camarero.

—Mozo, deseo felicitarlo. Muy bueno, todo de primer nivel y muy buen servicio.

—Muchas gracias, para eso estamos. ¿Desea algo más?

—No, gracias, esto es para usted, por su amable atención —le entrega un billete de cien, el camarero sorprendido.

— ¡Pero muchas gracias, caballero! No era para tanto. Bueno, gracias nuevamente… ¿le traigo la cuenta?

—No, no es necesario, porque no pienso pagar, es decir, pagué por su buen servicio, porque usted es un empleado y nada tiene que ver.

—Disculpe pero no entiendo, ¿me da una propina y no va a pagar la consumición?

—¡Exactamente, no voy pagar ni un centavo!

—Me va a disculpar, pero voy a tener que llamar al dueño.

—Pero sí, hombre, haga lo que tenga que hacer, llámelo —aparece el dueño, detrás el mozo.

—Buenas tardes, señor, soy el dueño del bar. Me dice el camarero que no piensa pagar lo que ha consumido.

—¡Afirmativo!

—¿Algún problema de dinero? Si no le alcanza, puede hacerlo con tarjeta de crédito o débito.

—No se trata de falta de dinero, solo que no pienso pagar.

—Señor, me está obligando a tener que llamar a un patrullero.

—¡Sí, cómo no, llámelo! ¿Quiere hacerlo desde mi celular? Se lo presto, aquí tiene —saca el celular de su saco y lo entrega. El dueño del bar viendo que la situación se torna áspera, insiste.

—¿Me puede explicar su comportamiento? Usted es un señor mayor, bien vestido, educado, y me hace una escena infantil, por favor.

Don Bruno prende el celular, va a la galería de fotos, abre un archivo y le muestra la foto de un joven de veinte años.

—¿Lo conoce? —el dueño mira la foto.

— No, no sé quien es.

—Se llama Agustín Castillo, es mi nieto, hace un mes estuvo en este boliche…

—Caballero, modere su lenguaje, esto no es un boliche, es un lugar de categoría, donde la empresa se reserva el derecho de admisión.

—¡Ah, no me diga! Entonces usted compórtese como el dueño de todo eso que dice porque la realidad es otra. Mi nieto estuvo aquí por un aviso que pedía un mozo, y usted lo tuvo desde las cuatro de la tarde hasta la medianoche; ocho horas haciéndolo lavar copas, limpiando mesas y barriendo el local, y en ningún momento le dio la oportunidad de agarrar la bandeja, después le dijo que lo iba a llamar para pagarle el día y contratarlo en caso de que quedara elegido.

—Usted lo acaba de decir, si no lo llamé, es porque no fue elegido.

—Pero, además de no llamarlo, usted se hizo bien el pelotudo y nunca le pagó, vino tres veces a reclamarle y nada… se cansó de venir, hasta sentía vergüenza ajena. ¿Y me dice que esto es un lugar de categoría? ¡Usted es un caradura chanta y chamuyero!

—Señor, por favor, le ruego por favor, baje la voz…

—¡No bajo un carajo! Y llame a la policía, así se entera que este lugar de categoría está regenteado por un negrero como usted.

Pasaron diez minutos, don Bruno Castillo sale del bar, hace una llamada y espera en la esquina la llegada de un remise, sube y le dice al chofer.

—Cómo andás, nene, llevame a casa.

—¿Abuelo, qué estás haciendo acá?

—Cobrando deudas, che, y me fue pluscuamperfecto, tomá esto es tuyo —le alcanza un par de billetes.

—¿Pero qué es esta plata? No entiendo.

—Es el pago por tu día de trabajo en ese boliche de mierda.

—Abuelo, ¿qué hiciste, estás loco? Para que te habré contado eso que me pasó en el bar.

—¡No señor, hiciste bien en decírmelo, un Castillo es un Castillo y a mi nieto de apellido Castillo ningún sorete lo negrea!

—¿Y si te metían en cana? Linda joda, justo hoy que es tu cumpleaños.

—Y… me traían la torta con las velitas al calabozo, como al ingeniero bombita de Relatos Salvajes, ¡je, je! Tranquilo que no pasa nada, cuando el dueño se vio apretado, curiosamente se acordó de vos, me pidió muy amablemente que lo acompañe a la caja, sacó plata, me pagó y me dijo que la consumición era una gentileza del local. Ese en su puta vida contrata gente en negro —mira su reloj.

—A la pelota, las once, la vieja se va a preocupar y quiero ayudarla a preparar las cosas para esta noche, tus padres vienen temprano, me dijeron. ¿Venís con tu novia, no?

—Sí, corto a las doce, como algo, voy a una clase en la facu y a la noche vamos, no me voy a perder las empanadas y los pollos al horno de la abuela.

—Ah, venís solo por la comida, qué hijo de puta.

—No, abu, por vos también, si sabés que te quiero, gracias por todo y feliz cumpleaños, Castillo.

—Gracias a vos… la verdad que este fue el mejor regalo de cumpleaños para un Castillo.

(ISBN 978-987-3657-22-1)

 

 

 

FRANCISCO ATENCIA GÓMEZ


Narrador y poeta colombiano nacido en Santiago de Tolú, Colombia. Su nombre completo es Francisco Tomás Atencia Gómez.

En su ciudad natal, fue cofundador de los grupos literarios: Atij-Urica y Palanmgresueños, de la revista Umbrales. Cofundador y director del periódico de arte y literatura Tolukalit. En Sincelejo hizo parte del periódico de arte y literatura Mexión, columnista del periódico Costa Alternativa.

Sus escritos han a aparecido en varios periódicos de la Costa y el país. En 1992 organizó, con otros escritores el Primer Encuentro de Escritores y Poetas de Sucre, en Santiago de Tolú y en 1997 participó en la creación de la Unión de Escritores de Sucre (UES). En 1999 creó, con otros amigos, la Fundación Cultural Los Sagrados Motivos. Fue fundador y director del periódico de arte y literatura Marejada. Entre sus publicaciones se cuentan Cuando los pájaros cantan (plegable de poemas, 1988); Cantos al amor y a Ia naturaleza (poemario, 1992); El cantar de Ia memoria (poemario, 1996). Tiene inéditos libros de cuentos, de ensayos y de literatura para niños.

Más de su biografía y obras en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 58:

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2013/09/

fatencia2007@gmail.com

 

 

ALLÍ VA EL POETA

Francisco Atencia Gómez ©

 

Allí va el poeta

deslizándose en el tiempo

Refleja en su rostro

la nostalgia

y en sus ojos

el dolor de muchos años

Anda pasilento

Pero canta...

Señora

el poeta canta todavía

no lo perturba el mal tiempo

ni las cosas adversas

de este mundo

Por eso...

Si tropieza con él

en su devenir errante

no lo perturbe

súbase al andén y diga

como dicen los demás:

Allí va el poeta

deslizándose en el tiempo

 

 

LA MESA PRINCIPAL

Francisco Atencia Gómez ©

 

Qué importa

si no me sientan

en la mesa principal

Qué importa

si hombres y mujeres elegantes

pasan cerca y no me miran

Somos diferentes:

Yo

me siento frente al mar

platico con las olas

y presagio el tiempo en mi memoria

Ellos...

pasan siempre presurosos

en busca de ganancias

Yo

camino lento y me preocupa

la infelicidad del hombre

Ellos...

descifran números y jeroglíficos

en la pantalla del computador

Yo

soy soñador

puedo descifrar los mensajes

de los dioses tutelares

en la pantalla del crepúsculo

¿Para qué

quiero estar sentado

en la mesa principal?

 

 

 

ARACELI BIRMANIA ARÉVALO CÓRDOVA


Nació en la ciudad de Machala, Ecuador, el 15/5/1978, como la sexta de diez hermanos. Desde niña las artes le llamaron la atención, aunque en sus primeros años de colegio no le gustaba literatura. Fue a los trece años que, en un concurso de declamación, encontró en Dolores Ventimilla de Galindo y su poema Quejas el amor por la poesía. Desde entonces compone para expresarse y aliviar el alma. En ella encuentra una amiga confidente, cada línea es un abrazo en el silencio y la palmadita que dice “no te preocupes, mañana será otro día”.

Ha publicado algunos de sus poemas en redes sociales, hoy en el Suplemento de Realidades y Ficciones.

Licenciada en Artes Plásticas y Visuales por la Universidad Técnica de Machala, ama escribir, crear, aunque dejó un tiempo sus dos pasiones para dedicarse a cumplir con sus obligaciones de madre. Después de nueve años, vuelve hoy a retomar lo que jamás pudo olvidar: crear ya sea en un lienzo o en una hoja de papel.

birmaniarevalo78@gmail.com

 

 

ÁNGELES ETERNOS

Araceli Birmania Arévalo Córdova ©

 

Aunque tu corazón este roto,

ten calma… que su mirada te protege,

su voz es el latido de tu corazón,

diciendo ama de nuevo.

 

Aunque la agonía parezca ilimitada,

ten calma… su luz te protege en este instante,

lo hizo antes… lo hará ahora y siempre.

 

Aunque no lo reconozcas está ahí

en la mirada de todos,

dentro de tu corazón,

eterno… cual ángel para salvarte de la tristeza.

 

 

UN MUNDO PERFECTO

Araceli Birmania Arévalo Córdova ©

 

En el abismo del querer,

miro a mis adentros… este querer perpetuo,

y un deseo invade mi alma,

un lugar donde reine la paz.

 

Mi esperanza pinta mil colores,

aunque todo parece estar lleno de oscuridad,

y la crueldad sea el orden del día,

no, no desespero… el sol brilla hoy.

 

En mi memoria un recuerdo es latente,

mi anhelo desde niña es ver,

ver… un mundo perfecto,

mundo donde la maldad sea expulsada.

 

 

 

EZEQUIEL SEBASTIÁN SCHEPKE 


(Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1993). Está cursando el seminario Guion en el último año de la carrera de Licenciatura en Comunicación Audiovisual de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Diplomado como operador técnico de radio y televisión por el ISEC, con matrícula conferida por el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER).

ezequiel.schepke@gmail.com

https://www.linkedin.com/in/ezequiel-schepke-85868328/

 

 

BAJO PERFIL

Ezequiel Schepke ©

 

Tarde típica de otoño. Alex partió de su departamento hacia el garaje de la vuelta. Se vistió con la ropa lavada de cuando llegó la otra semana al barrio, misma camisa, mismo pantalón, mismos zapatos. Todo el mundo lo miraba con cara de póker; muy desaparecido, no se destacaba para nada de los demás.

Era consciente de lo que debía lograr al final del día. Caminando, saludó al portero, al policía, a los vecinos, también al diariero. Al entrar al garaje, se dirigió al Ford K que había alquilado. Revisó el baúl, el pequeño bolso estaba bien asegurado. Partió. Mientras manejaba, iba escuchando las noticias, a la vez que tarareaba la cortina musical del informativo. Se sabía el viaje de memoria: agarró primero por avenida Nazca, después por Rivadavia. Estacionó en el otro garaje, el de la vuelta.

Ingresó al banco donde había entrado como guardia de seguridad también la otra semana. Llevaba el pequeño bolso. Sus compañeros le habían dejado facturas. Recién ahí se fue a su puesto de trabajo. Miró el celular para saber la hora. Eran las 18, estaba oscuro ya. Cuando percibió todo en absoluto silencio, agarró el bolso y se metió en la sala de informática. No le importó las cámaras: total, quién iba a sospechar. Bien podía decir que notó algo raro en la pantalla o que oyó un ruido. Dejó el bolso debajo de los servidores, cuidando de ocultar sus movimientos a la cámara. Después fue al baño. Por fin volvió a su puesto para seguir con lo suyo.

Miró de vuelta la pantalla que mostraban las cámaras, todo seguía tranquilo. Se hizo otro café, se sirvió una medialuna de las que sobraron y esperó a terminar su turno. Cuando se pudrió de la radio, prendió un cigarrillo y se quedó pensando con el seño fruncido más de una hora. Con el último faso, volvió donde los servidores, metió otro celular en un rincón, donde no lo detectarían tampoco las cámaras.

Después atendió los rutinarios llamados de control por si todo estaba en orden. Cuando colgó, se fijó en la grabación, tanto de la primera como de la última vez que había entrado. No había necesidad de borrar la grabación, era el nuevo, podía decir perfectamente que a esa hora andaba inspeccionando de vuelta todas las áreas. Ahora sabía que solo debía esperar.

Alex nunca levantaría sospecha, había pensado todo al mínimo detalle. Calculado todo. Aunque también sabía que la decisión era arriesgada, aun así no le importó. Todo iba va a terminar bien, se dijo. Solo debía esperar e irse.

Ya en la calle, llamó a su amigo Luis, hablaron brevemente. Manejó el Ford K hasta Avellaneda. Llegó, tocó el timbre. Luis le abrió. Se pusieron a tomar unas cervezas. Luis no advirtió que su amigo estuviera un poco más atento al celular de lo normal. Cuando estuvo lista la carne al horno con papas, se pusieron a ver el partido de Racing e Independiente.

Racing ganó dos a cero, Alex lo cargó a Luis. Enseguida lo saludó y volvió al auto. Encendió la radio y de paso otro cigarrillo. Llegó a su departamento muy tarde. Cambió el uniforme de seguridad por ropa cómoda, se sirvió un whisky con hielo. En el living, prendió la compu, vio que todo salía perfecto y después de cinco minutos, programando un código, con un simple clic logró completar el trabajo. Antes de irse a dormir, abrió su cuenta bancaria: pudo ver en la pantalla que había logrado robarse la recaudación del banco. Al acostarse, recibió una llamada anónima, la atendió:

—¿Ya está todo listo para financiar la nueva cepa del virus? —dijo una voz con filtro grave.

—Sí, ya me encargué, no se preocupen, el plan sigue en marcha, esto recién empieza —contestó antes de colgar.

Luego, rompió el celular. Ya no quedaría prueba alguna. Millonario y en paz, se durmió tranquilo.

Todo el mundo —individuos, gobiernos, fuerzas armadas, servicios secretos— tardó en reaccionar ante la amenaza mundial e invisible. Pero Alex quedaba al margen, en el anonimato. Después, los medios de comunicación terminarían diciendo que todo había empezado con un contagio en China por causa de un mercado, manera elegante de encubrir información oficial a los organismos mundiales y a la gente.

Alex estaba en una isla, panza arriba disfrutando del sol de la Polinesia, cuando vio tres tipos de traje con anteojos oscuros que le apuntaban directo a la cabeza. Secretos son secretos: nadie reclamaría su cuerpo.

 

 

EL GOLPE

Ezequiel Sebastián Schepke ©

 

Están todos en clase desde temprano, no faltó nadie, ni siquiera Carolina, que muchas veces llega más tarde de gimnasia. El profe nunca toma lista, ella lo sabe muy bien. Con los pibes pensamos que viene siempre tarde a la clase, porque a la salida lo va a ver al petiso Tomás, entonces siempre llega muy tarde a su casa. Mientras el profe nos manda a correr por diez minutos seguidos para entrar en calor, se escucha de fondo el tema “De música ligera” de Soda Stereo en la radio. Cuando terminamos de correr, hacemos abdominales, estiramientos. El profesor es muy estricto con las cantidades de cada serie. Si uno no hace esa cantidad, él no continúa con la clase hasta que todos terminan, por eso Luis se ganó el odio de la clase, ya que por ser el más gordo es una tortura china para el resto de nosotros. Mientras esperamos que termine, nuestra atención se desvía hacia lo que escuchamos por la radio.

Al terminar va Luis a atajar, como siempre, nunca pasa de defensor, pero no logra concentrarse bien, ya que al lado están las chicas jugando al vóley. “Hacelo mas disimulado, gordo” y otros insultos más que le dicen, hace que no pueda concentrarse y ese terrible pelotazo le pega justo en plena cara.

“¿Dónde estaba ahora?” “¿Por qué Luis no pudo concentrarse, fue por las chicas o por la noticia que escuchó mientras ejercitaba?”

Luis solo podía ver una sala de terapia intensiva donde lo internaron de chico a causa de un problema de salud, cuando casi muere en esa operación. Siempre estuvo ahí su pequeña familia sobre todo su madre, ella nunca se fue de su lado. Por eso odia cualquier cosa relacionada con los hospitales, ninguno de los que creía sus verdaderos amigos se interesó en verlo. No pudo entender por qué sufrió un derrame cerebral. También se dio cuenta, que ya no volvería a mover el lado izquierdo del cuerpo como lo hacía antes. Luis, por ese trauma, se aisló del resto del mundo, empezó a comer mal al extremo de engordar veinte kilos y no volvió a clase durante un año. Pasó por todos los estados, desde el enojo, la negación, la angustia, la soledad y la depresión. Por eso solía soportar las burlas y maltratos de muchos de sus compañeros.

Al levantarse escucha “¡La próxima vez andá de réferi al vóley!” Ahí nomás, Luis toma valor, se dice así mismo “basta”. Se acerca a Tomás y le da una terrible trompada en la cara. Ni sabe de dónde sacó semejante fuerza. Años de bronca acumulada, quizá. Su cara de asombro y las del resto de la clase eran como las del público de un cine, si nos diéramos vuelta justo en el momento más sangriento de una peli de terror.

Una cosa es segura, a Luis no lo volvieron a molestar nunca más.

 

 

 

ANNA BANASIAK


Nació en Zgierz, Polonia, en 1986. Secretaria, traductora, profesora. 
Estudió letras polacas en la Universidad de Lodz e inglesas en la Academia Social de las Ciencias de esa ciudad. Ha tomado parte en diversas antologías de Polonia, España y Argentina. Ha colaborado en varias publicaciones como Revista Urraka, Gaceta Literaria, Realidades y Ficciones, etc.

Nominada al Premio “Cameleon” (Polonia), ha obtenido menciones especiales en el Concurso Internacional de Poesía “Latin Heritage Foundation” (Estados Unidos, 2011) y en el Concurso Literario “Sólo Voces” (Tilcara, Argentina). Algunos de sus poemas fueron transmitidos por el programa Calidoscopio, de Radio Raíces, Argentina.

Más obras de esta escritora en Suplemento de Realidades y Ficciones:

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2013/06/ (Nº 57)

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/01/ (Nº 80)

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/09/ (Nº 83)

 

annaarent@gmail.com

anna_arent_banasiak@yahoo.de

 

 

MARAVILLA

Anna Banasiak ©

 

Para contemplar el momento

más bello en toda la eternidad,

primero hay que conocer el dolor de la herida

sumergida en la esperanza que nunca llegará.

Lo más bello,

cualquiera sea su precio,

hay que pagarlo por cada momento

de su duración ante nuestros ojos.

Hace algunos años,

ni siquiera recuerdo una hora,

logré escalar la cima.

Todavía era joven y tenía muchos sueños.

Con el paso del tiempo

dejé de soñar, respirar y contemplar.

La vista de la montaña me abrió a la eternidad,

que es como la bolsa llena de arena

donde esperamos lo bello,

tan idílico que ni siquiera se puede visualizar.

 

***

 

Cuando dos personas deciden

a cambiar sus vidas para siempre,

los demás lo ven como una locura.

Todo lo que ocurre cada día,

el aire o el pan comido para el desayuno,

las lágrimas en la almohada,

los libros en la estantería,

también están asombrados.

Pero el tempo sigue corriendo,

y los enamorados pierden el coraje

de poner en riesgo lo seguro.

 

 

HUÉRFANA

Anna Banasiak ©

 

Alguien algún día nació en el país que dejó de existir.

Ella sigue viviendo,

respirando, y tratando de olvidar lo que la dio a luz.

No es fácil ser una huérfana.

El sentido de la perdida debe ser tremendo

cuando se ve la agonía del mundo.

La mujer avanza en su flojedad,

con cada día parece más pequeña, casi invisible.

Su voz sigue produciendo el sonido que se puede escuchar.

Pronto toda su faceta desaparecerá sin quedar siquiera

una sombra que pueda cambiar lo que ya está hecho.

 

***

 

Los recuerdos de los antepasados,

todo lo que nos dejaron,

son las facetas de una idea visible en el tiempo de hoy.

Es la cuna de las palabras donde nacemos cada día.

Allí todo empieza y acaba.

Somos reflejos,

Las facetas en el espejo de la historia

que nosotros mismos creamos

en busca de los sueños.

 

***

 

En los tiempos pasados

los poetas eran malditos.

Crearon las estructuras tan peligrosas

que había que eliminar el riesgo.

La gente a veces

piensa, analiza y percibe la verdad.

En general, es la masa débil,

sin poder para influir a tiempo.

Pero en ese mundo todo es

posible, probable y disponible.

Incluso una masa,

un montón de insectos,

una vez en la eternidad,

llega al entendimiento con su subconciencia.

 

***

 

Cuando era una niña

me enseñaron que creyera en Díos

y ayudara a la gente.

Algunos años más tarde

me sentí traicionada.

Casi madura,

lo bastante como para ver el mundo

tal como es realmente.

Me tenía miedo.

Por primera vez sentí la necesidad

de destruir lo que me había creado.

 

***

 

Seguimos teniendo bastante tiempo

para que toques mi piel diciendo:

‘No digas nada’.

El tiempo puede correr

pero no para nosotros

quienes vivimos en zona sin mortalidad.

Estaremos aquí para siempre,

tan materiales, inmortales,

o mejor decir, deshumanizados,

como un gato que ahora está mirándome.

 

 

 

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES

Nº 87 – Septiembre de 2020 – Año XI

ISSN 2250-5385

Exp. RE-2019-93065686-APN-DNDA#MJ del 15/10/2019, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina. 


Propietario y director: Héctor Zabala

Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)

Ciudad de Buenos Aires, Argentina

zab_he@hotmail.com

http://hector-zabala.blogspot.com/

Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html

 

 

Colaboradores

 


Corrección general:

Noelia Natalia Barchuk Löwer

Resistencia (Chaco), Argentina

alfana79@hotmail.com

http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/

Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 78:

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2018/09/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

 

 

Ilustración de carátula y emblema:


Mónica Villarreal

Scottsdale (Arizona), Estados Unidos

Monterrey (Nuevo León), México

monvillarreal@hotmail.com

 @mon_villarreal

https://www.facebook.com/monvillarreal22

Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:

http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com.ar/2014/06/

 

El listado completo de colaboraciones al Suplemento de REALIDADES Y FICCIONES se encuentra a la derecha del blog bajo el acápite AUTORES.

 

REVISTA: http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/

 @RyFRevLiteraria

 

SUPLEMENTO: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

 @RyF_Supl_Letras

 

Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.

 

“Realidades y Ficciones”
Mónica Villarreal (2014)
acrílico y óleo sobre
papel-lienzo, 30 cm x 30 cm

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario